La mujer oído

Café Madrid
Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015 quería conocer Barcelona, sobre todo, la arquitectura de Antoni Gaudí y, después de visitar el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.
Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015 quería conocer Barcelona, sobre todo, la arquitectura de Antoni Gaudí y, después de visitar el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.

Hace ocho días, Svetlana Alexiévich se puso unos tenis y salió a caminar por las calles de Barcelona. La Premio Nobel de Literatura 2015 quería conocer, sobre todo, la arquitectura de Antoni Gaudí y, después de visitar el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia (¡todavía en obras!), pidió que la llevaran a la Torre Bellesguard, también de Gaudí, a los pies de la sierra Collserola. Bellesguard significa “bella vista” y, cuando la escritora entró a la sala de música de este edificio, se quedó asombrada. Dijo: “Es un lugar maravilloso para escribir”. Luego preguntó por los detalles de la construcción y los materiales de las puertas y ventanas. “Me interesa mucho la libertad de las formas de este arquitecto”, comentó, y así dejó ver la esencia de su escritura. Porque esta periodista curtida en los sótanos de la Unión Soviética compone sus libros de testimonio a la manera del artista catalán: con intuición y capacidad creativa en las estructuras (narrativas, en su caso).

Alexiévich vino a España para contarle a los lectores (ahora numerosos después de su importante galardón y gracias a que ya se han publicado cuatro de sus libros en español) el trasfondo de su obra: empatizar con el otro y saber escuchar. En las dos charlas que dio en Barcelona, y en las dos que dio luego en Madrid, se definió como “mujer oído”. “Cuando alguien nota un verdadero interés en su historia, se dispone a contarla con todos sus detalles. Pero para llegar a eso hay que tener mucha paciencia. Para hacer cada uno de mis libros tengo que hablar con cientos de personas y tardo años en escribirlos”, subrayó.

Dio muchas lecciones de periodismo Svetlana, pero lo que más me llamó la atención de esta mujer bajita y de ojos claros fue que llamara plegarias, y no testimonios, a los monólogos que pueblan sus libros. Dio una explicación: “En ruso, plegaria tiene un significado muy amplio y muy profundo que va más allá de lo religioso. Es la compenetración profunda entre el sujeto y el mundo exterior. Busco a personas que estén en un estado de exaltación, que han vivido algo que las ha conmocionado. Este tipo de conversación es similar al de la plegaria. Normalmente, encuentro a mi interlocutor cerca de la muerte o cerca del amor, en este estado tan extremo de pedir, de expresar, de vomitar todo lo que tiene dentro. No escribo sobre las catástrofes, ese es solo formalmente el tema de mis libros. En realidad escribo sobre el amor”.

La autora, que fue profesora de historia en una escuela rural, viajó tres días después a Madrid y, ante un auditorio compuesto principalmente por estudiantes, dijo que no era partidaria de “sacralizar” su oficio. “No me gusta que me pregunten por lo que he soportado. Un oncólogo de un hospital infantil tiene una vida más dura que la mía. Por supuesto que ha sido desolador haber vivido cosas terribles en Afganistán, donde los militares intentaban probar mi capacidad de aguante. Pero no voy por ahí contando lo sacrificada que soy”. Al final, sabedora de la expectación que ha causado su presencia, la “mujer oído” quiso dejar clara otra cosa a sus lectores hispanos: “No es correcto decir que estoy ausente en mis libros. Está presente mi punto de vista, mi forma de percibir y de pensar. La cuestión es que el grado de detalle de los testimonios que elijo para que aparezca en el libro es tan alto que no puedo ponerme allí adentro, al lado de ellos”.