Historia y futuro

Danza
Merce Cunningham
Merce Cunningham (Especial)

En la entrega pasada afirmé que el 2016 había sido un año difícil para la danza en México. Entre muchos factores, resalté el caso del polémico Premio de Creación Coreográfica Guillermo Arriaga, cuya reciente edición desató una ola crítica que dejó manifiesta una crisis tanto en los procesos creativos como en la vocación y preparación de los coreógrafos, en especial de los que se enfocan al estilo contemporáneo. Esta crisis nos confronta asimismo con un tema cuyo fondo también he disertado en este espacio: ¿qué es la danza contemporánea?, ¿qué elementos la definen y cuál es su historia y finalidad?

Son preguntas que, lejos de parecer ociosas, se deben plantear en el momento de crear una pieza coreográfica, pues en más de un caso el movimiento, el uso del espacio o el fin comunicativo dejaron de ser parte fundamental de las obras para dar paso a una pretensión aparentemente conceptual, que se queda en el papel del programa de mano, y que poco tiene de relación con lo que se mira en el escenario, y menos aún consigue transmitir a su interlocutor directo: el público.

Pensaba en este divorcio de factores y en la mentada crisis, cuando en una conversación salió a tema la música y los preceptos creativos del compositor John Cage y me resultó inevitable la conexión inmediata con el coreógrafo estadunidense Merce Cunningham, un verdadero pionero en la experimentación, pero sobre todo en la investigación de los recursos de los que se puede echar mano para enriquecer y potenciar una obra dancística.

Siempre recuerdo a la querida maestra Clarissa Falcón, una admiradora de la obra de Cunningham, que solía repetir: “Uy, eso lo hizo Merce en los años ochenta”, cuando asistía a evaluar los trabajos creativos de los estudiantes de danza contemporánea y de creación coreográfica, a quienes una falta de interés en la historia de la danza a menudo nos llevaba a pensar que descubríamos el hilo negro de la composición coreográfica.

Volví a la obra de Cunningham como pude hacer con Martha Graham, José Limón, Pina Bauch o Paul Tylor, no con un ánimo nostálgico sino desde un pensamiento crítico que recuerda de dónde venimos, quiénes han arado nuestra historia, los conceptos y herramientas que heredamos, para definir un horizonte más claro.