Abundancia del policiaco

A fuego lento
'México noir' Iván Farías (compilador)
'México noir' Iván Farías (compilador) (UANL/ Nitro/ Press México, 2016)

Las antologías literarias tienen por fuerza un carácter voluble. El lector puede encontrarse lo mismo con la fogosidad de quien no deja nunca de ser un primerizo que con la sapiencia o el conformismo largamente aprendido. Son, en el más optimista de los casos, una degustación de bocadillos.

Con esto en cuenta, es posible asomarse a México noir (UANL/ Nitro/Press / México, 2016, compilación de Iván Farías), que reúne a 27 narradores no necesariamente consagrados al género policiaco: nueve nacieron en la Ciudad de México, catorce en el norte del país, uno en Guerrero y otro más en Hidalgo, y dos en España. No debería sorprendernos el predominio de las dos primeras regiones: saben tanto de violencia criminal como de recursos para nombrarla.

No hay espacio para atender cada uno de los relatos pero sí en cambio para arriesgar unos cuantos juicios generales. Muy lejos está el noir mexicano de tener la espesura y al mismo tiempo la levedad de algunos representantes europeos, cercanos en intereses y en el tiempo: Jo Nesbo, Fred Vargas, Alexis Ragougneau. La distancia se establece sobre todo por la manera con la cual uno y otros se relacionan con el lenguaje. Si algo sobresale en la muestra de Iván Farías es el desprecio por la riqueza de las formas, por la multiplicidad de significados que puede sugerir una frase, por el ritmo airoso y único. No observamos un estilo sino ejercicios de redacción, nunca inesperados o sorprendentes, al servicio de una trama que parece más el resultado de la ocurrencia que del pensamiento. A veces uno no puede evitar la sensación de estar en el cuarto de guerra de una agencia de publicidad.

Otra flaqueza se evidencia justamente en las tramas. Como si no estuviéramos hartos de la nota roja y de los corridos que giran en círculos con un vocabulario de veinte palabras, el noir mexicano —insisto, no hago sino dar un juicio general— representado en esta muestra se empeña en reproducir la atmósfera imperante con la confianza de que el recurso de los diálogos con aroma local y unas bromillas dejadas por aquí y por allá bastarán para transformarla en literatura.

Ah, y las advertencias y la militancia del signo que sea. Uno también se siente de pronto en una plaza de notables llamados a un referéndum político o en mitad del sermón dominical.

Dice Iván Farías en un prólogo sobrio y sugerente que “una de las muletillas más arraigadas de la crítica” consiste en decir que el noir está en el más acá de la literatura. Su lamento lleva razón. Pero no dejará de serlo hasta que no tengamos al menos una obra a la altura, por ejemplo, de El ejército solitario de Fred Vargas.