Ser rector de la UNAM

En vísperas del relevo en la rectoría apareció un breve volumen: Ignacio Solares, La Universidad rediviva.
En vísperas del relevo en la rectoría apareció un breve volumen: Ignacio Solares, La Universidad rediviva.
En vísperas del relevo en la rectoría apareció un breve volumen: Ignacio Solares, La Universidad rediviva. (Especial)

México

La UNAM es una necesidad de México como nación moderna y democrática; a veces es un orgullo, otras una preocupación y hasta un dolor. En vísperas del relevo en la rectoría apareció un breve volumen: Ignacio Solares, La Universidad rediviva, (Taurus, México, 2015). Solares, escritor y funcionario cultural, ha propiciado el terreno para que uno de los mejores rectores de los tiempos recientes reflexione en voz alta sobre la suerte de la Universidad. Solares inicia con una intensa descripción de un momento abismal de aquella huelga entre abril de 1999 y enero de 2000. Narra el "motín a bordo" que padeció CU la mañana del 25 de enero. Todo estaba yéndose a pique. Tal es la atmósfera, el reto afortunadamente ya vencido que evoca este libro a dos voces; esa pesadilla hirió a la UNAM y amenazó su existencia misma. De la Fuente: "La UNAM estaba sumergida en una crisis; no obstante se fortaleció su tejido social para que continuara siendo la institución más importante como centro de análisis y solución de los grandes problemas nacionales, sirviéndole a la sociedad que finalmente es quien le da su razón de ser".

Solares posibilita un tipo de texto que entraña dos virtudes de la palabra: el libro–reportaje y un género que nos viene de los griegos, que el Renacimiento recuperó gracias a su fe en el hombre como ser pensante: el diálogo. Aquella huelga arrodilló a la UNAM y le impuso una serie de injerencias, filtraciones y presiones que ciertamente no luchaban por su mejor futuro ni por la democracia en el país. ¿Cometió errores De la Fuente en aquel trance? Quizá otras figuras investidas con esa responsabilidad hubieran cometido otros tantos y es de agradecerle su temple y capacidad de solucionar la parálisis con el menor daño posible y sin autoritarismo; en el lapso posterior ese rector y su equipo convocaron a la población universitaria para lo que fue una sorprendente recuperación, e incluso aumentó de calidad y prestigio tanto nacional como internacional. Lo cual habla de la bondad del paciente.

De la Fuente señala algo evidente: de nuevo hay focos rojos; y fuera de CU hay tormentas sociales por todas partes; mas la UNAM no es un partido político ni una secretaría de Estado y tampoco es uno de los tres poderes federales. "La UNAM no es una institución de militancia sino de reflexión y propuesta". "Para preservar su misión fundamental tiene que mantener los elementos primordiales que permiten el desarrollo de la academia: la libertad, la autonomía y la independencia". Al leer tales expresiones quien esto escribe piensa que la UNAM no puede dar la espalda al grado de descomposición social que el país manifiesta (tres casos a cual más inaceptable: la línea 12 del metro en el DF, el caso Ayotzinapa, líderes del narco–México capaces de salir de penales "de máxima seguridad" en fechas ajenas al cumplimiento de su condena), pero ¿es con paros universitarios, con la disminución de su actividad sustantiva y cotidiana —docencia e investigación— merced a marchas y plantones que se van a resolver los problemas nacionales? La UNAM no puede ser una institución asocial pero tampoco la arena privilegiada de paros y huelgas.

El ex rector habla aquí en dos tiempos y con dos identidades que se fusionan: por su cargo de hace quince años y como una de las voces lúcidas del México actual. Sobrecoge que sea uno de nosotros: "encuentro que los partidos están más metidos en sus luchas intestinas y se han olvidado de la reivindicación de las demandas sociales". En consecuencia: "al igual que la mayoría de los mexicanos, no milito en ningún partido". Todo lo que dice este librito trasmina honestidad y voluntad de sensatez. Dialogar y discutir son operaciones de la palabra en las que los interlocutores exponen sus criterios escuchando al otro; bajo una atmósfera serena y reposada. Nadie tiene la solución (mucho menos en cápsulas tipo lemas de campaña) y entre todos puede surgir el camino idóneo para salir adelante. Esto es lo que subyace, como tesoro reluciente, bajo la voz universidad: verter todo hacia un mismo lado; para ello hay que ser versátiles: ejercicio de la tolerancia por inteligencias activas. Universidad: todos estudiamos, cada uno con su cabeza, y entre todos ha de surgir la luz.

Enhorabuena este libro que no pontifica sino que muestra el don de reflexionar en beneficio de la comunidad. Quien lo hace es el médico que sacó a la UNAM de su mayor padecimiento post 68; habla gracias al discreto estímulo que le ejerce uno de nuestros escritores y funcionarios culturales de gran valía. Es lo que De la Fuente y Solares cocinan aquí, en tono ameno pero impregnado de responsabilidad. Tal es el género filosófico–literario del diálogo: unas cuantas personas están intercambiando pareceres para beneficio de quienes escuchamos. Que siendo todos somos sus pares, gran dignidad de ser lector o mero ciudadano: somos pares porque somos universitarios o, sin serlo, nos importa que las universidades (todas: la UNAM, el resto de las públicas y las privadas) sean órganos saludables de la sociedad que las sustenta.

Quien escribe estas líneas es uno de los miles de profesores de carrera de la UNAM (5 mil 421 más 2 mil 551 investigadores según la Agenda Estadística de la UNAM, 2015); recordemos el calendario: 16 de noviembre de 2015, fin del periodo del doctor Narro Robles e inicio de una nueva administración. 2016 es el primer año de su ejercicio que debe ser tan universitario como administrativo y político. Necesitamos un nuevo guardián de planta y el doctor Enrique Graue Wiechers puede ser el ojo clínico requerido: "Velaré en la UNAM por la autonomía y la tolerancia". El rector debe fomentar la discusión creativa que el país necesita en ésta que es una de sus instituciones más honorables. Necesaria porque de ella salen cosas buenas y gente valiosa para el país. Universidad no es paralizar ni imponerse: es dialogar.