W. Sh. 400

Ensayo
400 años de la muerte de William Shakespeare
400 años de la muerte de William Shakespeare

¿Quién es William Shakespeare? Quién fue, y qué es ahora: ¿un hombre, una obra, una reputación? ¿Quién es W.H., el hermoso joven a quien el bardo de Stratford–upon–Avon le promete en su dedicatoria a los sonetos la eternidad? ¿Quién, la Dama Morena, o el poeta rival?

Los sonetos de Shakespeare, además de ser la serie de poemas más célebre de la lengua inglesa y haber sacudido los grilletes clásicos de la forma para volverla moderna, constituyen una intrincada red de enigmas que siguen desvelando a lectores y especialistas, en ocasiones de manera un tanto ociosa. Las especulaciones sobre quiénes fueron sus destinatarios y qué lugar ocupaban en la vida del autor llenan millares de páginas, y solo sobre la identidad del primero existen más de una docena de conjeturas, que incluyen la auto-dedicatoria.

Shakespeare se cuidó bien de que así fuera. La críptica dedicatoria de la serie establece deliberadamente el enigma. Resulta interesante, desde este lado de la historia, preguntarnos si habríamos de verlo a él desde la misma perspectiva, y si acaso le habría placido que así fuera.  William Shakespeare no es uno de esos personajes históricos que es fácil fijar en un estereotipo de sí mismo. No es nada más la distancia en el tiempo la que lo vuelve elusivo. A su contemporánea soberana, por ejemplo, la Reina Isabel I, para quien el bardo llegó a actuar, sí que la tenemos atrapada en su propia gota de ámbar como la Reina Virgen, por no hablar de Enrique VIII e incluso sus infortunadas esposas.

No es éste el caso de Shakespeare, como lo demuestran las discusiones académicas un tanto bizantinas sobre si acaso es cierto o no que no sabemos mucho de su vida. Ni siquiera sabemos cómo cuantificar lo que sabemos. ¿Nació de verdad el 23 de abril o un par de días antes, la fecha después adaptada convenientemente al día de San Jorge, y al de su muerte? ¿Eran su familia y círculo cercano católicos de clóset (en una época en que serlo implicaba serios riesgos)? Acusado de plagio, o de ser la pantalla para el verdadero dramaturgo, un aristócrata famoso que bien pudo ser el conde de Oxford o el de Derby, y con la sombra del turbulento Marlowe siempre colgando de su espalda, más que un personaje sobre el que podamos contar cuentos, Shakespeare es un aventurero (lo único que quizá sabemos de cierto) y camaleón que se funde en nuestra conciencia con sus miríadas de personajes, con sus sonetos y los persistentes fantasmas que hemos hecho de sus tres protagonistas, y con las expresiones acuñadas en muchas lenguas (en la inglesa y en otras, a través de la traducción) que han pasado a ser parte de nuestro bagaje cultural colectivo, aun para aquellos que no lo han leído. Como apunta atinadamente Don Paterson, Shakespeare es artífice del milagro de hacer que su ego se esfume sin dejar rastro. Ni siquiera sus personajes se quedan quietos, y a menudo en sus obras tergiversan su identidad.

¿Qué nos dice todo esto sobre el lugar de un autor en el mundo?

Este año se celebran los 400 años de la muerte de Shakespeare, y aún no se nos caen sus palabras de la boca. Pensemos, por ejemplo, en el proyecto Shakespeare Aloud de Bill Barclay, director musical del teatro Globe en Londres, una especie de manda que borda en la locura: leer en voz alta la obra íntegra del bardo, en orden y en público, no importa en qué lugar (un balneario, por ejemplo, incluyendo el descenso por un tobogán acuático, o la meditación sobre la muerte de Ricardo III ante el monumento a soldados caídos en combate en el Battery Park de Nueva York).

El Globe es parte de Shakespeare 400, el consorcio que se ha formado para marcar este aniversario celebrando de todas las formas imaginables al hijo favorito de Inglaterra. Está integrado por una multitud de organizaciones culturales y educativas (entre ellas la Royal Shakespeare Company, el National Theatre y la Royal Opera House) y es coordinado por el King’s College de Londres.Las celebraciones empezaron pronto en el año con festivales de fin de semana en el centro cultural Barbican y el mismo King’s College, y con espectáculos al aire libre de luz y sonido. Entre las innumerables actividades programadas por Shakespeare 400 se cuentan exposiciones por todo el país, a menudo acompañadas por conferencias, mesas redondas y encuentros que van desde las más sesudas exposiciones académicas hasta la exploración arqueológica de la zona de Shoreditch, donde se alzaban en tiempos de Shakespeare los teatros más exitosos. Hay exposiciones de documentos relacionados con su vida, algunos firmados por él (como si la fervorosa contemplación de esa firma pudiera darnos clarividencia para saber quién fue realmente el hombre tras ella), y el Primer Folio recién descubierto por azar en la biblioteca de Saint Omer, en Francia. Otras se concentran en la historia de los teatros centrales de la época isabelina, el Rose y el Globe. En la biblioteca del Castillo de Windsor los curiosos podrán ver material relativo al bardo coleccionado por la familia real, crónicas de representaciones en el castillo mismo y, cosa muy peculiar, “arte de miembros de la familia real inspirado por las obras de Shakespeare”. Ese será quizá uno de los grandes descubrimientos de este año pródigo, pues que yo sepa la familia real no se distingue particularmente por sus aportaciones al mundo del arte.

Si las exposiciones son el elemento estático, por así decirlo, del aniversario, su contraparte es el peregrinaje The Complete Walk, desde el puente de Westminster hasta el puente de la Torre y organizado también por el Globe. El trayecto se propone honrar a esta especie de santo secular con un recorrido por la ribera sur de Londres transfigurada por su compañía, mediante la proyección de 37 cortos de diez minutos filmados especialmente para su cumpleaños durante el fin de semana del 23 al 24 de abril. Cada película se concentra en un aspecto de cada una de sus obras de teatro conocidas, en el espacio en que el dramaturgo la imaginó (Cleopatra en Egipto, Shylock en el gueto judío de Venecia). De las celebraciones planeadas ésta es una de las que encuentro más atinadas, pues refleja algo que Shakespeare definitivamente es en la vida de este país: un compañero, y las andanzas con él comienzan temprano. A cuatro siglos de distancia, por ejemplo, Shakespeare sigue irrumpiendo incansablemente en la imaginación de los niños que representan sus obras en las escuelas, y el torrente de alusiones, imágenes y arquetipos salidos de su pluma forma parte del inconsciente del andamiaje cultural, quizá el signo más elocuente del arraigo de la obra de un artista en un pueblo.

Por supuesto, buena parte de las celebraciones se concentrarán en la ciudad natal de Shakespeare, Stratford–upon–Avon, y sede de la Royal Shakespeare Company. La exposición Well Said! (¡Bien dicho!) es un imaginativo “festín visual” de las citas favoritas de Shakespeare interpretadas por varios artistas, y el Royal Shakespeare Theatre estará activo con producciones internacionales todo el año. Será interesante ver aquello; durante cualquier festival en Stratford–upon–Avon es fácil caer en el delirio colectivo de una ciudad entera que, si bien pequeña, habla solo de un autor muerto hace siglos (y esto incluye a los turistas, la mayoría de los cuales probablemente nunca lo han leído, ni lo leerán), y los chismes que corren de acera a acera, de teatro a teatro y de restaurante a restaurante sobre las gracias o desgracias de cada producción, o los amoríos entre directores, técnicos y el reparto son dignos de las comedias de enredos del bardo.

No faltarán ejemplos de la tendencia de volver a Shakespeare lo más ultramoderno posible, como si algunos directores contemporáneos temieran que no lo entendamos si los personajes no aparecen con teléfono celular. Si no me creen, vean el Hamlet de la Royal Shakespeare Company dirigido por Simon Godwin. Y aunque estas adaptaciones recorren toda la gama desde lo genial hasta lo desafortunado, es imposible no contagiarse de la eléctrica vitalidad de estas obras que nos siguen exigiendo el diálogo, la búsqueda de sentido, y la transformación.

La Biblioteca Británica, a su vez, vuelve accesibles las celebraciones con textos críticos publicados en su serie digital Discovering Literature, y su exposición Shakespeare en 10 actos se inaugura el 15 de abril. Ésta gira en torno a las formas en que las obras de Shakespeare se han transformado a lo largo de cuatro siglos. Si Shakespeare, como hemos dicho, es el maestro de la identidad maleable, cualidad que se extiende a sus personajes, es tentador asomarnos al proceso centenario de reinvención durante el cual sus obras e incontables generaciones se han moldeado entre sí. ¿Existe en el mundo un diálogo más vivo y longevo entre autor y público que éste?

Shakespeare en 10 actos va de la mano con una serie de charlas y una antología de doce autores contemporáneos conmemorando tanto a Shakespeare como a Cervantes, quien muere en 1616, un día antes que el dramaturgo inglés. En coordinación con And Other Stories y el Festival Hay, este proyecto reúne a seis autores de habla inglesa con un relato inspirado en Cervantes y su obra, y seis autores hispanohablantes inspirados en Shakespeare, entre ellos Ben Okri, Yuri Herrera y Vicente Molina Foix, con una introducción de Salman Rushdie. Además, la Biblioteca Británica intenta rescatar la inmediatez con que las palabras de Shakespeare debieron haber llegado al público en su época mediante el programa Passion in Practice (La pasión en práctica), concebido por el autor y actor Ben Crystal. A los talleres en que Crystal busca la simplicidad para concentrarse en el sentido del verso, siguiendo lo más cerca posible la práctica escénica original, se sumará un Karaoke Shakespeare, una presentación de LionHeart, poeta y lo que ahora llaman “artista de la palabra hablada” provocador y vivaz, conciertos, y un concurso de videos caseros del público declamando uno de los famosos sonetos.

El siglo XX llevó las obras de Shakespeare a una nueva dimensión: el cine, con el que probablemente han alcanzado desde entonces a una mayor proporción del muy diverso público para el que escribió en sus tiempos que las representaciones teatrales mismas, que a través del tiempo han sufrido el inevitable desplazamiento hacia la jaula de la alta cultura (aunque escapan constantemente, con indomable vitalidad). Así, el National Film Theatre se une a las celebraciones mostrándonos cómo el cine ha interpretado a través de su relativamente breve historia a personajes imperecederos. Shakespeare en el cine cruzará las fronteras del Reino Unido llevando a 110 países el programa más completo hasta la fecha de películas de las obras shakespaereanas, incluyendo por supuesto los referentes ya clásicos de Laurence Olivier, Orson Welles, Roman Polanski, Akira Kurosawa y Kenneth Branagh, y proyecciones de las primeras adaptaciones de Shakespeare al cine mudo con música en vivo interpretada por los Músicos del Globe de Shakespeare.

Otro Hamlet que se espera con avidez es el dirigido por Dominic Dromgoole yBill Buckhurst que está dando la vuelta al mundo en la gira Hamlet Globe to Globe. El Globe ha lanzado además el programa 1616, a Momentous Year (1616, Un año memorable), que parte de la ironía de que en ese año Shakespeare no haya sido honrado a su muerte con una procesión, poema o epitafio, cuando 400 años después el mundo entero lo estará celebrando con una efervescencia excepcional. Esta serie de eventos conmemorará también a otros autores y acontecimientos relevantes para la historia del teatro mundial. Otros proyectos harán eco al espíritu no pocas veces lúdico del bardo, como Read Not Dead (Leído, no muerto), en que algunos actores recibirán un domingo por la mañana el libreto de alguna de las obras de Shakespeare menos conocidas para leerlo ese mismo día por la tarde en diversos foros de Londres, invitando así al público a un redescubrimiento conjunto de la obra. Habrá además producciones comunitarias e infinidad de eventos educativos.

También ha creado gran expectativa el Enrique V a cargo de la compañía Antic Disposition, ganadora del Premio Peter Brook, y que se ha vuelto famosa por sus espectaculares producciones en espacios al aire libre, iglesias y otros sitios no asociados tradicionalmente con el teatro, mientras que los esfuerzos por reinventar a Shakespeare tocarán el límite en el Sueño de una noche de verano de The Reversed Shakespeare Company, en el que cada personajeaparece con el sexo opuesto al que le conocemos.

En el 2016 habrá un Hamlet en marionetas; desfiles para niños con temas shakespeareanos; ópera, con el Sueño de una noche de verano de Britten en el festival de Glyndebourne en el verano, y el Macbeth de Verdi producido por la Welsh National Opera; lecturas con la pronunciación original y un recorrido en barco por el Támesis para descubrir el Londres de Shakespeare.

En cuanto a publicaciones, la Hogarth Press ha lanzado el proyecto Hogarth Shakespeare, que será publicado en veinte países, con obras de Shakespeare reinterpretadas por autores como Howard Jacobson, Jeanette Winterson, Tracy Chevalier y Margaret Atwood. En febrero, para celebrar el día de San Valentín, la editorial Bloomsbury publicó una serie de poemas inspirados en los sonetos del bardo: Andrew Motion, Carol Ann Duffy, Simon Armitage y otros poetas dialogan con ellos, con mayor o menor éxito. A su vez, la Biblioteca Bodleiana de Oxford imprimirá exquisitos ejemplares de cada soneto, ya sea en inglés o en traducción, pues se trata de un proyecto internacional.

Éste es solo un resumen, por necesidad incompleto, de un concierto de voces, imágenes y reinvenciones, desde lo más solemne hasta lo más lúdico, que en 2016 celebran 400 años de la muerte de un hombre de quien sabemos muy poco. Que el gran desconocido que sigue siendo William Shakespeare esté aún con nosotros merced a un torrente incontenible de palabra viva, y una multitud de igualmente vivos personajes, es quizá el máximo tributo que la imaginación humana puede rendirse a sí misma.