Menos libres

Toscanadas.
El poeta francés Paul Éluard.
El poeta francés Paul Éluard.

Ciudad de México

Dice don Quijote a su escudero: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Aunque quijotescamente comienza refiriéndose a la libertad como un don otorgado por los cielos, luego agrega cervantinamente que por ella se puede y debe aventurar la vida. Así, resulta que la libertad nunca ha sido un don, sino una recompensa o acaso una herencia que siempre está en riesgo y ha de protegerse.

Espiritualmente somos hijos de la Revolución Francesa, cuya primera voz era Liberté. Zapata proclamaba “Tierra y libertad”. Sartre aseguraba que el hombre estaba condenado a la libertad.

Sin embargo, el reporte 2015 de Freedom House informa que por noveno año consecutivo el mundo se ha vuelto un lugar menos libre. Ahí donde existen gobiernos ilegítimos y putrefactos, campea la falta de libertades. Por eso el país menos libre del mundo es Corea del Norte, liderado por un mequetrefe, copetudo, corrupto, ególatra, codicioso, sin sus piecitos en la tierra. Dios me libre de vivir en un país así.

Las otras once naciones más faltas de libertad son: Arabia Saudita, Eritrea, Guinea Ecuatorial, República Centroafricana, Sahara Occidental, Siria, Somalia, Sudán, Tíbet, Turkmenistán y Uzbekistán. Muy cerca en esta lista están Rusia y Bielorrusia; por eso hacía falta que la Academia Sueca diera su voz de protesta al asignarle su premio a Svetlana Alexiévich, tal como en otro año apoyó la libertad de Orhan Pamuk en una Turquía que cada día está siendo menos libre.

En el informe de Freedom House, México aparece como un país “parcialmente libre” y a la baja. Y, de acuerdo con la fórmula, en los años por venir seremos menos libres, pues en la medida que nuestro gobierno no solucione los problemas de seguridad y pobreza, hará falta una mano más dura para mantener a las élites en el poder, para decirle a los inconformes que calladitos se ven más bonitos, o de plano callarlos a la fuerza o para siempre. Porque la otra opción sería ponerse a trabajar, robar menos lana, tener un poco de vergüenza, aprenderle mañas a los noruegos, no a los norcoreanos, donde los ciudadanos ni siquiera tienen Internet y los radios solo sintonizan las estaciones oficiales.

En su famoso poema, Paul Éluard escribió la palabra “libertad” en todo sitio imaginable, dijo que había nacido para conocerla, para nombrarla; la misma por la que Miguel Hernández sangraba, luchaba y pervivía. Sigámosle la pista a esa palabra, a ese concepto, a esa recompensa, a esa frágil herencia. Hoy apenas una tercera parte del mundo vive en países que se consideran libres. Revisemos celosamente esos números año con año, hagamos todos nuestra parte para ser más libres, no bajemos la guardia, no vayamos a decir un día que nos quedamos dormidos y nos comió el dinosaurio que siempre estuvo ahí.