Malcolm Lowry. Peregrino en el abismo mexicano

Cuatro narradores y críticos valoran el alcance de Bajo el volcán, la magnífica novela de Malcolm Lowry que acaba de cumplir 60 años de ser publicada 
Malcolm Lowry
Malcolm Lowry (Especial)

Como si estuviera hablando de su propia vida, Malcolm Lowry escribió al comienzo de su novela Bajo el volcán:“fue una de esas ocasiones en que el Cónsul había bebido hasta la sobriedad, le había hablado sobre el espíritu del abismo, sobre el dios de la tempestad, el ‘huracán’ que atestiguaba de manera tan sugerente sobre las relaciones entre una y otra orilla del Atlántico”. En esta frase se encuentran casi todas las obsesiones de vida y los temas con los que trabajó su literatura, desde sus primeros poemas hasta sus textos narrativos: el alcoholismo o la lucidez, América o Europa, la calma o la tempestad, la paz espiritual o el abismo.

Nacido en Liverpool el 28 de julio de 1909, este singular escritor murió el 26 de junio de 1957, y su novela más famosa —publicada hace 70 años— es considerada uno de los libros de culto que mejor ha descrito la vida del viajero que se incrusta, entiende y desaparece en el Nuevo Mundo. Como indica Juan García Ponce en el prólogo a las cartas que Lowry le dirigió a su editor inglés, Jonathan Cape, “lo que emerge al final es la propia figura de Lowry, el testimonio de la lucha gigantesca por realizarse a sí mismo como artista. Sin duda, Bajo el volcán es una de esas novelas estrictamente personales, que nos llevan a su creador de manera inevitable”. A propósito de los 60 años de la muerte del inglés, y el consecuente onomástico de la publicación de su libro, conversamos con cuatro narradores y críticos mexicanos, conocedores de la obra de Lowry: Hernán Lara Zavala, Susana Iglesias, Ernesto Lumbreras y J. M. Servín.

Las obsesiones del viajero

La de Malcolm Lowry fue una obra que se escribió conforme fue viviendo. A propósito de esto, el ensayista y narrador Hernán Lara Zavala comentó que “Malcolm Lowry vivió una vida trágica, una vida triste y a la vez intensa, dedicada a escribir una sola novela. Escribió muchas otras, pero toda la tragedia de su vida la convirtió en un solo arte que se llama Bajo el volcán”. En el mismo tono, el poeta Ernesto Lumbreras piensa que “Lowry es autor de una novela monumental, pero también escribió otros libros editados por su viuda y colaboradores pero en Bajo el volcán se condensan las temáticas personales y formales de un protagonista de la novela del siglo XX; es decir, ahí está su apuesta formal en el relato y la teoría de las vanguardias; la presencia de Joyce y Proust son legibles en esta novela. Por otra parte, es una biografía de correlato de una obra literaria y un ejemplo portentoso en que supo entramar sus obsesiones literarias”.

Susana Iglesias, autora de Señorita Vodka, sostiene que algunos de los temas que se hallan en los libros de Lowry son también las obsesiones de su existencia, como la muerte como “destino único y último. Pues ¿qué es el hombre? Un minúsculo espíritu que mantiene vivo a un cadáver. Ese perro muerto que acompaña el cadáver de un hombre en alguna barranca es una metáfora de la existencia. La destrucción de sí mismo fue otra obsesión. En el remolino de la muerte gira todo: ‘contra la muerte el hombre llora en vano’. Lowry afirma que amar es morir”. Para el narrador y periodista J. M. Servín los temas lowryanos se centran “en la ebriedad, la amistad, el deporte, la relación de pareja, la lucha del hombre contra sus demonios; en este caso, el alcohol”.

El prejuicio del escritor decadente

Hay una idea simplista que observa la obra del también autor de Oscuro como la tumba donde yace mi amigo:la de un escritor decadente, sin rigor literario. Otros opinan lo contrario: “el alcohol es tan solo uno de los múltiples espejos interiores de Lowry. ¿Qué es el arte? ¿Una explosión convulsa o una pared blanca? En algunos casos el uso del alcohol no es afortunado. ¿Cualquier borracho es capaz de escribir algo con el peso de Lowry? No, ahí están los borrachos sin obra o con un libro mediocre. No me extraña que alguien descalifique a un autor por creer que es resultado de la adicción a una sustancia. Lowry poseía algo extraordinario: dolor. Ese dolor le dio una novela de atmósfera inigualable”, dice Susana Iglesias. Mientras que para Servín, “Bajo el volcán es una de las grandes novelas del siglo XX. Pocas obras revelan el tormentoso universo de un alcohólico con la belleza poética que Lowry alcanzó en esta historia”. Lara Zavala dice que todo detona de la historia amorosa y trágica entre el Cónsul e Yvonne, que es a la vez la del mismo Lowry con su primera esposa, la actriz Jan Gabrial: “Cuando en 1933 va a España, con Conrad Aiken, conoce a Jan Gabrial, quien fue su amor, y con ella viene por primera vez a México. Van a Cuernavaca por una temporada en donde se desarrolla Bajo el volcán. El núcleo es el de un hombre que se siente, como si fuera el Faustode Marlowe, condenado al infierno; por ello relaciona a México con el infierno y el paraíso. Se enamora de una mujer y después de algunos meses ella finalmente lo abandona. Esa es la historia de Bajo el volcán, ese núcleo es el del hombre que está condenado porque su mujer lo ha abandonado pero después, en la transformación extraordinaria que hacen los artistas, esa mujer regresa, aunque él ya no puede hacer nada porque ya está en el infierno de su alcoholismo”.

Alcohol y redención

¿Será el misterio del alcohol lo que utilizó el autor inglés para aplacar la culpa por saberse vivo, para templar el fuego interno que lo llevaba a la destrucción? Para Hernán Lara Zavala, el alcohol se convirtió en el motor de lo mejor que otorgó Lowry: “la novela no tiene límites para su alcoholismo, pero a la vez es una novela mística, de una gran profundidad sobre cómo ve el mundo, pues lo juzga como parte de un arcano en el sentido de que todo tiene simbolismo. Él se identifica aquí con Cortés y con la Malinche, con el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, con Maximiliano y Carlota. Va transformando todo para intentar comprender el infierno, que también es el alcohol, donde finalmente sucumbe.

Susana Iglesias entiende el alcoholismo de Lowry no solo como una adicción, sino como parte de su proceso creativo, porque “la escritura no es placer, hay que ensuciarse, bajar al fango, pelear, destruirse. No existe mayor belleza que esa ruina llamada fuego interior. A Lowry no le sirvieron de nada los tratamientos con derivados sintéticos de la morfina y suministros de altas dosis de alcohol que le provocaban náuseas. Nada sirvió porque es imposible todo proceso que pretenda curarte de lo que eres”. Sin embargo, Lumbreras afirma que el alcoholismo de Lowry fue una etapa y un tema secundarios en su vida: “La dipsomanía existe, no puede obviarse, pero al lado de otras tentativas la literatura de Lowry alcanza un nivel anecdótico, no lo rebasa. La aventura como novelista convoca a otros dramas. Creo que es más sustantiva la manera en que Lowry hace patente y visible y sufrible el contexto ideológico de su tiempo, esa confusión, ese trauma de finales de la década de 1930, la Guerra Civil española, el ascenso del nazismo, la Segunda Guerra Mundial. Al final, Bajo el volcán es una caja de resonancias donde se siente esa perversión de la historia, esa encrucijada política, y la plasma de manera poderosa, al mismo tiempo que plasma la utopía de la República, la utopía del amor y, por otra parte, la degradación, la traición entre hermanos, la traición del Estado. Eso es el desamparo, la caída final, la barranca como tabla de salvación”.

En Cuernavaca

Egresado de la Universidad de Cambridge, Malcolm Lowry emprendió una vida de navegante, viajero y peregrino, como lo definió Juan García Ponce. Llegó a México en 1936 y se instaló en el Casino de La Selva en Cuernavaca, junto con su esposa Jan Gabrial, quien lo abandonó en 1938. En Los Angeles, en 1939, conoció a su segunda esposa, Margerie Bonner, quien no le pedirá que renuncie al alcohol. Entre versiones hechas cenizas en incendios y pérdidas de originales durante sus extenuantes borracheras, las cuatro versiones de Bajo el volcán fueron rechazadas por editores de América y Europa en más de diez ocasiones, hasta que finalmente fue publicada en Londres y en Nueva York en 1947. ¿Cuál es el legado de esta novela y de su autor para las letras universales? En opinión de J. M. Servín, la gran novela de Lowry “tiene un profundo sentido místico, religioso. El bebedor como un santo, como lo plantea Joseph Roth en La leyenda del santo bebedor. La angustia existencial del Cónsul, su profunda soledad y su búsqueda de dios son los anuncios de la caída de un hombre al infierno. Lowry hizo una demoledora inmersión al abismo de la soledad con un sutil sentido del humor. La imposibilidad de vencer a la vida como infierno, donde el amor no redime, solo hace más grande el vacío del alma”. Para Lara Zavala, Bajo el volcán tiene un principio joyceano. “En Inglaterra la consideraron una novela posmoderna, en el sentido de que iba va más allá de las vanguardias. Es una novela de culto, no una novela popular; la leen los iniciados, y tiene su lugar al lado de William Faulkner. Y todo, a la manera de James Joyce, ocurre en un día, el día en que Yvonne vuelve para reconciliarse con el Cónsul. Hay una escena extraordinaria donde él está en una cantina, totalmente borracho, vestido de esmoquin y sin calcetines, y de pronto ve a Yvonne. Cuando la ve, cree que es parte del delirium tremens”.

Para Iglesias, el legado de esta novela también recae en la figura de Margerie Bonner, tal vez injustamente olvidada: “Debemos en gran medida a Margerie Bonner el legado de Lowry, con todo ese cúmulo de luces y sombras que padecieron. Editora y cómplice, vivieron extremos. La culparon de sus recaídas porque bebía frente a él en uno de los múltiples intentos de Lowry por dejar el alcohol. Nadie protestó cuando corregía y mecanografiaba sus borradores o cuando le amarraba las agujetas. Culpar a otros para limpiar la reputación de un escritor muerto no es algo nuevo. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar la oscuridad del otro? Margerie bebía tanta ginebra como Lowry. Creo que ahí está el espejo de Lowry, en ella; tal vez por eso intentó ahorcarla. Sin Margerie Bonner, no existiría Bajo el volcán”.

Bienvenido a México

En la década de 1940 vuelve a México, pero la policía y las autoridades lo hacen abandonar el país para instalarse, con la fama de su libro publicado, en Inglaterra. ¿Qué fue México para este peregrino que hizo de las barrancas su hogar y su delirio? Hernán Lara Zavala afirma que “Bajo el volcán es la mejor novela mexicana escrita por un no mexicano. Malcolm Lowry se identificó con los problemas de México, porque hay también una especie de subtema político que tiene que ver con la Guerra Civil española y con los sinarquistas mexicanos. El Cónsul muere asesinado por un grupo de fascistas. Estamos hablando de la época de 1939 a 1945. Lo matan porque creen que es un espía. Y la novela termina en que lo lanzan a una barranca como si fuera un perro e Yvonne muere arrollada por un caballo en la tormenta. El aspecto político de la novela es importante porque es liberal y comprometida con la historia de México y del mundo. Es antifascista, antifranquista, antisinarquista”.

Ernesto Lumberas cree que Lowry llega a México con ciertas ideas ya establecidas: “Venía con cierta iniciación, había estado en el Nueva York de mediados de los años treinta, una especie de aparador de arte. Los museos, las galerías, exhibían propuestas del arte mexicano, tanto del arte popular como piezas de Rivera, Orozco. Así que llegó empapado, pues conocía también a simpatizantes de la Revolución mexicana, conocía las políticas que Lázaro Cárdenas había puesto en marcha”.

J. M. Servín piensa que Malcolm Lowry entendió muy bien el universo lúgubre y cruel de un país de creencias arraigadas en el pensamiento mágico. “La diferencia con el México de hoy es que el Cónsul hubiera sido secuestrado o desaparecido luego de abandonar bien borracho una de las cantinuchas que le gustaba frecuentar o en uno de sus largos paseos”. De la misma forma, Iglesias afirma que “solo él conoció el infierno interior que lo impulsó a escribir. Bajo el volcán nace con la imagen de un hombre muerto al lado de la carretera en uno de sus viajes. Eso lo marcó”.

Lowrysmoa la mexicana

Susana Iglesias asegura que la influencia de Lowry en la literatura mexicana no es muy visible, porque “beber mezcal, recorrer Oaxaca o Cuernavaca y pretender que escribes, aun si titularas a tu libro El Parián, no te convierte en escritor ni en Lowry. Ningún escritor mexicano posee una vida similar, ninguno tiene ni tendrá esa atmósfera o el ritmo desquiciado e infernal que pertenece solo a vidas terribles y extremas. Se confunde la influencia con burdas imitaciones. Se acercan por el mito, no estudian sus libros”. Servín piensa también que no hay influjo, puesto que “el arte y las letras mexicanas están llenos de funcionarios a los que solo les importa ganar premios, becas y producir obras anodinas que le llenen el ojo a curadores y agentes literarios”. Pero Lara Zavala intuye una comunicación entre Malcolm y Juan Rulfo: “al igual que Pedro Páramo, en Bajo el volcán hay una rememoración de lo que ocurrió un 2 de noviembre, pues los espíritus regresan. En el caso de Bajo el volcán no son fantasmas sino los personajes que vuelven. Hay un paralelismo que no quiere decir que uno haya influido en el otro. Titulé a mi ensayo “Tierra de fuego” porque Rulfo es la tierra, la piedra fundacional, y Lowry es el fuego, el fuego del alcohol. Además, en Pedro Páramo también hay amor: Pedro Páramo nunca pudo estar con Susana San Juan, así como el Cónsul no puede volver con Yvonne. No hay posibilidad para el amor”. Para Lumbreras, existe una influencia del autor británico en quienes leyeron la primera edición en español, traducida por Raúl Ortiz y Ortiz en 1964: “tardó 17 años en traducirse y cuando se sabe que Ortiz y Ortiz está traduciendo la novela de Lowry tiene primeros lectores como García Ponce y José Emilio Pacheco, que son lowryanos desde el primer día. Otro lector fue Salvador Elizondo, y a partir de ahí se convertirá en la novela sobre México de mayor calado y significación para muchos autores extranjeros, una suerte de guía espiritual para hacer el viaje a nuestro país”.