Estamos acostumbrados al cine masticado: Artemio Narro

Partiendo de una anécdota aparentemente simple, Me quedo contigo explora las pulsiones salvajes y de muerte.
En Me quedo contigo, de Artemio Narro, lo que empieza como una comedia inocente se transforma en un violento relato sobre la naturaleza del poder y los instintos.
En Me quedo contigo, de Artemio Narro, lo que empieza como una comedia inocente se transforma en un violento relato sobre la naturaleza del poder y los instintos. (Especial)

Natalia (Beatriz Arjona), una joven española, llega a la Ciudad de México para encontrarse con su novio. Sus amigas la convencen de pasar el fin de semana en un sitio alejado de la metrópoli. En Me quedo contigo, de Artemio Narro, lo que empieza como una comedia inocente se transforma en un violento relato sobre la naturaleza del poder y los instintos.  

La violencia es uno de los temas de su película. ¿Qué no se había dicho sobre el tema que lo llevó a filmar Me quedo contigo?

La película es una suerte de ensayo narrativo sobre la violencia y las estructuras de poder. Me interesaba hacer un comentario de los roles y la violencia de género que conllevan.


Su visión de la violencia se acerca a la animalidad.

En nuestra soberbia de humanos rechazamos que somos animales, una bestia más. Ejercer la violencia es la parte más animal de nuestra especie.

 

También rompe el discurso predominante de la mujer victimizada y sometida.

En la mayoría de las películas, la fortaleza de los personajes femeninos se muestra como una reacción a la hegemonía masculina. No solemos ver mujeres fuertes por sí mismas y yo quería mostrar a unas chicas capaces de sacar su lado más salvaje por ellas mismas, por su conveniencia y porque quieren, sin pensar en lo que venga después.


¿En el cine mexicano se ha creado una retórica de la violencia?

Estamos cayendo en lugares comunes: la violencia se liga a la clase o condición social. Mi percepción es distinta y va más allá del color de piel o del código postal. Todos podemos llegar a ser víctimas o victimarios.


¿Nos olvidamos de la parte instintiva?

Por más de cinco mil años hemos sido así; no es una cosa nueva ni exclusiva de hombres o de pobres. Somos capaces de llegar a niveles muy crudos de violencia.


¿Cómo trabajó la actuación y la creación del personaje femenino desde la parte psicológica?

Hablé con ellas mucho tiempo antes de filmar. Desarrollamos los personajes juntos porque  me interesaba que el rodaje fuera una suerte de improvisación y diálogo. Tuvimos momentos de mucha intensidad.


En la fotografía hay cierta distancia, casi todo emplea los medios planos. ¿Por qué?

No quería que el público se sintiera identificado. Los personajes y la distancia ayudan a conseguirlo. Un close up te involucra y una toma subjetiva te coloca en los personajes. Por eso la cámara tenía que estar lo más lejana y densa posible, quería que incomodara. Estamos acostumbrados al cine masticado y con muchos cortes. Insistí en hacer las cosas lo más vívidas, intensas y realistas posibles.


¿Qué dificultades le supuso penetrar en la psique femenina en un tema tan extremo como la violencia?

Siempre he sido cercano a las mujeres, tengo más amigas que amigos. Ellas me aportaron mucho desde sus universos. Lo complicado fue entendernos en masa, jugar en una sola entidad con todas, llegar a la filmación y decir que éramos una manada; todo era coral, sin protagónicos.


Otro tema es el poder. ¿Es algo innato al ser humano?

No creo, como dice mucha gente, que lo que nos distingue de los animales sea nuestra sensibilidad, inteligencia o capacidad de admirar la belleza. Nos motiva la búsqueda del poder, no en beneficio de la especie sino en beneficio personal. La culpa y la sed de poder son de las cosas que más nos motivan y nos mueven como especie. Por eso me interesan tanto y le doy vueltas a la necesidad de imponernos personalmente de manera violenta.


¿Cómo alimenta e interactúa su trayectoria de artista visual al momento de hacer cine?

He sido un consumidor de cine sin escrúpulos. En mi trabajo de artista influye la obsesión por las estructuras de poder y la violencia. El cine, acaso, me permite abordarlos de manera más narrativa.