El 'newspeaker'

 Caracteres.
El 'newspeaker'.

El epíteto (pronúnciese “niuspíquer”) viene, por supuesto, del sustantivo Newspeak (traducible como “nuevhabla”), idioma o más bien idiolecto que (según informa George Orwell en el “Apéndice” a su muy vigente novela 1984, escrita en 1948) “estaba diseñado no para extender sino para disminuir los límites del pensamiento”.

No se necesita haber leído a Orwell para ser newspeaker.

Los hay derivativos, sobre todo en la prensa autodenominada (claro ejemplo de Newspeak) progresista. La que reproduce sin reparos la falacia castrense de que Cuba está sometida por Estados Unidos a un bloqueo (es decir, a un sitio naval para impedir la circulación de bienes y personas entre la isla y el resto del planeta) cuando lo que les infligen arbitraria e ineficazmente los estadunidenses a los cubanos es un embargo (prohibición legal al comercio entre ambas partes). O la que da por cierta la patraña post-chavista de que Venezuela es víctima de una “guerra económica” (capitaneada, según arguyen, por el mismo Imperio que les compra el petróleo) y no de las recurrentes chambonadas del gobierno venezolano.

Pero los newspeakers no son exclusivos de la izquierda. También se hallan, y peores, en el lado del poder. Como el capo partidista que, pillado en sus muchas y obvias trapacerías electoreras, declara ser objeto de persecución política. O el secretario de Estado con cuentas de ahorros en dólares que afirma sin chistar que la devaluación del peso es buena para la economía. O el presidente enriquecido hasta el escándalo que se proclama enemigo de la corrupción.

Y qué tal el más rico de los newspeakers que, en oposición a los filantrópicos billonarios estadunidenses, descree de la filantropía en un país tan pobre como México.

Y los mañosos newspeakers de la sociedad civil o no tanto. El cacique sindical que no ha trabajado en su vida por defender los intereses de los trabajadores. Los manifestantes furibundos que esgrimen su derecho a boicotear (o sea, a excluirse) cuando lo que hacen es sabotear (excluir por la fuerza a los demás). Los intelectuales que, a sabiendas de que mienten, no se abstienen de propagar mentiras por conveniencia más que por convicción.

A este último gremio se adscribe Íker. En las páginas culturales promueve la mejor de las causas, que es la suya. O la de los suyos. Una novelita entre rosa y roja es magnífica porque la produjo su más reciente protegida. Un ensayo espeso y mal redactado resulta genial por ser obra de su maestro. Unos poemas insípidos y sordos se tornan prodigiosos porque los compuso su próximo editor.

Además, Íker el newspeaker escribe en contra de todas las instituciones gubernamentales, pero no rechaza las becas y los premios y los homenajes que le brinda el gobierno.

Cuando lo criticas (siempre en privado, por temor a sus represalias) los muchos defensores de Íker alegan que, a fin de cuentas, sus tergiversaciones no le hacen daño a nadie. Como si hubiera mayor crimen para un escritor que no llamar a las cosas por su nombre.

alvuribe@yahoo.com.mx