Hijas más viejas que su madre

Bichos y parientes
Yves Cortez
Yves Cortez (Especial)

Ciudad de México

Me he burlado de lo que dice Quevedo en la España defendida: que el español es anterior al latín. Sus argumentos son una extraña basura. Basura, porque están equivocados; extraña, porque un sujeto tan inteligente, erudito, superdotado para las letras y la esgrima conceptual no puede dejarse caer en esos rastreros chovinismos. Locura o mala fe. Quizá peor: lambisconería.

Pero, ¿y si tuviera razón? Resulta que Yves Cortez, que murió en 2009, escribió un libro: Le française ne vient pas du latin, del que me enteré por otro: No venimos del latín, de Carme Jiménez Huertas. Dos libros, un alegato: que las lenguas románicas no descienden del latín. Existían desde antes de la invasión hegemónica de Roma y el establecimiento de las autoridades eclesiásticas, que impusieron al latín urbi et orbi.

En lo que llegan mis libros, me ocupo de leer y revisar los blogues (vaya plural romanizado) de ambos autores (yvescortez.canalblog.com y carmejhuertas.blogspot.mx)  y el video que me trujo por estos lares (“No venimos del latín”, en YouTube).

Dimos por supuesto que las lenguas romances son hijas del latín. Sin dudas y aceptando explicaciones raras: ¿por qué una lengua declinada, como el latín, parió lenguas con artículos, como todas las romances; o por qué las lenguas que supuestamente derivan del latín no conservan la sintaxis o la gramática de la “lengua madre”?, se pregunta Cortez. ¿Cómo es que los adverbios, conjunciones y pronombres son muy semejantes entre las lenguas vulgares, pero inconsistentes con el latín? O peor: ¿por qué el campo semántico coincide en casi todas las lenguas, pero difiere del latín en casos muy importantes? Cortez muestra la consistencia de vocabulario entre el latín y las lenguas romances, cuando se trata de palabras literarias, técnicas y cultas. Pero en otros campos semánticos no hay parentesco. Por ejemplo, es “guerra”, en italiano, español, portugués, catalán; “guerre”, en francés (y war en inglés, que no es romance). ¿En latín? Bellum. O “tratado” (español y portugués), “tractat” en catalán, “tratat” en rumano, “trattato” en italiano; y hasta “treaty” en inglés, pero foedus en latín… Y la expansión del imperio romano fue de guerras y tratados. Algo no está bien en el cuento que nos contamos. Estos son casos específicos, que abundan, pero ni Cortez, ni Jiménez Huertas se quedan en curiosidades léxicas. Les importa la estructura profunda.

Hay un entusiasmo absurdo cuando se atisba una transformación de ese calado. Pero ¿va a resultar que Quevedo tenía razón?

AG