Alicia Calderón: “Hace falta tocar el dolor del otro”

Entrevista
Retratos de una búsqueda explora las formas con que las madres enfrentan la desaparición de sus hijos
Retratos de una búsqueda explora las formas con que las madres enfrentan la desaparición de sus hijos

Abundan filmes sobre el momento que atraviesa el país. La denuncia y la crítica son elementos recurrentes en ficciones y documentales. A decir de Alicia Calderón, hace falta aproximarnos al dolor humano para encontrar puntos de coincidencia. Es por ello que se propuso tomar la experiencia de tres madres de desaparecidos para construir Retratos de una búsqueda, documental acerca del duelo, la ausencia y la posibilidad de salir adelante.

¿Qué la lleva a enfocarse en las madres?

Cuando el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos de Chihuahua comenzaron a salir a las calles, yo era reportera. Me llamó la atención que la mayoría de quienes tomaban el micrófono en las manifestaciones fueran mujeres. Por aquella época, los medios y la sociedad en general estaban más al tanto de los ejecutados y no de los desaparecidos. Fue entonces cuando decidimos enfocarnos en las madres.

¿Qué criterio usó para seleccionar las historias deMargarita, Guadalupe y Natividad?

Quería tener distintos perfiles. Naty se acercaba más a un pensamiento rural y a lo que hay alrededor de una desaparición; refleja la vida en el campo con todo y sus creencias. Guadalupe llega al activismo un poco sin querer, y otro poco arrastrada por la multitud de madres que la va jalando a las manifestaciones; termina uniéndose a las caravanas a Washington. Finalmente, Margarita es la mamá detective. Se involucra en el proceso de investigación. Al final, las tres son víctimas de un mismo mal pero cada una lo enfrenta de diferente manera.

Para centrarse en la parte humana de las madres era necesario dejar a un lado la postura política. ¿Cómo hacerlo cuando se está ante un tema tan vigente y de coyuntura?

La denuncia está, es parte del perfil que toman las madres. Sin embargo, no quería hacer una película en la que se defendiera al desaparecido a costa de lo que fuera. Fuimos muy cuidadosos porque queríamos hablar de la transformación, el empoderamiento, la resignación y el proceso de duelo. Hay secuencias fuertes donde la denuncia es inevitable pero, más que eso, hablamos de cómo resiste una persona ante la desaparición de su hijo.

¿Nos falta reflexionar esa parte humana más allá de la nota roja o política?

Nos hace falta alejarnos del discurso del inocente o culpable. Necesitamos acercarnos a las familias a partir del sufrimiento. Hay un estigma muy fuerte respecto a las personas que son víctimas de un delito relacionado con el crimen organizado: solemos descalificarlas en automático o descalificar a sus padres por haberlos formado mal. Nos hace falta tocar el dolor del otro. Si no aprendemos a compartir el sufrimiento será muy difícil encontrar puntos de coincidencia.

Es indiscutible que hay mucho por denunciar; sin embargo, el punto de vista, al menos desde el cine, es prácticamente el mismo a la hora de abordar este tipo de problemas.

Podemos caer en el cliché, pero seguirá siendo necesario contarlo, siempre que sea con responsabilidad. Más que la originalidad, me preocupa la responsabilidad. No podemos caer en la revictimización, en esta idea fácil de que ahora voy a defender o culpar a éstos. Nuestra película se preocupó por no culpar a un grupo en específico ni caer en los estereotipos.  

Uno de los vicios del cine de denuncia es que personajes terminan dando el punto de vista de los realizadores y no necesariamente el suyo.

Ese es el riesgo del documental. Hay quien defiende al cine donde el autor transmite su opinión a través de una serie de recursos narrativos que él mismo ha construido. Creo que mientras los temas estén vigentes, las películas no sobran, lo que puede sobrar es el abordaje.

¿Cómo convive con sentimientos como la compasión y la piedad?

Es inevitable que por momentos te desborden. Es muy difícil no involucrarte. A la fecha, seguimos relacionándonos con las madres y nos siguen contando por lo que pasan. La película no acaba cuando terminas de rodarla ni cuando la estrenas. La historia sigue, y no hay manera de abstraerte.