La bestia y la espada

Hombre de celuloide
Una escena de la cinta de animación japonesa
Una escena de la cinta de animación japonesa

Demasiado niño para controlar a su bestia interior, Kyuta acaba de perder a su mamá. De su papá no sabe mucho. Es una foto en el álbum familiar. Como sucede en el cine fantástico japonés, en cinco minutos todo cambia. Kyuta escapa de la familia que quiere adoptarlo, lo persigue la policía, se mete en un callejón y aparece en un universo de bestias parlantes. En este lugar, entre la vigilia y el sueño, Kyuta se encuentra con una bestia que quiere volverse campeón de kendo y, como es evidente por el título, la bestia simplemente lo adopta.

El niño y la bestia es la última película de Mamoru Hosoda, maestro de la animación japonesa. Hosoda está a la altura de Isao Takahata, Katsuhiro Otomo o Hayao Miyazaki. Como en todos estos maestros del cine japonés, esta película trasciende la noción de que el anime es “cine para niños” y demuestra que es un estilo que puede ser disfrutado por todos, incluido, claro, el público infantil. Es cierto que hay cierta inocencia en el héroe, en sus afectos y en la moraleja, pero el todo resulta muy atractivo para cualquier persona sensible a la poesía como la entienden en Japón.

Que la animación es un recurso estético lo demuestran los movimientos de una cámara que evidentemente solo lo es en apariencia. El niño y la bestia además está llena de cambios en las texturas, hay también variaciones en los puntos de vista y el director se detiene curioso en los detalles, como sabe hacerlo el gran cine: el atardecer, una sandía que gotea, las flores en una ciudad en que todo lo otro parece ya muerto.

Más que cine para niños, El niño y la bestia es una fantasía propia del país de los once millones de dioses. La película tiene el espíritu de las leyendas del Japón medieval. Como en El viaje de Chihiro, Kyuta se encuentra sin necesidad de explicaciones viviendo en un mundo de seres mitológicos con los que, como todo héroe, se dará cuenta de que el trayecto por alcanzar la perfección en un arte siempre implica el camino interior.

Así, la historia del niño y la historia del maestro de kendo que busca un discípulo son la historia de un padre y un hijo suyo que ha llegado al primer momento trascendente de su existencia: la pubertad.

El niño y la bestia estuvo nominada en la categoría de mejor película en el Festival de San Sebastián. La belleza de este cine no se limita ni a la historia ni a los movimientos de cámara ni a la enorme cantidad de peripecias que pueblan la obra. Lo en verdad sorprendente en el cine japonés son las alegorías. La rabia de Kyuta al inicio de la película, por ejemplo. El niño y la bestia más que tratarse de un muchacho que encuentra a un monstruo en una esquina, es la historia de un niño que se encuentra con el monstruo que le vive en el pecho. Es una alegoría similar a la del joven protagonista de Donde viven los monstruos, pero con una imaginación todavía más desbordada. Si algo vale la pena aprender del anime japonés es su capacidad para llevar al héroe de peripecia en peripecia, siempre aprendiendo en un universo tan lleno de metáforas como el Japón medieval. 

El niño y la bestia (Bakemono no ko). Dirección: Mamoru Hosoda. Guión: Mamoru Hosoda. Con las voces de Bryn Apprill, Kumiko Asô, Morgan Berry, Jessica Cavanagh. Japón, 2015.