Pedro Juan Gutiérrez: “La literatura debe funcionar como una memoria”

[Entrevista]
Pedro Juan Gutiérrez habla de su obra literaria a la luz de la publicación de una antología de sus poemas escritos entre 1994 y 2014 titulada La línea oscura (Verbum), y de su más reciente novela, Fabián y el caos (Anagrama), aparecida a finales del año pasado
Pedro Juan Gutiérrez habla de su obra literaria a la luz de la publicación de una antología de sus poemas escritos entre 1994 y 2014 titulada La línea oscura (Verbum), y de su más reciente novela, Fabián y el caos (Anagrama), aparecida a finales del año pasado

Madrid

Los temas de los poemas y las narraciones del cubano Pedro Juan Gutiérrez cuajan un desencanto y una furia especial que asume como parte de un oficio bastante malsano para la mente y para el espíritu: el de escritor. “Hay gente —dice— que cree que uno se exalta escribiendo. Pero yo creo que no, que es peor, porque quizá la salvación vendría en el olvido, olvidarse de lo que pasó y ya. Pero un escritor siempre trabaja con su memoria, esa es nuestra materia prima, y en vez de olvidar lo que haces recuerdas cosas que pasaron cuarenta años atrás. Por otro lado, hay un problema vocacional, que es el deber de escribir cosas que no deben ser olvidadas. Es algo que agradecen los lectores y compensa un poco. Siempre que termino una novela acabo mal, como si saliera de una enfermedad: agotado, debilitado, emocionalmente vulnerable, y necesito unos meses para recuperarme. Pero a la larga merece la pena”.

Quizá una línea que ayuda a Gutiérrez a salir de esa zona tan oscura en la que se sumerge cuando escribe sea el erotismo, elemento que también desborda su literatura por los cuatro costados. “Yo diría que el erotismo y el sexo forman parte de la vida cotidiana de los cubanos. Creo que esa mezcla de negros africanos y de españoles produce un mestizaje muy interesante, muy erótico y sexual, un gusto por el sexo de manera muy natural, algo que no es así en otros países de América Latina, donde esto está más atenuado y se vive de manera diferente. En Cuba hay como un exhibicionismo continuo, tanto de las mujeres como de los hombres: las mujeres se transforman constantemente en una hembra provocativa, y el hombre se transforma constantemente en un macho provocador, un poco violento y fuerte. Y la vida se desarrolla alrededor de esos ejes. En Cuba hay machismo, sí, pero también hembrismo, porque también hay la mujer muy provocativa que está siempre como excitando al macho”.

En entrevista con Laberinto a su paso por España, Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, 1950) habla de su obra literaria a la luz de la publicación de una antología de sus poemas escritos entre 1994 y 2014 titulada La línea oscura (Verbum), y de su más reciente novela, Fabián y el caos (Anagrama), aparecida a finales del año pasado, en la que narra, con su ya característica prosa en la que mezcla desolación, vigor y erotismo, la amistad de dos jóvenes parias de la revolución cubana.

“A mí me da igual escribir un cuento, un poema o una novela”, explica Pedro Juan. “Yo tengo una serie de obsesiones, temas, preocupaciones, ideas, sueños y pesadillas que son constantes en toda mi literatura. Lo que ocurre es que cuando escribo una novela me quedo muy agotado y me deja un tiempo en blanco, y después de cierta pausa empiezo a escribir poemas. Pero es lo mismo. Decía García Márquez que lo único que hace un escritor es escribir un solo libro a lo largo de su vida, y con esto quería decir que uno tiene determinadas ideas y obsesiones que va repitiendo en cada libro, mirando un contexto desde diferentes puntos de vista. Y así escribo yo”.

De esta forma, es posible establecer algunos paralelismos entre los poemarios que Gutiérrez ha ido escribiendo y publicando a lo largo de los años, y sus novelas y libros de cuentos, de modo que entre Espléndidos peces plateados y Fuego contra los herejes, sus primeros poemarios aparecidos entre 1994 y 1996, y Trilogía sucia de La Habana, novela publicada en 1998, hay vasos comunicantes.

“Leyendo ahora esta antología de poemas, me he dado cuenta que, por ejemplo, Espléndidos peces plateados fue como una preparación para escribir Trilogía sucia de La Habana, porque empiezo a caracterizar mi escritura con ese primer poemario. La novela está escrita con mucha furia, con mucho sentimiento de venganza por lo que entonces estaba pasando, cuando en agosto de 1994 yo veía el problema de los balseros, que fue horrible y que para mí fue una humillación, porque yo vivo frente al malecón y todos los días veía a aquella gente saliendo. No se sabe a cuántos se los comieron los tiburones en el mar pero cuando se acabaron los balseros, el 30 de agosto, yo me sentía muy mal, y empecé a escribir Trilogía sucia… muy marcado por todo eso, lleno de agresividad y de violencia. Por otra parte, todo es muy autobiográfico; para mí la escritura es un proceso de reflexión, de análisis sobre mi propia vida, sobre los contextos que me rodean, sobre la gente que está a mi alrededor”.

A esos primeros poemarios siguieron, entre 2002 y 2005, Yo y una lujuriosa negra vieja y Lulú la perdida, que caminan paralelos a los cuentos de El insaciable hombre araña (2002) y Carne de perro (2003), obras que, dice Gutiérrez, cierran de alguna forma el ciclo que él llama “Centro Habana”. “En ellos hay un personaje, Pedro Juan, muy desencantado, un poco amargado, que también quiere tomar distancia. Es un Pedro Juan que busca alejarse de Centro Habana y se va mucho a las playas del este de La Habana, donde se desarrollan las historias”.

Con ese distanciamiento, el escritor mira de otra forma el pasado y escribe su más reciente novela, Fabián y el caos, una narración que se remonta a la Cuba de los años sesenta y setenta, tras el triunfo de la Revolución. “Esos años fueron muy importantes en Cuba. Pasaron muchas cosas muy interesantes que se han ido olvidando, muchas de las cuales casi no se han contado y ni siquiera aparecen en la prensa cotidiana. Y yo creo que es la literatura la que tiene que funcionar como una memoria, porque esas dos décadas fueron muy complejas y hay que contarlas”.

En Fabián y el caos se habla precisamente de esos temas soterrados, que han permanecido de alguna forma ocultos a la mirada exterior. “Toda esa parametración a los homosexuales, o el llamado Quinquenio Gris, cuando se anularon y se dejó de publicar a muchos escritores y otros se fueron al exilio, todos esos años complicados y de presión sobre los creadores, algo que se ha dicho mucho en los últimos años, pero de lo que apenas hay novelas que lo reflejen. Y en Fabián… lo intento a partir de una experiencia completamente real y autobiográfica, porque el libro, que si bien no es una memoria, está dedicado a Fabio Hernández, un amigo mío”.

La trama concreta de esta novela narra la historia de un joven de provincia que trata de ser alguien en la vida a través del piano. “Es un muchacho que ama profundamente el piano, que toda su vida la concentra alrededor de ese instrumento, que no es un santo ni se porta bien con sus padres, y que es frustrado por una situación política absurda y estúpida, que bloquea su vida y lo destruye porque no es fuerte ni resistente, como el otro personaje de la novela, Pedro Juan, que sí resiste, y gracias a que es más astuto y listo va eludiendo aquella realidad tan terrible que enfrentan en esa provincia”.

Gutiérrez confiesa al respecto que “tenía en las manos una historia fuerte, que había sucedido realmente, y estuve veinte años pensando si debía escribirla o no, porque no quería utilizar la historia de Fabio, mi buen amigo; pero finalmente hice algunos cambios a esa realidad y convertí la historia en novela porque me parece que es un relato que era necesario contar, y eso rebasaba mis limitaciones o dubitaciones éticas sobre si debía o no moralmente contarlo. Así que ahora queda en blanco y negro como la memoria de un momento determinado. Y el lector es el que saca sus conclusiones”.

Fabián y el caos es, al tiempo, una historia de iniciación, la de dos jóvenes muy diferentes que están buscando su mundo. “Pero hoy estos dos personajes serían imposibles en Cuba porque la situación ha cambiado mucho”, reconoce Gutiérrez. “Concretamente con los gay hay más respeto, aunque ha costado muchísimo que haya una aceptación. Hay un Centro Nacional de Salud Sexual que dirige Mariela Castro, la hija de Raúl, y eso ha ayudado mucho, porque este centro se ocupa sobre todo de los gay en sus diferentes manifestaciones: homosexuales, lesbianas, transformistas, enfermos de sida, etcétera. Pero hay que darse cuenta de que estamos hablando de un país machista, racista, al igual que pasa en México, en Colombia o en Brasil. Y en ese sentido hablamos de un país muy violento”.

Volviendo a los poemas de Gutiérrez, en la última sección de su antología, titulada precisamente “La línea oscura”y que recoge una serie de poemas escritos en 2014, el autor mira al pasado de una manera más reposada y benevolente, aunque el desencanto nunca desaparece y hay en su escritura un cambio de forma del verso hacia lo que se conoce como “prosa poética”. Pedro Juan señala que “son poemas de largo aliento porque esa era la mejor manera de escribirlos, haciendo grandes bloques en prosa con cierto aire poético. Me llevó mucho tiempo trabajarlos y ahora mismo trabajo otro libro que es una especie de continuación de La línea oscura, donde hay textos poéticos más largos aún. He tenido etapas de poemas muy cortos, pero de pronto he sentido la necesidad de un aliento mayor por lo que he adoptado la prosa poética para poder concentrar todo el poema. En realidad no hay una explicación matemática de por qué lo hago”.

Por último, Pedro Juan Gutiérrez hace una mirada panorámica de la situación de la Cuba de hoy, la Cuba que ha abierto sus puertas a los Rolling Stones, a Chanel, a los cruceros gringos, la que Obama acaba de visitar. “Estoy muy feliz por todo eso. Fue una grata sorpresa cuando el 17 de diciembre de 2014 anunciaron que empezaban a restablecer las relaciones Cuba–Estados Unidos. Me pareció bueno que hicieran estas cosas más o menos civilizadamente, tratándose con respeto por ambas partes. Yo comenté que lo que hacía falta es que hubiera perdón, no seguir estimulando los rencores y los odios entre los cubanos a favor y en contra del gobierno. Promover el amor, la compasión y el perdón. Alguien me dijo que había cosas que no se podían perdonar, pero yo creo que no podemos seguir con esa arrogancia porque así no vamos a llegar a ninguna parte. Hay que hacer borrón y cuenta nueva; arrancar desde ahora hacia adelante. Es lo que hace falta. Y ojalá que se imponga ese espíritu. Han sido muchos años de violencia, de agresividad, de furia por ambas partes, de golpes bajos. Y ya está bueno, hay que empezar con un espíritu más moderno porque vivimos en un mundo marcado por la tecnología y el espacio mercantil, y la espiritualidad se ha hecho a un lado y quizá por eso hay estas reclamaciones de cuentas pendientes. Pero yo estoy feliz de cómo van las cosas”.