Jimena Montemayor: “El amor está lleno de errores”

Entrevista
En la sangre intenta desentrañar la complejidad de las relaciones de pareja y sus defectos
En la sangre intenta desentrañar la complejidad de las relaciones de pareja y sus defectos

Mateo (Pedro de Tavira), intelectual y solitario, vuelve a la ciudad después de vivir en el extranjero, encontrándose entre la comodidad y la confusión al pasar tiempo con su hermano Tomás (Juan Pablo Campa), y la novia de éste, Nadia (Camila Selser). Un conjunto de situaciones académicas y personales alterarán la dinámica de los tres. Motivada por la necesidad de reflexionar sobre el amor y sus implicaciones, Jimena Montemayor filmó En la sangre, película que habla de la vida en pareja, la lealtad y la hermandad.

 

¿Cuál es el origen de En la sangre?

Surge de una serie de reflexiones acerca del amor y de la anécdota de un amigo. Quería contar una historia en la que no hubiera víctimas ni culpables sino un conjunto de situaciones posibles y honestas.

 

¿Cómo hacer una reflexión de este tipo sin prejuicios ni estereotipos?

Esa fue la propuesta y la intención. Somos seres humanos, nos movemos por instinto y por conciencia pero también somos imperfectos. El amor está lleno de errores y quería dejar atrás las sutilezas cotidianas para contar una historia en la que las cosas son más naturales, como puede ser la falta de comunicación.  

 

Un tema que se desprende de la historia es la lealtad; en este caso, entre hermanos y una mujer.

El punto de conflicto surge cuando una pareja deja de funcionar y se convierte en trío. Previamente hay una descomposición en él y en ella; la incursión del hermano es permisiva y trae sus propias consecuencias. No necesariamente es algo malo, tiene que ver con la manera en que nos relacionamos en pareja, en dejar de pensar que uno puedo poseer al otro. Tal vez el amor es tan grande entre los tres que si hubiera una secuela tal vez cabría el perdón. En ese caso, la lealtad tendría que convertirse en un amor por la felicidad del otro.

 

Aunque las cosas han cambiado. En Dos tipos de cuidado, por hablar de una película de hace más de cincuenta años, cuando Jorge Negrete y Pedro Infante rivalizan por una mujer, el primero dice: “La traición de la mujer pasa, al fin es mujer, pero cuando viene de un amigo, esa cómo cala”.

Creo que tenemos que empezar a construir nuevas estructuras en términos de pareja. Mucha de nuestra condición social tiene que ver con la forma en que asumimos el amor y la sexualidad en nuestras parejas y familia. No me interesa plantear ningún tipo de verdad absoluta pero creo que hay cosas que están cambiando y siempre será mejor cambiarlas con plena conciencia, no importa que tome más tiempo.  

 

En los últimos años hemos visto películas de realizadores jóvenes centradas en reflexionar sobre las relaciones de pareja. ¿Hay un agotamiento de los clichés y lugares comunes en las películas sobre el amor?

De pronto pasamos de pensar en la infidelidad desde la perspectiva de la víctima y de revisarla a partir de la posición del traidor, porque al final también es un proceso de enamoramiento. Muchas veces uno no se enamora a primera vista, sino a partir del trato. Hay muchas maneras de enamorarse y ninguna es mejor que otra.

 

En términos de narración hay mucha cámara fija y una estética luminosa.

Fuimos muy cuidadosos en escoger las locaciones que, además, eran casi prestadas. Junto al fotógrafo Santiago Sánchez, nos cuidamos de aportar intimidad y la cámara fija ayuda mucho. Teníamos poco tiempo de modo que los planos estáticos facilitaron las cosas. Los movimientos de cámara impiden tener mayor control de la situación.

 

Transformó una eventualidad de rodaje en una condicionante dramática.

Siento que mucho del trabajo cinematográfico consiste en resolver y solucionar las eventualidades.  En la vida todo el tiempo suceden cosas incontrolables y necesitamos aprender a resolverlas de la mejor manera. Así fue como planteamos la propuesta visual.

 

Usted, Sebastián Hiriart y Matías Meyer, por mencionar algunos, son hijos de escritores que cambiaron la pluma por la cámara.

Creo que por salud mental está bien alejarse de lo que hacen los padres. No obstante, al menos en mi caso, estoy cerca de las historias porque crecí alrededor de ellas. En realidad nunca me cuestioné demasiado, simplemente se dio, muy natural.