Zygmunt Bauman

Ambos mundos
Zygmunt Bauman
Zygmunt Bauman (Especial)

Cuando un intelectual muere de 92 años, como fue el caso del filósofo polaco Zygmunt Bauman, es difícil sentir una tristeza profunda. Las vidas concluyen al cabo de un tiempo, no hay nada qué hacer, y llegar hasta los 90 y de repente morir es algo que solo hoy podría considerarse anómalo. Y a pesar de esto su muerte es un hecho triste, pues Bauman nos había acostumbrado a sus frases implacables sobre la modernidad, ese mundo que predijo de un modo visionario y que supo analizar y anticipar en sus escritos.

Su libro más conocido, el que todos deberíamos tener con subrayados en nuestras bibliotecas, es el famoso Vida líquida, de 2005. En él Bauman analiza el mundo de hoy, su velocidad y ligereza, bautizándolo con el nombre de “sociedad moderna líquida”, una sociedad cambiante en la que las ideas, los entusiasmos o paradigmas no permanecen ni son válidos lo suficiente como para representar una identidad, sino que mutan con rapidez, y por ello la misma sociedad se ha visto obligada a desarrollar una capacidad de adecuación a esos cambios, como el líquido que adopta la forma del recipiente en el cual es vertido.

El problema con la vida líquida, dice Bauman, es que nos tome desprevenidos y ya no seamos capaces de asimilar los nuevos patrones sociales con la rapidez con la que se nos presentan. Es el temor a ser obsoleto, a quedarse atrás. A no ver la fecha de caducidad de lo que somos. Como seguir de pie en el juego de las sillas. Entonces caerá sobre nosotros esa misma obsolescencia que la sociedad del consumo rápido le aplica a sus grandes novedades. El héroe es quien sabe saltar de un lado a otro con rapidez, sin oponerse a nada ni detenerse. Como dice Bauman: “Lo que se necesita ahora es correr con todas las fuerzas para mantenernos en el mismo lugar”.

Ser víctima es quedarse atrapado en un escalón, perder contacto con ese presente perpetuo y veloz, fluir hacia el pasado. Ese excluido es el nuevo proletario. Quedó atrás. Alguien soltó su mano, alguien lo apartó. La vida líquida es devoradora y la lealtad es motivo de vergüenza, pues ser leal es detenerse, esperar al rezagado. En política, en el arte o en la vida. Bauman muere pero nos deja su aterrador análisis, que cada vez es más certero, pues si 2016 fue el gran chatarrero de muchas ideas nobles —la superioridad moral de la verdad, por ejemplo—, 2017 se nos presenta como la pista en la que estos héroes sombríos harán trotar a sus potros.

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