Los retratos del Whitney

Guía visual 
Guía visual 674

En la polémica sede definitiva del Whitney Museum, construida en Nueva York por Renzo Piano, el arquitecto italiano especializado en museos, esta cronista pudo ver a fines de abril Human Interest: Portraits from the Whitney’s Collection, muestra de 200 retratos de una de las colecciones centrales del Whitney. Se sabe que Gertrude Vanderbilt Whitney, la fundadora, tuvo un amor especial por las obras figurativas, y es la primera vez que el público, debido a las dimensiones del nuevo edificio levantado cerca del Hudson, tiene acceso no solo a retratos como el que hiciera Rachel Harrison (1966) a Amy Winehouse, sino a autorretratos formidables de Francesca Woodman (1958-1981) o a una inquietante imagen, pintada por Alice Neel (1900-1984), de Andy Warhol vulnerado, con cicatrices y un corsé, por el atentado de una escritora esquizofrénica en 1968: Valerie Jean Solanas (1936-1988), feminista radical y autora del Manifiesto SCUM (escoria, en inglés). Presuntamente, Solanas decidió asesinar al líder artístico de Manhattan por ignorar una obra teatral que le propuso para The Factory.

“El nuevo Whitney es un lienzo en blanco para los artistas, es un museo para artistas, para colgar sus obras y para que creen con y en él”, se dijo después de la inauguración en mayo de 2015. Y es verdad. A diferencia de esos museos en donde el arquitecto solo piensa en su celebridad futura, este lugar ha dado un renovado carácter a la que fuera la zona de los empacadores de carne en Manhattan, hoy tan gentrificada. Dicen que el verdadero Nueva York murió en los años noventa del siglo pasado, y puede ser verdad. El espectáculo en el Whitney, en esta época en que todo se anuncia como tal, incluso en el más modesto perfil de Facebook, comienza con los enormes elevadores-obras de arte de Arschwager (1923-2013) y se continúa en cada sala de extensos muros.

Human Interest… puede verse a lo largo de varios kilómetros en dos pisos distintos y cuenta también con dos esculturas, Black Star y Wooden Star de Frank Stella (1936); además de White Snow de Paul McCarthy (1945) ubicadas en las terrazas. Entre otros artistas figuran Alexander Calder, Nkideka Akunyili Crosby, Rosalyn Drexer, Duane Hanson, Marsden Hartley, Edward Hooper, Barkley L. Hendricks, Huey P. Newton, Urs Fischer, Rudolf Stingel, Julian Schnabel, Joan Semmel, Henry Tyler (con un retrato del líder de los Panteras Negras), Huey Newton y muchos más. La impresión al finalizar la visita es la de haber asistido al espectáculo de la condición humana profundamente estudiada por artistas a los que importa mucho mostrar el corazón. Algunos retratos de artistas nacidos en los años setenta del siglo pasado se quedan en la denuncia casi periodística de los afroamericanos, pero son lo menos y no son malos aunque quizá pierdan vigencia demasiado pronto. Por lo pronto, el retrato de Andy Warhol es el que queda impreso en mis sentidos. No conocía a ese individuo semidesnudo que, sentado en un banco, muestra su blanquecina humanidad después de una vida en la que ejerció el arte de vivir y cambió literalmente a Nueva York, la ciudad que hace mucho dejó de ser la capital más importante del arte.