Cinco almas en pena

La obra de teatro 'Bolito lo explica todo' expone el sinsentido y el hambre de riesgo del que se nutre la juventud mexicana
La obra escrita y dirigida por Sixto Castro Santillán se presenta los viernes en el Centro Cultural Helénico.
La obra escrita y dirigida por Sixto Castro Santillán se presenta los viernes en el Centro Cultural Helénico. (Adair R.)

El texto dramático de Sixto Castro Santillán aborda lo que nadie quiere ver: el abandono, la violencia, el abuso y el pavor que envuelven la existencia de un grupo de adolescentes rumbo a su destrucción.

Ganadora en 2014 del Concurso de Dramaturgia Gerardo Mancebo del Castillo, Bolito lo explica todo narra, en voz de un estudiante de secundaria, parte de la vida desgraciada de algunos de sus compañeros, al tiempo en que comparte varios episodios con estas víctimas de una sociedad defectuosa y de un núcleo familiar corrompido. El personaje que se dirige al espectador, apodado Bolito, cuenta lo que ocurre a los otros mientras se desarrolla la acción, en la que también interviene a ratos, como parte del grupo de amigos y compañeros.

Tres varones y dos chicas se reúnen en la calle para irse de pinta y celebrar el cumpleaños de Diego, quien a punta de golpes exige ser festejado en casa de Bolito. Nunca llegan, debido a un desencuentro detonado por la terrible verdad que encierra el motivo por el que apodaron al cumpleañero como "El Cagado". A partir de ese momento, los sucesos se precipitan, como si la vida de los personajes fuera una montaña que se desgaja.

Tona, Diego, Violeta y Paola son hijos de alguien a quien odian o temen, padre o madre que no han podido generar confianza ni comunicación; figuras de una débil autoridad que los chicos no respetan ni quieren, a excepción de Bolito, el único que dice poder comunicarse con su padre. Cautivos de su ímpetu creciente por experimentar sensaciones y por conseguir un trago de libertad, los jóvenes, frágiles e inocentes, tiernos por momentos e incontenibles en su ansiedad por satisfacer necesidades, se acercan peligrosamente a circunstancias que les abren inmensas trampas. Estos niños crecidos oscilan entre el asombro y el atrevimiento en un vaivén de emociones y descubrimientos. Habitan un entorno hostil que no les da tregua, donde las drogas, la policía, el sexo, el dinero y el pavor al maltrato urden una compleja trama.

Fiel al lenguaje actual de los jóvenes de educación media que disparan palabras soeces sin pausa en todo diálogo, la obra tiene una buena estructura dramática sostenida por medias frases que anuncian anhelos por desbordar y temores gigantes; exponen crudos sucesos como si se hablara de paisajes y encubren la fatalidad por momentos con humor, un frappé o un jocho.

Bolito lo explica todo es una obra que sacude al espectador por la exactitud con que expone el aterrador universo al que son lanzados los jóvenes por una sociedad y un sistema que no han llegado cabalmente a una edad madura. Bajo la dirección de su autor, que pondera la capacidad transgresora de sus personajes sin aniquilar su ingenuidad y alguna pizca de dulzura, cuenta con un montaje que avanza a ritmo veloz, en el que la energía de un joven elenco conformado por Gonzalo Guzmán, Marco Guagnelli, Óscar Serrano Cotán, Mireya González y Darling Lucas, sostiene la atrocidad que viven los personajes como algo cotidiano, acierto en vía de encontrar aún matices y tonos.

Un escenario cubierto por pasto sintético, sobre el que descansa una sencilla banca, conforma el dispositivo escénico de Natalia Sedano, espacio evocador de cierta paz, donde los jóvenes actores hacen transitar a sus personajes en un recorrido por zonas conocidas o recónditas, sin que haya forma de evitar el sobresalto.

Notas de acordeón, xilófono, guitarra y batería, generadas sobre la escena por los actores, así como fragmentos de "Just Like Starting Over" de John Lennon y alguna letra de Roberto Carlos, producen un ligero respiro en el espectador que tarda en digerir lo que dicen, hacen y declaran cinco personajes endurecidos antes de tiempo, que tras la narración de tres fatídicos desenlaces deambulan bajo su propio cabezudo como una grotesca caricatura de sí mismos, antes de la última broma que a manera de epílogo deja caer el narrador.