Lectores, prohibida la entrada

A fuego lento.
Retrato de Mussolini con familia (Alfaguara, México, 2015).
Retrato de Mussolini con familia (Alfaguara, México, 2015).

Ciudad de México

Olvidemos por un momento la querella judicial de Mario Bellatin contra el Grupo Planeta por los derechos de su novela Salón de belleza; su pregunta lanzada hace unos días sobre si "Será cierta aquella cita, que coloqué en uno de mis libros como epígrafe, que afirma que cuando uno es un desvalido recibe la conmiseración pública, pero si ese mismo desvalido deja atrás su condición y se convierte en alguien mejor que los demás genera una ira infinita"; olvidemos por un momento las cartas de apoyo y las señales de afecto en la prensa escrita y las redes sociales y veamos en cambio Retrato de Mussolini con familia (Alfaguara, México, 2015).

Que la experimentación puede significar desprecio por la inteligencia del lector, y aun su anulación, es la evidencia más amarga de esta pretendida "novela" —según promueve el boletín de la casa editorial— que se libra en el terreno de la voluntad de escándalo como hacedora de prestigios literarios.

Importa una descripción porque Retrato de Mussolini con familia es un objeto, solo eso, concebido para endulzar la mirada a pesar de la altivez sexual de su argumento. Setenta y dos páginas reproducen imágenes de trozos de papel, montados igual que en las mamparas de un museo, que contienen unas pocas líneas mecanografiadas con una vieja máquina de escribir (y otras 64 exponen la versión gráfica a cargo de la artista húngara Zsu Szkurka). De modo que asistimos a una suerte de montaje en el que somos malamente invitados a leer.

Qué depara ese objeto. A estas alturas de la rebelión contra las instituciones políticas, civiles y religiosas, ¿puede aún perturbar en algo el gesto desvergonzado y puro de un sacerdote que en la hora de administrar los santos óleos se desnuda para poseer amorosamente a un moribundo "de un solo brazo"? ¿En verdad llama a sorpresa la equivalencia entre el orgasmo y el paso definitivo hacia la muerte? ¿Y no se antoja proveniente de la industria de la autoayuda ese tránsito de la muerte a la reconciliación con el útero primigenio para después regodearse con el inconveniente de haber nacido y con una madre que tras el asesinato del Duce no sabe más que dar rechazo y culpa? Tenemos de este modo a un moribundo de un solo brazo que conoce el amor en los movimientos anteriores a su muerte y a una madre que reserva su leche para el excusado. La suma: un cruce entre fantasías adolescentes y sesiones de psicoanálisis a precio tan elevado que permiten muchos colapsos nerviosos y aullidos salvajes bien dosificados.

Hay que decir que Mario Bellatin se ha forjado una reputación de dinamitero de las formas y los contenidos narrativos. Esa reputación, sin embargo, no deja de morderse la cola. Del narcisismo han nacido Viaje al fin de la noche, Mrs. Dalloway, Muerte en Venecia. El que ostenta Retrato de Mussolini con familia es obsesivamente contemplativo. No quiere lectores, solo espectadores amaestrados.