Travesía

Danza
La compañía mexicana Barro Rojo ha dedicado su último trabajo coreográfico a esa realidad de la que se habla, canta y escribe mucho, pero que se entiende muy poco.
La compañía mexicana Barro Rojo ha dedicado su último trabajo coreográfico a esa realidad de la que se habla, canta y escribe mucho, pero que se entiende muy poco. (Especial)

Ciudad de México

“Buscamos vidas en caminos de muerte” es el nombre de la XII Caravana de madres centroamericanas en busca de sus hijos desaparecidos, que inició el pasado 15 de noviembre.

El drama de migrar ha sido abordado desde diferentes perspectivas y desde la óptica de los diversos actores que transitan esa ruta (jóvenes, mujeres, niños, etc.). El cine, la música y la literatura han elaborado en torno a esta experiencia un discurso en el que, a través de diversas estéticas y lenguajes, nos asoman a los distintos escenarios que enfrentan quienes han tenido que migrar.

La danza ha retomado en varias ocasiones este tema, pero no pocas veces se reduce al hecho de cruzar la frontera; es decir, poco se aborda del complicado proceso que implica migrar.

La compañía mexicana Barro Rojo ha dedicado su último trabajo coreográfico a esa realidad de la que se habla, canta y escribe mucho, pero que se entiende muy poco. El nombre de la pieza: Travesía. Un trabajo interesante y profundo que revela, por medio de los recursos escénicos reforzados por el vestuario y la iluminación, la compleja situación en este viaje cada vez mas parecido al de Dante por los círculos del infierno. Vemos una sucesión de escenas que ilustran cada una de las adversidades en un país terriblemente violentado como México, en la que los bailarines ejecutan una mezcla de movimientos estéticos, orgánicos, pero también instintivos y salvajes, que imprimen a la pieza una serie de matices anímicos que se refuerzan por la variada selección musical.

Este trabajo también rescata el valor de la solidaridad de quienes comprenden la dificultad de migrar, y por momentos nos abraza con gestos mínimos, suaves, pero contundentes y significativos. Los bailarines que encarnan la figura de los y las migrantes llevan en su interpretación un potencial físico que nos aleja de una visión mendicante y, por el contrario, vemos en ellos al migrante que con todo en contra planta su paso.

La del 26 de noviembre fue una función de homenaje a las madres cuyos hijos han desaparecido en su paso por México. Esta vez, la danza fue más allá del uso de un tema. Muchas de esa madres vieron una coreografía primera vez, muchas de ellas sintieron también por vez primera el abrazo solidario del arte que reconoce su tenacidad. Empeñémonos en que una función de esta naturaleza no sea la última.