Fernando Llanos: “Tenemos una enorme capacidad para olvidar”

'Matria' recrea los años en que 100 mil charros se alistaron para repeler una posible invasión nazi 

Durante la Segunda Guerra Mundial, Antolín Jiménez, presidente de la Asociación Nacional de Charros, decidió reunir a 100 mil de sus agremiados para combatir al ejército nazi ante una eventual invasión a México. La historia digna de Juan Orol es real y la cuenta el artista visual Fernando Llanos en Matria, laureado documental que se exhibe en las salas nacionales.

¿En qué momento pensó que la historia de su abuelo, Antolín Jiménez, daba para un documental?

El archivo me motivó a hacer la película. En principio me negaba al documental, no creía en el formato, solo me interesaba una exposición o un libro. Sin embargo, después de hacer varias cosas en video comprendí que un documental podría permitirme difundir la historia de mi abuelo. Tengo material para la exhibición, que espero montar en algún momento, y ya publiqué el libro.

La película muestra un pasaje relativamente oculto: la presencia nazi en México.

No sé si llamarlo pasaje oculto, o pensar en la amnesia histórica. Somos una sociedad con una enorme capacidad para olvidar su pasado. Tenemos una gran contradicción: alabamos las pirámides o a los aztecas pero entendemos poco de esta civilización. En su libro Los nazis en México, Juan Alberto Cedillo cuenta cómo se intentó borrar la injerencia de los alemanes en nuestro país cuando las autoridades descubrieron que eran los malos de la película. Entrevistamos a sobrevivientes del Escuadrón 201 y nos contaron que en principio eran pro nazis. Recordemos que al expropiar el petróleo, el gobierno mexicano encontró en los alemanes a un buen cliente.

¿La relación familiar con Antolín Jiménez no fue un obstáculo para hacer una película equilibrada?

En un principio, quería hacer un homenaje a mi abuelo. Al igual que yo, era un hombre muy inquieto. Pero al descubrir sus claroscuros todo se volvió más interesante porque me permitió nivelar la narrativa. Por un lado, tenemos el relato de una vida profesional más o menos exitosa y por otro el costo personal, que fue altísimo.

La imagen de un ejército de estas características es digna de Juan Orol.

Claro, por eso le pusimos Matria y no Charros vs. nazis. Sin duda es algo peculiar y no niego que explotamos la idea en el cartel para despertar la curiosidad. Gracias a que pusimos a un charro peleando con nazis fue que Carlos Reygadas quiso verla.

Esta es su primera aproximación al cine como creador. ¿Cómo adaptó su experiencia como artista visual al arte de narrar con la cámara?

Fui asistente de producción y había manejado la cámara en algunos proyectos. Soy un artista muy clavado en la forma, de modo que la riqueza visual no representó ningún problema. Las dificultades llegaron con la narrativa porque no tenía idea alguna. No sabía contar una historia, me hablaban del arco dramático y no entendía nada. Afortunadamente conté con la complicidad de Guillermo Arriaga, a quien considero el mejor guionista de este país. Su apoyo fue importantísimo para sacar adelante la historia.

Una vez que tuvo la información, ¿qué proceso de investigación iconográfica realizó para contar la historia de un ejército de charros dispuestos a hacer frente al ejército alemán?

Conté con el apoyo de la Filmoteca de la UNAM, Televisa y Clío. Me encontré con mucha gente dispuesta a colaborar, pero también con la negativa de la Sedena, que negó la existencia del ejército de charros a pesar de que está documentada. Quizá ahora no le interesa difundir a un grupo de guerrilleros. No quiso darnos la toma original de los charros marchando por 20 de Noviembre. Al final creo que la película trata de la importancia de cuidar, revisar y compartir nuestra historia.