Incomprensión

Lo que contemplas.
Escultura de Rivelino
Escultura de Rivelino

Ciudad de México

De lejos se diría una nueva barrera contra bombas. Estridente. Al acercarnos crece la confusión: las muchas toneladas de bronce de que se ha hecho jactancia, instaladas al fin en King Charles Island en Trafalgar Square, tras la estatua ecuestre de Carlos I y donde alguna vez se alzó la cruz de la procesión fúnebre de Leonor de Aquitania, ¿son muestra de escultura contemporánea? O la plaza, ¿es parque de atracciones? Eso se diría, por la cantidad de gente que se turna, alegre, para tomarse fotos de pie entre los dos dedos monstruosos como publicidad inflable (aunque es bronce, y pesa) que la señalan. Muchas personas, muchas fotos por minuto, y no importa la lluvia que no deja de caer.

La plaza llena de gente: tropiezan entre la lluvia absortos en sus pantallas móviles, luego se ríen y posan, torpes, infantiles de todas las edades, solos o en grupo entre los dos dedos blancos como de plástico (pero es bronce) cuya ostentosa presencia apareció un día con fanfarria y explicación pegada a un costado de las bases cuadradas sin arte ni armonía que los sostienen. El título, eufórico: Tú (tú de pie entre los dos dedos, para que no haya pierde). La explicación, solemne: "En un mundo predominantemente desigual, la escultura invita al espectador a cuestionarse sobre su postura sobre un tema tan importante como la igualdad entre los seres humanos". ¿Es una broma? ¿Se compensa la siembra de chlichés con inflarlos en metros y toneladas? Y más abajo, el anuncio del concurso: tómate una selfie (esa nueva palabra tan verdaderamente autorretrato en nuestro vocabulario, que nos muestra tal y como, tristemente, somos), súbela a la App de descarga gratuita y gánate un viaje de lujo para dos a México. ¿Otra broma? ¿Qué es esto?

Gran acto del año de intercambio entre México y el Reino Unido, la escultura de Rivelino, la gente feliz bajo la lluvia posando o tomándose sus selfies. La igualdad a que aspiramos, ¿es este nuevo arte de patio de recreo? ¿Es esta perpetua distracción, la infantilización colectiva, esta confusión entre publicidad y arte, entre vulgaridad y democracia? La ideal semejanza de lo humano, ¿es la estolidez global? ¿Soy una aguafiestas? ¿Hay alguien aquí, entre la ensopada multitud en Trafalgar Square, que tampoco entienda? ¿Hay alguien que me pueda explicar?

Y allá en México las fosas comunes; los desaparecidos sin dedos que los señalen. ¿La opinión mundial? Dos dedos de premio.

¿Qué llamamos arte, qué significa, qué lugar ocupa en la vida humana? ¿Qué cultura es ésta hecha de inanidad, complacencia, esta insaciable sed de diversión y distracción y circo? ¿Dónde enterramos el cadáver de lo sutil? Horas después, de noche y ya sin lluvia, ¿dónde están, para qué sirven, qué alimento le dan a nadie todas esas fotos? ¿Y quiénes, con qué criterios, son los jueces del concurso?

Y en el pavimento la hoja de bordes curvados, ocre, perfecta y reluciente tras la lluvia en el primer día del otoño.