Laura: escritora y diputada

Café Madrid
Enrique Olvera, Joxé Mari Alzeaga y Laura Esquivel.
Enrique Olvera, Joxé Mari Alzeaga y Laura Esquivel. (Araceli Paz)

Es una tarde templada en San Sebastián y, con las canas rizadas y el huipil bien planchado, Laura Esquivel bebe vino blanco. Está de pie en el portal de la casa donde vivió el escultor Eduardo Chillida, una construcción de piedra rodeada de grades jardines de pasto bien cuidado y de varias figuras talladas en piedra o en metal. “Estar aquí y haber recorrido todo esto me ha emocionado mucho”, dice la autora de Como agua para chocolate con los ojos acuosos. “Para Chilllida debió ser maravilloso vivir y crear aquí”. La calma del lugar se ha interrumpido hoy debido a la presencia de un grupo de cocineros, escritores y periodistas que hemos venido a la celebración del primer premio internacional del Basque Culinary Center, la universidad vasca que ha profesionalizado (y glamurizado) al mundillo de los fogones.

La escritora mexicana ha formado parte del jurado y, además, ha aprovechado su viaje a España para promocionar su nuevo libro, El diario de Tita, continuación de la novela que hace 25 años le dio fama internacional. Entre bocados de tartare de corazón de vaca, albaricoques asados y tragos de txakolí, la bebida tradicional de esta región, Esquivel cuenta lo que implica ocupar una curul en el Congreso mexicano. “Es muy difícil convivir con 500 personas que no siempre trabajan por el bien común y que anteponen sus intereses personales o de partido. Y esas sesiones maratónicas a veces ¡son desesperantes!”, dice al tiempo que se ha formado un atento corrillo en torno a su figura (porque aquí tiene una importante legión de lectores y porque, para muchos, a ella se debe la popularización a nivel internacional de las cualidades de la gastronomía mexicana). “Una vez, a media discusión de los presupuestos del Estado, me puse a tejer”, añade desatando risillas entre quienes la escuchamos. “De inmediato los fotógrafos comenzaron a disparar sus flashes y, de inmediato también, comenzaron los memes en internet. Pero gracias a eso muchos se fijaron en nuestro grupo parlamentario, porque al ser solo 35, pues… está complicado”.

Más tarde, de camino al Museo Balenciaga, en Getaria (Gipuzkoa), donde se llevó a cabo la ceremonia de premiación culinaria, Laura Esquivel me dijo que está muy contenta porque en México ya ha salido la segunda edición de El diario de Tita. “Es un libro con un diseño muy especial y es el segundo de una trilogía. El primero es Como agua para chocolate, el segundo es este diario y el tercero girará en torno a una chica de ahora, nieta de Tita, con problemas de alimentación. Quizá alguno de los tres libros se convierta en serie de televisión, todavía no sé”, dijo la escritora y diputada previsora, antes de hablar del hartazgo social que últimamente percibe en México. “A ver si ayuda a que haya un cambio. Ya toca, ¿no?”

Entre la gente que estaba en el museo dedicado al modisto español se encontraba Ferrán Adriá, el catalán que sigue siendo considerado “el mejor cocinero del mundo”. Con su característico discurso atropellado, me dijo: “¡Qué gran mujer Laura Esquivel! Me ha dado mucho gusto conocerla y compartir el jurado de este premio con ella”. ¿Y ha leído su novela? “¡Por supuesto que la he leído!”, respondió al instante el introductor del nitrógeno en la cocina. “¿Pero sabes qué noto en la literatura que se ocupa de la gastronomía? Que suele ser muy sentimental. Y hace falta abordarla desde otro ángulo. Lo digo como un lector cualquiera, ¿eh? Pero pienso que mi oficio, como otros, es mucho más que un melodrama”.