El Reino (Des)Unido

Reportaje
El 23 de junio, después de un apretado referéndum, Gran Bretaña decidió separarse de la Unión Europea. ¿Qué viene ahora?
El 23 de junio, después de un apretado referéndum, Gran Bretaña decidió separarse de la Unión Europea. ¿Qué viene ahora? (Especial)

Berlín, Alemania

El 23 de junio, después de un apretado referéndum, Gran Bretaña decidió separarse de la Unión Europea. ¿Qué viene ahora? Por lo pronto, y como revelan estas páginas dedicadas a registrar las opiniones de la comunidad científica, artística y cultural de Alemania, Francia y Gran Bretaña, nada más que el desencanto y una conocida sensación de aislamiento.

El cinturón de la opresión finalmente reventó. Los ciudadanos británicos dieron con el dedo medio a la Unión Europea so pretexto de zafarse del yugo burocrático, acabar con los gastos estratosféricos ejercidos por los eurodiputados en sus viajes a Bruselas y detener las oleadas migratorias. Contra las mejores expectativas, el consenso generalizado advierte un error de cálculo, la peor jugada política del primer ministro David Cameron, quien llevó a cabo un referéndum confiado en que nada malo podría ocurrirle a la segunda economía más poderosa de Europa.

La tendencia mediática augura pérdidas de empleo, reducción de inversiones, y serios recortes presupuestales mermarán gravemente el desarrollo económico y cultural de la Gran Bretaña. En su posición como primera economía de Europa, Alemania ha dado vuelta a la página y se ha olvidado ya de la pregunta sobre qué tan conveniente es salir del seno de la comunidad europea. Para los ciudadanos alemanes, el siguiente paso es esperar a ver qué tanto la salida de la Gran Bretaña de la UE será una salida real.

Ira y miseria

En un evidente enfrentamiento generacional, los jóvenes británicos acusaron a los “viejos” de haberles arrebatado las mejores oportunidades de vida y de preocuparse más por seguir alimentando sus rancios aires de imperio. Las voces de intelectuales, académicos y artistas han resonado con fuerza.

El fotógrafo alemán Wolfgang Tilmans, quien trabaja en Berlín y Londres, diseñó una serie de carteles para su campaña anti referéndum, mediante la cual denunció: “Ningún hombre es una isla. Ningún país puede avanzar por sí solo. Esto es importante: si el Reino Unido abandona Europa, enviará un poderoso mensaje a los enemigos de los valores europeos, lo cual puede significar el final del proyecto de paz más grande en la historia de la humanidad. El objetivo es el desarrollo común. Este voto no es contra la burocracia, no contra las cosas que no funcionan bien y son deficientes; se trata de revitalizar nuestros valores fundamentales, de decir sí o no a la democracia, a los derechos humanos y a la solidaridad. Lo que se pierde, se pierde para siempre”.

El arquitecto árabe asentado en Londres, Karl Sharro, ofreció un bosquejo del futuro inmediato: “La frontera entre Libia y Rumania ahora se extenderá hasta el centro de Londres. La frontera entre Rumania y Libia incluirá además algunas líneas rectas de clásico estilo colonial británico que le darán un efecto retro”. Para Sharro, quien es también un reconocido articulista satírico, el brexit no es más que un cuento de antiguos odios étnicos. “La gente está harta de la opacidad de la política europea moderna. Todo esto no es más que el resultado de la incapacidad de los políticos para explicar a la gente sencilla las bondades de la UE. Tratar de entender la actitud de rechazo a este organismo internacional a través del prisma de las clases sociales es siempre muy engañoso. La mayoría de los comentaristas suele afirmar que el concepto de clase nunca ha tenido relevancia dentro de la política. ¡Cómo no! Muchas personas ni siquiera saben exactamente a qué clase social pertenecen”.

El ilustrador y caricaturista Axel Scheffler manifestó su repudio al brexit en una caricatura titulada “La mañana siguiente“: inmersos en un paisaje desolador, dentro de una pequeña canoa derruida llamada “Soberanía”, que ha quedado flotando sobre tierra firme, una guerrera medieval, con trinche en mano derecha y escudo en mano izquierda, entona los versos de una canción: “Bretaña gobierna, gobierna las reglas de las olas”. A su espalda, un león evidentemente consternado propone: “Todavía podemos ser algo así como Panamá“; al lado de éste, un unicornio sostiene tristemente la cadena de un enorme tapón de desagüe, un tapón azul con las estrellas amarillas de la UE el cual, se aprecia, ha sido retirado de un gigantesco hoyo por donde el agua se ha colado.

A la mañana siguiente del referéndum, algunos partidarios del brexit inundaron con mensajes las redes sociales. “Hoy hace un día hermoso”, escribió la actriz Elizabeth Hurley, “hasta los pájaros amanecieron cantando”. En un tono más reflexivo, JK Rowling profetizó: “Escocia se separará. El legado de Cameron termina aquí. Esto no tenía por qué haber sucedido. Adiós, Gran Bretaña”. Y cerró su mensaje de Twitter con la frase: “No recuerdo haber querido que ocurriera más magia que ahora”.

En una entrevista televisiva con la Deutsche Welle, el director alemán del Museo Victoria and Albert de Londres, Martin Roth, se declaró sorprendido. “Para mí es una derrota personal. A nivel nacional, nos tendremos que acostumbrar al hecho de no recibir más fondos europeos. Esta decisión ha golpeado muy duro a la ciencia británica. Esto es horrible”. A Roth le preocupan las consecuencias de esta decisión. “Sobre todo, las personas mayores que votaron en favor, debieron haber permitido a los jóvenes permanecer en la UE. En pocas palabras: ellos robaron el futuro de las nuevas generaciones”.

Un día después de la votación, se dio a conocer al ganador del prestigioso Premio de la Paz, que anualmente otorgan los libreros alemanes. Este año lo concedieron a la periodista y publicista Carolin Emcke, por su compromiso con la paz y el diálogo. En su mensaje, Emcke reconoció: “Por supuesto, hubiera deseado no haber recibido la noticia en un día tan triste como hoy. Tengo el privilegio de vivir en un país europeo; Gran Bretaña no merece esto. Ahora es el momento: Europa puede también defenderse de aquellos que con resentimiento minan su nacionalismo”.

En conversación para este suplemento, el violinista y compositor alemán Andreas Ilgenstein insistió en que, antes del referéndum, David Cameron debió escribir una carta a la UE en la que anunciara el deseo británico de salir del organismo. “Cameron anticipó desde hace tres años esta consulta y fue muy irresponsable de su parte no haber elaborado esa petición en su momento. Habría tenido la oportunidad de renegociar los acuerdos de mayor interés para Gran Bretaña. Salir de la UE ha sido la peor torpeza”.

Para el director de la escuela de música Robert Franz, la más importante en Halle después del Conservatorio, puede que no sea el fin del mundo, pero las repercusiones serán profundamente lastimosas. “En principio, los estudiantes británicos perderán la oportunidad de libre circulación por el continente; en el caso de los músicos, se reducirán sus posibilidades de realizar giras. Lo que encuentro lamentable es arrebatar a los estudiantes su legítimo derecho de participar en los programas de intercambio académico y de becas auspiciados por la UE”.

Los científicos prevén un debilitamiento del liderazgo británico en la ciencia europea. El biólogo del Imperial College, Stephen Curry, declaró al portal de medios neoyorkino BuzzFeed: “Entre mis colegas europeos hay la sensación de que Gran Bretaña se ha convertido en el lugar más inhóspito y frío. Vamos a perder a varios de nuestros talentos porque no veo cómo podremos mantener la libertad de movimiento”.

Al conocer los resultados del referéndum, el investigador suizo Helga Nowotny, ex presidente del Consejo Europeo de Investigación, dijo a la organización ScienceInsider —encargada de coordinar seis revistas científicas—: “Es un mal día para Europa, para la Gran Bretaña y para la ciencia europea. El financiamiento de la UE ha sido una parte sustancial para la investigación. Sin lugar a dudas, habrá una dramática caída del financiamiento y no creo factible la participación de organizaciones benéficas y tampoco la intervención del gobierno nacional. Los investigadores jóvenes quedarán fuera de la jugada”.

“No hay manera de sentirme de otro modo que no sea desanimado y decepcionado”, fueron las palabras de Simon Wessely, presidente del Royal College of Psychiatrists, a la revista Science. “Mientras sigo en la creencia de que las personas que votaron en favor de abandonar la UE lo hicieron sin tener en mente la importancia de la ciencia y la salud, me temo que las consecuencias para ambos rubros serán graves durante el próximo año, a menos que tomemos una acción fuerte y decisiva”.

Igual que los líderes científicos, varios artistas reaccionaron con dureza a la votación. El artista conceptual Ryan Gander augura la pronta salida del Reino Unido de artistas y creativos en busca de un entorno de “menos odio”. El fotógrafo y pintor berlinés Christian Rotmann (amigo cercano de Wim Wenders), más optimista, opinó para este suplemento que “el arte no conoce fronteras. Con un tremendo avance en artes y ciencias, Berlín y Londres conforman un importante eje de la derecha. Vamos a ver cuál es el futuro de los muchos polacos que viven en la Gran Bretaña, son casi un millón”.

Klaus Biesenbach, curador general del Museo de Arte Moderno de Nueva York, se mostró más contundente al tuitear: “El basurero del mundo Trump ha comenzado”.