El bully

Caracteres
El bullying parece formar parte indisociable de la naturaleza humana que tiende a privilegiar la fuerza sobre otras cualidades o defectos resultantes de nuestra pertenencia al reino animal.
El bullying parece formar parte indisociable de la naturaleza humana que tiende a privilegiar la fuerza sobre otras cualidades o defectos resultantes de nuestra pertenencia al reino animal.

En la controversia clásica de si es primero el nombre que la cosa o la cosa que el nombre, el bullying favorece a quienes piensan lo segundo. Hubo bullies (“matones” en castellano de España, “cabrones abusivos” en español de México) mucho antes de que en el orbe hispánico se adoptaran, por una veleidad malinchista, el término anglosajón y sus derivados.

Bullies, de hecho, hubo siempre. El bullying parece formar parte indisociable de la naturaleza humana (particularmente aunque no solo la masculina) que tiende a privilegiar la fuerza (particularmente aunque no solo la física) sobre otras cualidades o defectos resultantes de nuestra pertenencia al reino animal.

El bully más cercano a tu propia experiencia es el temible Esculy (cuyo apellido británico era Schoollie cuando sus antepasados llegaron a México, pero pronto degeneró en Scully, porque los nativos pronunciaban “Eschoyie”, y luego en la forma presente, porque los nativos no podían con la ese inicial ni con la doble ele).

Desde la primaria, Esculy era todo un bully. A golpes les quitaba a sus condiscípulos más mansos las tortas que sus mamás les habían preparado para el recreo. A golpes les arrebataba a los más ricos el dinero que sus papás les habían dado para comprar el lunch. A golpes obligaba a los más estudiosos a hacerle la tarea.

Como no era tonto, en la secundaria aprendió los dos principios rectores del bullying: que, para intimidar al prójimo a seguir tu voluntad, la amenaza creíble puede ser tan eficaz como la violencia palpable; y que tus órdenes, peticiones o sugerencias son más amenazantes si las respalda una turba fiel a ti.

Rodeado de gente que lo obedecía a ciegas, Esculy fue el terror de la Prepa 6. Nadie pudo ni siquiera intentó probar que los grafitis, peleas, robos y violaciones perpetrados durante su paso por el plantel eran responsabilidad suya. Y cuando los padres de una adolescente vejada se atrevieron a acusarlo, él comprobó que la violencia selectiva supera a la vaga amenaza.

En la Facultad de Filosofía y Letras (donde sepa cómo se licenció en historia) sus dotes organizadoras lo convirtieron en líder estudiantil. Fue de los más aguerridos en la huelga del milenio que tanto tiempo hizo perder a los universitarios. Luego se afilió al partido entonces único de izquierda donde, sin renunciar a la violencia física, se especializó en violencia verbal. Sus imprecaciones (repetidas con deleite por la prensa) no dejan en paz al gobierno, pero se enderezan sobre todo contra la propia izquierda.

Tú nunca fuiste su amigo, aunque cuidas de no ser su enemigo. Siempre que van a coincidir te prometes no alegar de nada, ni del último fraude ni del último crimen de Estado. Pero la lengua es débil y te involucras y él te señala con dedo acusador y te embarra de insultos personales. Hasta que te das por vencido y le concedes alguna razón. No sea que la izquierda de la izquierda llegue por fin a la presidencia, y Esculy el bully a la secretaría de Cultura, y qué tal si te quita la beca.