Un cómico de la Nueva España

Teatro
Obra dirigida por Mauricio García Lozano
Obra dirigida por Mauricio García Lozano (Especial)

Divino Pastor Góngora, título de la obra que da nombre a su único personaje, tiene hoy el rostro de un actor conocido por interpretar villanos, narcotraficantes y ladrones: José Sefami, quien al fin toma libremente la oportunidad de ser, en escena, desde un alcalde a una fandanguera o un bello “ángel de alas mochas” hasta un hombre llamado Pitiflor y una maestra de arte dramático llamada Manuela de San Vicente. 

La obra de Jaime Chabaud, sobre un cómico de la Nueva España encarcelado en 1790 por incitar a los indios a la violencia mediante su actuación, conduce a su personaje, en la desesperación de su encierro, a compartir con otros presos de su celda parte de los sainetes representados en la corte y en los caminos, más episodios mezclados con fragmentos de su vida: recuerdos eróticos, lecciones de su oficio y momentos plenos de humor que le ayudan a refugiarse en la desesperanza.

Sefami se quita la costra que le han impuesto el cine y la televisión y deja aflorar los matices de un cómico de la legua, que hace gala de su arte para compartir su desdicha mediante la mezcla de tres sainetes, uno de Calderón de la Barca y dos de autores novohispanos, entre algunos versos de Lope de Vega. Con este material, Jaime Chabaud le dio a su texto una densidad  pícara y barroca que, sujeta al siglo XVIII, nos habla de nuestro tiempo.

El texto revela la persecución de la Inquisición, mientras la estructura dramatúrgica hace entrar a escena personajes de gran diversidad, tanto vivos como muertos, representados por el protagonista, quien además es interrumpido en su evocación por su maestra de arte dramático, que le receta de nueva cuenta las claves del oficio y lo reprende por sus errores.

Este monólogo estrenado en México hace más de quince años por el fallecido Carlos Cobos, quien le dio un toque poético por encima de los fragmentos pícaros y grotescamente humanos que el texto contiene, se estrena de nuevo, esta vez bajo la dirección de Mauricio García Lozano.

Da la impresión de que, dada la trayectoria del actor, el director lo dejó un tanto solo, con una carreta de madera y una gran libertad de movimiento sobre la amplitud del escenario, como si la mazmorra pudiera ensancharse hasta abarcar las butacas, lo que rompe la convención del encierro.

Por su parte, el actor crea en medio giro de cuerpo la voz, la figura y la férrea actitud de su profesora, Manuela de San Vicente. Sefami narra, representa al prepotente alcalde Chamorro, trae al presente a la bella niña seductora que lo hundió en el embeleso. Su personaje, sencillo y rústico, sabedor de verso y ritmo, exhibe con desenfado sus apetitos y sus burlas.     

Por su parte, Mario Marín del Río realiza un diseño de vestuario y de escenografía que evocan en el espectador aquellos polvosos y solitarios parajes recorridos por los cómicos que llevaban a cuestas su casa, sus pocos enseres domésticos y su pequeño escenario.  

García Lozano, creador de un muy buen número de puestas en escena, ha encontrado en muchas un desafío. Divino Pastor Góngora es gozoso tanto en su texto como en la propuesta actoral y el espectáculo, y sin embargo se extraña en la dirección el viejo ímpetu de buscar nuevas rutas más allá de las que muestra el horizonte.

Divino Pastor Góngora es una obra que, como lo demuestran sus más de quince montajes en Europa y América, tiene larga vida por su aliento de esperanza, por su humor, por ir contra los inquisidores de aquel entonces y de nuestro tiempo, por esa forma abrupta en que un ser humano se muestra en su pequeñez y en su grandeza, por un actor que crea a un personaje con nuevas facetas y por la manera en que el teatro nos salva, al permitirnos a ratos otro presente.