Fragmentos para H.

Vivir según la literatura, a partir de lo que (nos) enseña, fue el principio que rigió la vida de Barthes. Un texto polémico, por las circunstancias que rodearon su publicación, lo enuncia claramente.
El escritor francés Hervé Guibert.
El escritor francés Hervé Guibert.

Vivir según la literatura, a partir de lo que (nos) enseña, fue el principio que rigió la vida de Roland Barthes. Un texto polémico, por las circunstancias que rodearon su publicación, lo enuncia claramente. Como si se tratase de un suplemento a los Fragmentos de un discurso amoroso (1977), el escritor Hervé Guibert (1955–1991) hizo pública en 1986 la carta personal que Roland Barthes le había dirigido años antes. Varias interrogantes persisten aún hoy en torno a la relación ambigua, complicada, pero constante a pesar de todo, que unió al joven escritor de 22 años que era entonces Guibert y el reconocido intelectual que era Barthes. ¿Traición máxima? ¿Venganza póstuma? Se trata sin duda de un texto literario, algo que tal vez Guibert supo entrever. Las lecturas de esta carta pueden ser así múltiples y hasta contradictorias. Pero más allá de la anécdota, podemos leer la fidelidad de Barthes a esa exigencia que se impuso y que liga íntimamente la vida y la literatura.

***

La segunda carta es “mala”: busca hacer daño; le dice al otro que su cuerpo es indeseable (y es ese decirlo, no tanto la idea, lo que es hiriente). Un decir inútil (pues el mensaje se encuentra en su maldad) puesto que, con respecto al carácter repulsivo de mi propio cuerpo, ¿quién es más imaginativo que yo? Que alguien acepte tocarme me ha parecido siempre un milagro.

¿Realmente lo he deseado? ¿Tal vez he actuado como si lo deseara? Me irrita esa especie de mala fe con la que uno desea unaparte del otro: él deseaba algo de mi mente, de mi escritura, pero diciendo “¡Cuidado! Elijo los pedazos que me gustan, los que me convienen, los que puedo tocar”. Es como si yo deseara (algo que ocurre fuera del amor) el cuerpo de alguien, pero no su alma. Así, actuaba, jugaba (tal vez) a desearlo por apego a la imagen de un contrato* justo.

No estaba enamorado. Ninguna emoción (y sin embargo, ¡vaya contradicción! La capacidad de ser herido). Pues en sus ojos había algo de inenamorado: un rechazo de toda la vida.

Ningún deseo de “genitalidad”, sino el anhelo de una “sensualidad” compartida. Sensualidad: campo de la relación definido (limitado) por el hecho de que un cuerpo no me es prohibido. Distinguir: “no estar prohibido”/ “ser accesible”. Vivir según, con matices.

El sentido de la escena es el siguiente: al alejar su cuerpo del mío de manera aparatosa, al retirarse hacia el fondo de la pieza, al dejarla precipitadamente, me constituyó en saltante: iba a saltar sobre él y, por anticipado, se apartó. Una constitución tan fuerte, tan lograda que después de su partida me vi en el departamento, solo, coincidiendo con la imagende un cabrón que fracasó en su intento. (Como el Genet de Sartre se hace —es hecho— ladrón y maricón pues, por niño, recibe un día a sus espaldas la denominación de “Ladrón”.)

En absoluto quería “mi lengua sobre su piel”, sino solamente, o de otra manera, “mis labios sobre su mano”. ¿El matiz es literario (puesto que pertenece al lenguaje)? Pero vivo según la literatura, intento vivir según los matices que me enseña la literatura.

Un efecto de literatura se produce cuando la literatura (la lengua bien hecha) modifica algo en lo real. Remitido por estas palabras al asco de “mi lengua sobre su piel”, sería poco decir que renuncio a él: renuncio a mí mismo; voy a olvidar mi cuerpo.

Catarsis: un nuevo día se asoma en un paisaje un tanto desolado, imagen de un contrato reducido —pero en adelante seguro—. De parte mía hacia él, ya ninguna consistencia carnal; sustancialmente, veré su cuerpo más o menos como veo un cuerpo en la televisión. Y de parte suya hacia mí: aceptará de ahora en adelante, sin intentar criticarla, sin quejarse de ella o forzarla, esta “cortesía un poco hastiada” que es en sí un duelo: el duelo insistente, irreparable, del cuerpo del otro.

Hasta pronto (digo, en cuanto a mí).

10 de diciembre de 1977.

© Éditions du Seuil





* El contrato al que hace referencia es el de “un texto por una noche de amor” que se asemeja al que evoca en S/Z, con el epílogo de Sarrasine de Balzac, lo cual aumenta la ambigüedad de lo ocurrido.