Contradicciones

Danza 
La maestra Gladiola Orozco.
La maestra Gladiola Orozco. (Notimex)

El pasado fin de semana se llevó a cabo la presentación del libro Memoria que compila la bisoñería de Ballet Teatro del Espacio desde 1966, año de su fundación, hasta 2009, cuando el INBA anunció el retiro del apoyo a la compañía y la decisión de Gladiola Orozco y Michel Descombey de cancelar el proyecto ante la imposibilidad de continuarlo de manera independiente.

Descombey murió un par de años después y Gladiola Orozco resiste de manera estoica el fin de un proyecto trascendente y fundamental en la historia de la danza mexicana, y la ausencia de quien fuera su compañero de vida.

Ballet Teatro del Espacio fue un proyecto que no solo reavivó el impulso creativo en la danza mexicana, sino que generó inquietud entre coreógrafos y bailarines por buscar estilos y afinar la preparación técnica.

Michel Descombey y Gladiola Orozco fueron tenaces en su empeño por vincular la danza con realidades emotivas y sociales profundas, indagaron en una depuración técnica, pero también en una reflexión temática que derivó en obras ahora clásicas del repertorio contemporáneo como El beso, La ópera descuartizada, Carmen, Ana Frank, Tierra sombría y sinfonía fantástica.

De las filas de Ballet Teatro del Espacio surgieron figuras como Lino Perea, Solange Lebourges, Laura Alvear, Ricardo Ortiz y Bernardo Benítez, quien después destacara como brillante coreógrafo en el mundo de la danza contemporánea mexicana.

Recientemente la UNAM, durante el encuentro Joven Talento Mexicano, rindió homenaje a la maestra Gladiola Orozco como reconocimiento a su aportación indiscutible en la formación de bailarines, en un esfuerzo por entablar un diálogo entre las figuras de la danza que inician su carrera y aquellos que han trazado una historia y dejado huellas por las que se puede continuar o romper, pero jamás ignorar.

Durante la presentación del libro se rindió homenaje tanto a Gladiola Orozco como a Michel Descombey, en un Palacio de Bellas Artes que sirvió como sede para el encuentro y reencuentro de aquellos bailarines y bailarinas que deben a Ballet Teatro del Espacio mucho de su trayectoria dancística.

El rostro del maestro Descombey proyectó su mirada penetrante desde una pantalla al fondo del escenario, provocando un aplauso lleno de agradecimiento y nostalgia. El cuadro emotivo fue completado cuando Gladiola Orozco apareció, como si no hubieran pasado siete años desde el forzoso cierre de un proyecto al que dedicó su vida; delgada, gallarda, firme y bella; una presencia que no pudo sino desatar un colectivo “¡Bravo, Gladiola. Bravo!” El aplauso y la ovación no alcanzan a revelar la gratitud que bailarines y coreógrafos debemos a Gladiola y Michel.

Lo que sucedió en el Palacio de Bellas Artes fue un homenaje merecido pero muy contradictorio. Una decana de la danza, la mujer a la que tanto debemos, volvió a pisar el escenario más importante para el arte de este país, volvió a ser arropada por el público en la casa que las mismas instituciones culturales que hoy la homenajean, le arrebataron.