El noir subjetivo

Reseña
Huesos de San Lorenzo de Vicente Alfonso
Huesos de San Lorenzo de Vicente Alfonso

Nadie puede ya negar el papel central que la novela negra juega en la literatura mexicana. Más allá de las obras clásicas de María Elvira Bermúdez o Rafael Bernal o del trabajo precursor de Federico Campbell y Élmer Mendoza, la narrativa de corte policial y detectivesco ha emergido en la época contemporánea como una estrategia recurrente de representación de un presente definido por la violencia, la corrupción, el narcotráfico y la crisis del Estado de derecho. No debe sorprendernos que un grupo de narradores de creciente importancia hayan adquirido visibilidad a partir de su trabajo en el género. Martín Solares, Iris García Cuevas y Omar Nieto proveen tan solo tres de los muchos ejemplos que podrían darse.

Conocedor como pocos de la tradición policial mexicana, Vicente Alfonso lanza Huesos de San Lorenzo, su segunda incursión en el género de la novela negra. La primera, Partitura para una mujer muerta (Random House, 2008), fue ganadora del Premio Nacional de Novela Policiaca, y mostraba ya considerable maestría en el uso de recursos como el suspense, el antihéroe y la construcción de atmósferas. En Partitura…, Alfonso ejerce una virtuosa interpretación de las convenciones del género, a través de una arquitectura cuidadosamente construida a través de la tensión entre tropos musicales, periodísticos y eróticos. Huesos de San Lorenzo muestra una progresión importante en la estética de su autor. Se trata de una novela formal y conceptualmente más sofisticada que su predecesora, entretejiendo la trama a través de un complejo misterio simultáneamente policial y psicológico. Resistiré la tentación de decir mucho de la anécdota para no arruinar la lectura. Me limitaré a observar que su misterio no es criminal sino subjetivo, desplazando el suspense de la trama —elemento nuclear de toda novela policial— a la escritura. El detective-psicólogo encargado de indagar la inocencia o culpabilidad de un paciente en una compleja trama criminal que incluye a un hermano gemelo, una guerrilla, una trama política y una extraña historia familiar guía al lector a través de un juego de incertidumbres y espejos, que convierten a Huesos de San Lorenzo en una lectura que nunca pierde fuerza ni tensión y que, como es de esperarse en un libro del género, mantiene de principio a fin la atmósfera de fascinación y expectativa.

Esta novela consolida a Alfonso como el heredero de su maestro Federico Campbell, y no sorprende al lector de Huesos de San Lorenzo que sea el proyecto que siguió a la edición póstuma que hizo el autor de Pretexta, la obra maestra del escritor tijuanense. Se siente en Huesos de San Lorenzo una influencia del trabajo formal de Campbell, en su integración de prosa policial y burocrática a la narrativa y en la construcción de una novela a través de fragmentos sueltos a los que subyace una trama compleja pero nunca visible en su totalidad para el lector. Pero no es Huesos de San Lorenzo un libro epigonal. Más bien, parte del legado de Campbell para replantear el trabajo literario del policial mexicano, que generalmente se adscribe a modelos más clásicos (las tramas de estricta hechura de Iris García Cuevas es un ejemplo). Alfonso, en cambio, escribe un policial de incertidumbre, incapaz de creer en el cierre subjetivo e ideológico presente en la geométrica tradición moderna fundada por Edgar Allan Poe y Arthur Conan Doyle. Su genealogía parte más bien de las novelas policiales de Mark Twain, sobre las que ha escrito y que curiosamente también desarrollan el tropo de los gemelos y el tono periodístico.

El último punto a destacar es el hecho de que Huesos de San Lorenzo constituye una apuesta al policial como figuración del México contemporáneo. En su trama se asoma un concepto del poder político que opera siempre desde las sombras y no desde el Estado moderno. Los personajes habitan una vida subterránea que corrompe a la sociedad y contradice los mitos liberales de la sociedad civil, una vida que nunca puede observarse o dilucidarse del todo, invisible y visible a la vez. Alfonso completa la fórmula con una serie de elementos históricos que lleva a sus personajes a confrontar un pasado que existe de manera espectral y amenazante, pero nunca del todo concreta, en los acontecimientos del presente. Es, en pocas palabras, una gran novela policial que entrega no al héroe de la modernidad que fue el detective clásico, sino el fracaso constante que corresponde a una época de miedo, de incertidumbre y de crisis.