Medea: más viva que el mito

Merde!
El montaje de Germán Castillo
El montaje de Germán Castillo

Ciudad de México

En ciudades fundadas bajo crímenes es difícil no encontrar a los salvajes. Medea, nacida bajo ese destino, aprendió a matar. Primero para apoyar a Jasón, su marido. Después para aniquilarlo a él y a sus hijos, por feminismo radical. Se negaba al sacrificio de la separación en tiempos violentos. En el amor no hay necesidad de dioses en venganzas humanas. Esa es la enseñanza de Eurípides con su tragedia que trae a Medea a la era moderna tan viva como su mito.

Bajo el sufrimiento basta con pensar para romperlo y rebelarse. Medea es una "bárbara" que no da su brazo a torcer, no es séquito de un rey. No es mujer para vivir resguardada en los brazos de Jasón. Quiere igualdad, no migajas de poder patriarcal. Por eso el temor ante ella. Por eso la tragedia. Por eso en mujeres como ella la historia se repite y se adapta. Por eso hablo de Medea en tiempo presente.

Medeas hay siempre, son más que un mito. La escritora Christa Wolf escribió la novela Medea, que propone la ucronía —la reconstrucción lógica aplicada a la historia— para mostrarnos que un mito puede ser verídico. Tenía que ser una mujer la que lo hiciera para acabar con la idea de una asesina por amor y despecho como cualquier criminal, y no en defensa de derechos igualitarios.

Medea no fue la perdición de Jasón. Fue la traición de él. Lo que sigue es kilos de adaptaciones para teatro, cine, literatura y ensayos de diversa índole donde lo que sigue es la discusión interminable. Ahora Germán Castillo y Mansell Boyd hacen su creación inspirada en el mito. Osadamente, Castillo utiliza a tres actores como síntesis que profundiza en la tragedia en un solo hecho: el asesinato y sus razones.

A excepción de Lorena Glinz, lástima de reparto porque la concepción de la obra, la escenografía de Gabriel Pascal y la música de Rodrigo Castillo Filomarino son excepcionales. José Alberto Gallardo como Jasón da buen físico pero mal temple actoral, y Dobrina Cristeva se queda en hembra brava—bella— pero con escasa calidad tonal. Glinz, en cambio, narra claramente la crónica de aquel desastre en los pueblos antiguos que son los de hoy.

No es difícil darle la razón emocional a Medea cuando dice: "Empezamos por tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y este es el peor de los males. La prueba decisiva reside en tomar a uno malo o a uno bueno". Mujeres, aprendan. Libérense antes de terminar matando. Se puede con uso de la razón, lejos del dolor o la frustración.

Eurípides escribió la tragedia más desgarradora de un presagio que se repite en siglos: una mujer asesina a sus hijos. El autor no la juzga. La escucha. La deja confesar. Da sus razones y emociones. El espectador decide. El público calla junto con el coro. Germán Castillo escribe en el programa de mano que quisieron "llevar la estructura de este trabajo a la solidez seca, rotunda y ética—no moral— de la tragedia". Lo lograron.

Ojalá que el Jasón de hoy encuentre su medida en la Medea de hoy, sin crimen de por medio.