Jazz visual

Hombre de celuloide.
'Irrational Man' (Un hombre irracional), de Woody Allen.
'Irrational Man' (Un hombre irracional), de Woody Allen.

Woody Allen ha dejado atrás su periodo de viajero y en Un hombre irracional nos lleva hasta un campus universitario: Braylin, en Rhode Island. Allí viviremos viejos chistes y reflexionaremos en torno a lo que hace un hombre irracional, uno que lo es justamente porque piensa más.

De la importancia que tiene el jazz en la vida de Allen se ha escrito en tono de anécdota. Vale la pena pensar el hecho con más profundidad porque lo que hace Allen ya desde hace unos veinte años es jazz visual. El autor se hace de un tema conocido y juega con él. Elabora, dialoga, parafrasea. A veces parece que improvisa, por eso el público siente que sus películas ni vienen ni van. Y es que la estructura narrativa de este cine no gira en torno a un clímax, se construye con colores y tonalidades; eso que en dramaturgia se llama género.

Un hombre irracional comienza con la reflexión de Abe, nuestro protagonista, en torno a las implicaciones de la moral kantiana. Se nos presenta el tema: si uno cree que matar es bueno, ¿es moral el asesinato? A este tema se incorporan otros: la angustia de la libertad de Kierkegaard, la banalidad del mal de Hannah Arendt. De Nietzsche viene la convicción de que uno da sentido a la vida y no al revés, y de Sartre todo lo demás. ¿Cuál es la verdad en todas estas ideas? ¿Hay alguna que sea más próxima al pensamiento de Woody Allen? Como en un buen jazz, Un hombre irracional no ofrece conclusiones tajantes: que cada quien saque las suyas.

Una vez que el diálogo filosófico ha quedado establecido llega el momento de la gran literatura. Hemos visto que en los últimos años a Woody Allen no le interesa que lo acusen de plagiario. Si una idea le gusta, la roba y la adapta a sus intereses. En Match Point, de 2005, parafraseaba a Ricardo III. En Un hombre irracional improvisa con Crimen y castigo.

Como Raskólnikov, el filósofo de Un hombre irracional decide asesinar a un hombre por el puro deseo de violentar la moral y vengarse de lo que le resulta insoportable del mundo: la vacuidad burguesa. ¿Cómo se desarrolla este tema? Esto es lo que hay que ver porque en un buen jazz lo que menos importa es la disección crítica. Lo que hay que sentir es el encanto, la seducción del evento. Y es que en esto se ha convertido el cine de Allen, en un evento tan efímero como la música. Preocupado desde sus inicios con la inmortalidad, el realizador parece haber descubierto que ni el arte ni la fama ofrecen más allá. ¿Qué hace entonces? Jazzea. Se divierte con los temas de los grandes filósofos, los literatos y él mismo porque, claro, no deja de introducir en esta película los tópicos de su vida: la promiscuidad, la inseguridad y, por supuesto, el deseo de un hombre mayor por la alumna a quien dobla en edad. En juego con todos estos trasfondos, el maestro de filosofía se vuelve un Basil Hallward que quiere corromper a una inocente chica que tiene mucho de Dorian Gray. ¿Qué sucede entonces? Lo dicho: vale la pena ver a Woody Allen, disfrutar de su ligereza y dejarse conducir por este hombre que, no cabe duda, sabe hacer jazz.

 

Irrational Man (Un hombre irracional).Dirección: Woody Allen. Guión: Woody Allen. Con Joaquin Phoenix, Emma Stone, Jamie Blackley, Parker Poseye. Estados Unidos, 2016.