Nuestros patéticos apegos [Teatro]

Dirigida por Boris Schoemann, Bajo la mirada de las moscas expone la pulsión autodestructiva de un grupo de personajes que conviven a su pesar
La obra escrita por Michel Marc Bouchard se presenta de miércoles a domingo en el Teatro El Galeón.
La obra escrita por Michel Marc Bouchard se presenta de miércoles a domingo en el Teatro El Galeón.

Un espacio inmaculado en medio de la soledad y el frío parece preservar a una desmembrada familia de la podredumbre de su alma. Una madre mayor, abandonada por su marido, convive con su hijo, su sobrino —huérfano de madre— y dos empleadas que semejan enfermeras. Poseedores de una inmensa porqueriza y rodeados de moscas de tres especies distintas que acechan su existencia, los habitantes de esta casa son fuertemente vulnerados por la inesperada presencia de una hermosa joven que ignora su agonía permanente.

Michel Marc Bouchard, autor quebequense —de quien hemos visto en México obras como El juego de la oca, bajo la dirección de Emmanuel Márquez; Las musas huérfanas, con dirección de Mauricio Jiménez, así como Tom en el granero, El camino de los pasos peligrosos, Los endebles y actualmente Bajo la mirada de las moscas, éstas últimas con dirección de Boris Schoemann—, escribe odas dramáticas sobre la atrocidad humana.

Traducida por Pilar Sánchez Navarro, quien encuentra las palabras precisas para cada uno de los personajes —semejantes solo en su intenso sufrimiento—, Bajo la mirada de las moscas asciende en la ruta que el dramaturgo nacido en 1958 ha trazado en sus obras que enfrentan al espectador a la debilidad humana, poderoso motor que impulsa a sus personajes a intervenir en el destino de los demás para proveerse de poder, tranquilidad o bienes materiales que aquieten su insatisfacción perenne.

Schoemann, profundo conocedor de la obra de este autor, elige acertadamente un sólido elenco encabezado por la primera actriz Pilar Pellicer, quien celebra 55 años de carrera, además de Antón Araiza, Teté Espinoza, Constantino Morán, Miguel Romero, Pilar Boliver, Mercedes Olea y Stefanie Izquierdo, todos entregados a un trabajo de resultado impecable pocas veces alcanzado.

Sintiéndose observados por las 18 mil unidades individuales que componen los ojos de las moscas, capaces de detectar toda emisión de luz y de percibir su entorno a 360 grados, los integrantes de la familia poseedora de 14 mil puercos propician un fuerte vínculo con la muerte a través de la eutanasia, el dinero, la dominación y el abuso, la matanza de cerdos, la morfina y la dependencia. Mientras que dos personajes externos, el veterinario y su mujer, se relacionan con la muerte a través del suministro ilegal de sustancias nocivas y del espectáculo televisivo cotidiano, el tercer personaje, ajeno a este círculo, la joven  llamada Dócil, descubre dos caras del abismo: la culta y silenciosa, y la liviana y estridente.

En oposición a la metáfora creada por el autor que deposita en los insectos alados el poder de una sórdida conciencia, una estancia blanca con cortinas ligeras movidas por el viento como pared de fondo, donde los muebles del comedor son negros y los de la sala blancos sobre estructuras metálicas, contiene la pasión de los personajes desfallecidos en su búsqueda por cumplir su deseo: la madre el de tener cerca a su hijo al precio que se imponga, el de éste por liberarse de ella, de su primo y de un dolor que lo sujeta a la muerte cuando por fin descubre que hay vida —el anhelo del sobrino por no soltar el control absoluto y el de las servidoras domésticas por cumplir las reglas.

Con escenografía de Xóchitl González, iluminación de Víctor Zapatero, vestuario de Pilar Boliver, diseño sonoro de Joaquín López Chas y producción de Altagracia Fraustro, Bajo la mirada de las moscas es una puesta en escena reveladora cuyo humor redimensiona nuestros patéticos apegos.

Dedicado a desentrañar la transformación del ser humano en su proceso de supervivencia, avasallado por alargar una existencia devaluada, Michel Marc Bouchard ha encontrado en Schoemann y en los integrantes de este equipo artístico una propuesta consistente sobre nuestro afán autodestructivo, que aniquila lo que podría salvarnos.