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Aquí sigo

Casta diva

Nahui tiene el nivel de una instagramer, su único “mérito” fue ser una burguesa exhibicionista
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La inmortalidad es un capricho, a veces impone pruebas portentosas que justifiquen la permanencia, exige que las obras contengan la fuerza de cien vidas, que la biografía esté saturada de leyendas que marquen la Historia; y en otras ocasiones pide poco, con apenas un gesto llega el golpe de la eternidad y levanta una estatua al cadáver. Impredecible, no admite imposiciones, desoye recomendaciones, se burla de los apologistas y los historiadores que a través de la invención forzada de un mito buscan construir el propio. La exposición de Nahui Olin, La mirada infinita, en el MUNAL, tal vez sirva para posicionar el precio de sus obras y sus fotografías desnuda, pero no sirve para erigir al mito. La descripción de “genio implícito” en su trabajo, la insistencia en que fue un ser excepcional se derrumba ante las obras. Se entretuvo con la poesía, pintura, música y todo con mediocridad y superficialidad, soportado con una belleza que ella misma y la exposición presentan como un factor capaz de transformarla en artista revolucionaria. Carente de un universo pictórico, sin un tema desarrollado, con un estilo determinado por sus limitaciones, la exposición muestra a una perpetua amateur que nunca maduró como artista y que no aprendió a pintar ni al lado del Dr. Atl. El pánico a envejecer que describe en sus poemas se refleja en su obra plástica, estancada y utilizada para decir que era “artista”. Es muy sincera al afirmar que su “cuerpo es una obra de arte”, porque es lo único que de verdad valora, el narcisismo encegueció su “mirada infinita”, impedida o negada para aceptar que su insulsa obra plástica era el verdadero espejo de su existencia. Tener ojos verdes y ganas de desnudarse no es suficiente para trascender, en ese momento ya había miles de hombres y mujeres posando, la diferencia la hacen los fotógrafos, no la modelo, Nahui tiene el nivel de una instagramer, su único “mérito” fue ser una burguesa exhibicionista. La tendencia políticamente correcta baja las exigencias de las mujeres para consagrarlas y no es justo, en la misma época estaban pintando Frida Kahlo y María Izquierdo que desarrollaron una obra comprometida en su estilo y discurso; la poesía de Villaurrutia o Gorostiza deja a los poemas de Nahui en el sitio que les corresponde, en berrinches egocéntricos. Rodeada de la intelectualidad, no fue poeta, ni pintora a la altura de su momento, buscó ser admirada, posar desnuda fue lo más que ofreció, aspirando a que eso determinara cómo se debería ver su obra. Los hobbies de “pintura de mujer rebelde” y de posar para sentirse hermosa, son el caparazón de una existencia que dice “aquí estoy” sin saber para qué.

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