Por amor a la aventura

A fuego lento
Portada de 'Corazonadas' de Benito Taibo.
Portada de 'Corazonadas' de Benito Taibo. (Especial)

Ciudad de México

Hay novelas concebidas para un lector adulto que, sin embargo, a mediados del siglo XX fueron etiquetadas como territorios juveniles: La isla del tesoro, Alicia en el país de las maravillas, El lobo estepario, Los tres mosqueteros… Nuestra actualidad ha dado al traste con cualquier malentendido: los libros escritos y destinados al público juvenil prosperan como las lluvias en verano.

A esa familia pertenece Corazonadas (Planeta, México, 2016). Con un propósito abiertamente juguetón, aunque no exento de malicia, Benito Taibo reúne a dos solitarios que terminan por compartir, e intercambiar, su mayor atributo. Después de la muerte accidental de sus padres, el púber Sebastián queda al cuidado de su tío Paco, un solterón que disfruta por igual de los placeres de la buena cocina y de la literatura. Se entiende que estamos ante una novela de carácter iniciático, hecha de enseñanzas prácticas y sabiduría, de pruebas y desafíos. Se entiende asimismo que Paco adopte el papel de mentor y Sebastián el del discípulo destinado a grandes cosas luego de transformar el ímpetu en experiencia. No hay mejor retribución: mientras uno recupera la vitalidad, el otro adquiere la savia que solo otorga el tiempo.

Todo pasa –—cómo podía ser de otra manera— por los libros. De esta manera encontramos: “Leer te hace ver más lejos, te hace ver a los ojos de los otros como iguales, sean del sexo que sean, la religión que sea, la condición social que tengan. Leer abre tu mente y no permite que se llene de polvosos prejuicios, de malas intenciones, de ideas preconcebidas. Pero lo lamento, no te hace ser mejor a menos que quieras ser mejor”. Todo pasa también por la alegría y la desazón del amor, por el sentimiento de pérdida y la conquista de la autonomía individual. Como el futuro héroe de las novelas de caballería, Sebastián hace frente a los dragones a quienes hay que vencer para obtener la gema o la llave de un cofre donde espera un legendario tesoro. Y en vez de espada y armadura lleva consigo la solidaria compañía de los libros.

Benito Taibo ha querido consagrar a esa estirpe literaria que puede alentar la curiosidad y la rebeldía de unos jóvenes que se sienten muy cómodos frente a la televisión y la pantalla de un teléfono celular. Tiene una cierta pulsión didáctica, a veces demasiado evidente, pero no por ello flaquea su propósito de mostrar el talante aventurero de la lectura. Porque de eso se trata: de sorprenderse y halagarse por el efecto que un poema, un relato, una novela, operan en nosotros cuando el mundo se presenta como una tierra sembrada de arenas movedizas. Corazonadas no aspira a ser eso que llamaríamos “gran literatura”. Debemos, por tanto, reconocer su valía en su ministerial modestia.