Bellas Artes azul y oro

Danza
La coreógrafa mexicana Gloria Contreras
La coreógrafa mexicana Gloria Contreras (Especial)

El pasado 25 de noviembre se cumplió el primer aniversario del fallecimiento de la coreógrafa mexicana Gloria Contreras, a quien se recordó con un tardío pero merecido homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

La función estuvo a cargo, por supuesto, del Taller Coreográfico de la UNAM, al que se sumó la participación especial de bailarines de la Compañía Nacional de Danza con un programa extenso, pero pertinente, para mostrar la riqueza creativa de Gloria Contreras: Concierto en re, Romeo y Julieta, Alaspara Malala y Huapango fueron las obras elegidas para la gala que además contó con la participación de la Orquesta Escuela Carlos Chávez y un ensamble de diversos coros de niños.

Quiero plasmar aquí la conmovedora selección de videos con testimonios creativos de la coreógrafa que consiguieron traerla por minutos de vuelta a la vida, al teatro que era su hábitat y a la danza que tanto le debe. Una profunda emoción cimbró el recinto y una cariñosa nostalgia removió la memoria de quienes la conocimos. Volvimos a escucharla hablar sobre la danza. “Usa tu intelecto y tu cuerpo”, decía. Escucharla reflexionar sobre el proceso de creación de una obra a partir de una relación íntima con la música y el espacio le convendría a más de un coreógrafo joven cuyas “experimentaciones” dejan mucho qué desear y atestiguan carencia de reflexión y de honesta investigación: “Hay que utilizar al hombre, la danza y el color; debe haber totalidad. No se puede hacer coreografía solo sabiendo bailar”. Son grandes lecciones que fue dosificando aun después de un año de su muerte.

Es cierto también que la obra de Contreras pertenece a una etapa vieja de la danza mexicana; pero si de verdad interesa, como mucho se ha exclamado, preservar su legado, podríamos comenzar con echar una mirada a los planteamientos certeros y llenos de sabiduría que llevan cada uno de sus trabajos coreográficos; ser también absolutamente críticos y desechar lo que sin duda no contribuye o ha quedado rebasado por diversos factores.

Finalmente, el Palacio de Bellas Artes se cimbró con un ¡Goya! orgulloso y auriazul, preludio de su célebre Huapango. El Palacio se despojó de la investidura solemne y se llenó de pumas.

Lo lograste, maestra, nos recordaste que vivir para la danza “no es cómodo, pero siempre vale la pena”.