La invención de un diario

Fragmento
El más reciente libro de la poeta y ensayista
El más reciente libro de la poeta y ensayista (Almadía )

Ofrecemos un adelanto del más reciente libro (Almadía) de la ensayista y poeta que se compone de las anotaciones hechas durante 2013. Más que la descripción de itinerarios y deberes que impone la vida cotidiana, se imponen los estados mentales a los que llevan los más diversos disparadores 

Time out of mind meaning mad, or time
out of mind meaning simply forgotten

David Markson

Wittgenstein’s Mistress

En homenaje 

2013

Enero

Martes, 1 de enero

Si no empiezo con lo de ayer, no resuelvo el tema del tiempo subjetivo. Solo así puedo imaginar que hay otro. Además, el año viejo sucedió por fin hoy. 

A veces la imagino a Ella bailando; la veo con la música atorada, buscando un ritmo que la saque de quicio. Ella siempre se vislumbra en una circunstancia perfecta. Me dice que es fundamental hallarle un estilo a este año; por ejemplo, la ironía del transcurso, para que esto no se parezca a la horma de una persona melancólica que calca los sobresaltos de su conciencia, palabra pálida que de veras me inquieta en este día largo. 

Miércoles, 2 de enero

Hoy leí tres poemas de Olvido García Valdés y me di cuenta de que ya he perdido la costumbre de leer poemas esenciales, esos que no se voltean a ver con una mirada socarrona. Al contrario: están en lo que están sin periferia. Tendré que repensar el asunto de la quietud naturalista en los poemas que ponen en riesgo la sintaxis para que la superficie dé un brinco hacia dentro. 

Si el atavismo no se puede superar, voy a entregarme sumisamente a su teatro. 

Jueves, 3 de enero

El globo rojo y desinflado en las ramas del árbol muerto no será simbólico. Ni podrá interpretarse posteriormente. Hay globos que irrumpen del otro lado del vidrio en el cielo blanco y que una señora intenta desatar con su escoba. Es la señora que mató al árbol para negarnos su vista: lo cual abona mi teoría acerca de la mezquindad de las personas resignadas. 

Ya empecé. 

El corazón se está construyendo otra alternativa y otro callejón sin salida. 

Concebiré un laberinto suspendido para postergar cualquier desenlace. 

Viernes, 4 de enero

Es raro que un sueño mío venga con mensaje, pero el de anoche sí lo tuvo: que no haga preguntas, pues al cabo, por tanto insistir, alguien me dirá la verdad.

Ya no me procura Ella. Y la cuestión de un estilo persiste: ¿será real o apenas un dilema de las palabras cuando se incomodan? 

Lunes, 7 de enero

La novela de Saul Bellow lleva cien páginas intentando concluir; o tal vez ha sido así desde el principio: una novela sobre la duración del final. La parte más prometedora de la trama es el título, More Die of Heartbreak. El libro cuenta la historia de la decepción amorosa a la que conducen los detalles implacables. Yo ya dejé de observarlos o, si no puedo, los he convertido en mínimas utopías. 

Voy a fijarme en mi respiración. Y en el calendario de mis alucinaciones.

Martes, 8 de enero

Prohibido mencionar a mi gato de diecisiete años que acaba de treparse por una enredadera hacia el techo donde pasa horas durmiendo y mirando pájaros de reojo.

La cucaracha en la alberca flota patas arriba y persiste más allá de la anécdota que la contiene, como si fuera la cucaracha primordial que nos toca a cada uno; sé que mi cucaracha es igual a la suya por amor. 

Tampoco se debe hablar del conejo blanco en el pasillo o en la mesa con el mantel blanco donde se esfuma. Pondré la imagen más adelante. Se lo vio por última vez en septiembre del año pasado. 

Sospecho que esa pareja se dedica a la salvación del arte, y eso no es fácil. Yo aún no he salvado nada. 

En un poema de Olvido García se encajan varios mirlos y sostienen el espacio incómodo de una moraleja; no son mirlos inocentes. Destruyen una higuera a picotazos. No son los de Wallace Stevens, sino mirlos castellanos como las arvejas; palabras secas en la boca y, de tanto rodar, guijarros. Eso fue lo que oí en el árbol muerto con el globo rojo. 

Miércoles, 9 de enero

Una vez más, no sé cómo tener experiencias; si me coloco en el famoso espacio de la vida —ese lugar que está vagamente afuera— no me ocurre nada salvo la conciencia aguda de estar esperando. Ponerme en riesgo no es una opción. 

Ayer fue la cucaracha flotando en la alberca; hoy es el encierro. 

Jueves, 10 de enero

Ya se forman bandos. No quiero unirme a ninguno. 

Esta semana ha sido un preámbulo. La siguiente deberá ser más sustancial. 

En el terruño del principio había un hueco por donde se asomaba el papá. Tenía la cara roja; les decía a los niños acurrucados en el hueco que en la noche les quitaría la tierra de encima. Pero ya era de noche para los niños en el hueco. El papá prometió regresar alrededor de las ocho.

Viernes, 11 de enero

Me estuve confesando: la primera alucinación surgió frente a un espejo a mediodía, en el baño oscuro de un lugar con pisos cubiertos de alfombras. Del otro lado de la ventana la muchedumbre hablaba en inglés. 

El problema estético de las alucinaciones es su rústico surrealismo. Las rescata el miedo, el sabor en la boca como si se probara la luz con la lengua, el dolor en el brazo derecho.

Tengo que decirle a Ella que aún no encuentro los datos culturales de este año. Si fuera objetiva tendría que hablar de lo mismo todos los días de la semana. Y con eso quizá crearía una cultura. Según Ezra Pound, bastan seis personas para fundar una civilización. Yo ya tengo a dos: me faltan cuatro. Mi gato acabará por merodear entre las ruinas.

Lunes, 14 de enero

Le dije a mi amigo que el otro es de veras otro, lo cual, visto en retrospectiva, suena a filosofía francesa del siglo XX. Quise matizar la obviedad con un comentario acerca de lo que uno, o yo, piensa a solas: es tan radical la diferencia con lo que se expresa frente a los demás. ¿Qué pienso a solas? Ni aquí podría ponerlo sin alterar el equilibrio de esa entidad que es mi persona a veces.