El desierto interior

[Hombre de celuloide]
Desierto de Jonás de Cuarón
Desierto de Jonás de Cuarón

Jonás Cuarón sabe hacer cine. Lo demuestra en Desierto, una de las mejores películas mexicanas en este siglo. Lo es porque, además de entretenida, toca un tema fundamental en la historia del mundo, la migración, de modo que además de cine de entretenimiento Desierto termina por ser un documento visual que desde su concepción aspira a inscribirse en el panorama de la cultura del mundo y lo logra.

Lo logra porque Jonás Cuarón ha producido una película que está bien escrita, bien actuada, bien fotografiada y, en suma, bien dirigida. Y aunque es cierto que ponernos al borde del asiento no basta como valor cuando de lo que estamos hablando es de estética, Desierto tiene todos los elementos de una historia fundacional. Es cine hecho para atraer no solo a los amantes de la industria, también a los que somos amantes del arte porque, lejos de la vulgaridad de quienes han querido hacer cine oportunista con la historia de los migrantes, Cuarón ofrece un héroe en esta guerra que están librando.

El resultado es conmovedor y profundo. La dicotomía entre cine de arte y cine comercial se disuelve y evidencia que es falaz. Los grandes directores, los novelistas, los dramaturgos, saben que lo más difícil es escribir una buena aventura y Desierto lo es. La aventura de un Moisés que no pierde la gallardía a pesar de tener a un asesino siguiéndole los pasos: “pinches gringos, ahora nos vamos hasta Chicago”. Ahora, para hacer una película como ésta (profunda, divertida y emocionante), una vez que tenemos la aventura, lo que necesita el autor trasciende al héroe capaz de enfrentarse a la migra. En efecto, requiere a un malo a la altura de los objetivos dramáticos previsibles. Morgan es quien hace pasar malos tragos a un Gael García que más crece mientras más fuego le dan. Lo que en uno es rencor en el otro es vivacidad, lo que en uno es instinto asesino en el otro es generosidad. Si Cuarón no hubiese explorado la psicología de sus personajes el guión se le hubiese escapado de las manos. Sería un panfleto más. Por eso es importante que al centro de la obra haya una pausa en que a la luz de la fogata escuchamos las razones que tiene el verdugo.

El tema, la aventura y la construcción de los personajes hacen que Desierto sea una película tan completa que recuerda Enemy at the Gates de Jean–Jacques Annaud. También en ella un héroe y su antagonista tienen los tamaños del mito griego. De Ulises enfrentándose a Poseidón. En Desierto, Jonás Cuarón consigue además suspenso y lirismo porque una vez que ha quedado establecido que sabe narrar, que sabe dónde poner la cámara para intrigarnos, exaltarnos o asustarnos, se da también permiso de fascinarnos con los paisajes de un páramo que hacia el final adquiere la belleza aterradora del cine de Terrence Malick o Gus van Sant.

Todo se materializa en la frase “¡que el desierto haga su trabajo!” La aventura se vuelve alegoría, el cine entretenido se vuelve arte. Desierto es la historia de una fuerza natural. Ese páramo por el que Moisés y Ulises siguen cruzando. 

Desierto. Dirección: Jonás Cuarón. Guión: Jonás Cuarón, Mateo García. Con Gael García Bernal, Jeffrey Dean Morgan, Alondra Hidalgo, Diego Cataño. México, Francia, 2015.