Patético cumpleaños

Casta diva.
Cyndi Lauper.
Cyndi Lauper.

El dadaísmo cumple cien años reencarnado en su nieto el arte contemporáneo VIP, una mala copia que ha pervertido su herencia, reduciéndola a expresiones burguesas, cargadas de una artificial intelectualización y con penosos compromisos mercadológicos. Johannes Baader dijo que era más fácil decir lo que Dadá no era, huían de las definiciones y eran antipolíticos, hoy son una fábrica de definiciones y consignas políticas. Los dadaístas se manifestaban en la clandestinidad de bares, casas, teatros marginales, hoy los artistas VIP están en bienales, museos, ferias, protegidos por presupuestos oficiales. En las escuelas los alumnos se gradúan con performances desnatados que sus maestros califican con paloma o tache. La no búsqueda dadaísta era efímera, lo que hacían no tenía valor ni para ellos mismos; los artistas y curadores VIP celebran congresos de conservación, discuten cómo preservar una instalación de chocolate, documentan los performances y venden obras invisibles con certificados, obsesionados en perpetuar lo que debería desaparecer. ¿Cuál es el proceso para que un movimiento anarquista se mercantilice y se convierta en el negocio de un montón de indigentes del talento? La no definición del dadaísmo responde a que era únicamente anarquía exhibicionista, entre las mil cosas que el Dadá no era está el arte, fue una expresión rebelde contra el estatus cotidiano. El movimiento que lo siguió con fidelidad fue el Punk, que también padeció la absorción social y se diluyó hasta la cursilería de Cyndi Lauper, así como el Dadá está degradado en obras de Martin Creed. El empecinamiento en prolongar lo que por definición era anarquía hizo que la sociedad se acostumbrara a presenciarlo, el niño berrinchudo se transformó en niño mimado. La anarquía por la anarquía es improductiva, su obsesión es generar el ruido de su caos pasajero. Los agentes del poder comprendieron rápidamente que si integraban ese ruido en lugar de reprimirlo acabarían con la resistencia, y lo adoptaron como un placebo de la libertad. El arte conceptual cometió la aberración de asignarle un concepto a lo que en su origen era impulso visceral y arranque momentáneo. Sobreintelectualizaron la ocurrencia para que las instituciones académicas y los museos la integraran y la patrocinaran, es decir, se vendieron. La bipolaridad dadaísta se adormeció con el Tafil del capitalismo que aceptó de inmediato el arte sin arte porque eso hacía felices a los jóvenes aspirantes a artistas, les daba realización instantánea y despreciaba a la disciplina. El neoliberalismo, que no necesita del arte, con esta primicia consiguió mediatizar la libertad creadora en obras que no tienen valor artístico imponiendo la dependencia total del arte con las instituciones, por primera vez en la historia del arte, el artista crea cosas que fuera del marco institucional no pueden manifestarse como arte. El mercado con la especulación de las obras VIP consiguió afianzar su sueño: el dinero adquirió capacidad de validación metaintelectual y transforma la basura en arte. El sistema que vende un vómito como arte “legaliza” la estafa, la integra en sus formas de transacción. El público se hace selfies delante de las obras VIP, se ríen de ellas y de sus compradores, mientras en las escuelas de economía enseñan cómo implementar productos financieros que saqueen a los cuentahabientes. Los banqueros y los artistas VIP comparten fiestas, las noches del Cabaret Voltaire hoy son las noches en un yate en Art Basel Miami.