Hechicera y vengativa Medea

Café Madrid.
Hechicera y vengativa Medea.
Hechicera y vengativa Medea. (EFE/Jero Morales )

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epresentar una obra de teatro clásico, algo que en teoría solo está destinado a los grandes actores y directores, requiere (por eso) someterse a una crítica despiadada. Durante estos días, la actriz y cantante Ana Belén encarna en el escenario del madrileño Teatro Español a Medea y, a diferencia de los comentarios del público, la prensa no deja de poner por los suelos su interpretación protagónica del “mito del desequilibrio”.

Ana Belén, que en realidad se llama María del Pilar Cuesta, es pareja sentimental y profesional de Víctor Manuel, con quien ha cantado el éxito musical “La puerta de Alcalá”, y en las tablas ha sido antes Fedra y Electra. Estrenó Medea, ante 3 mil espectadores, el pasado mes de julio dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. La obra es una versión del escritor Vicente Molina Foix (basada en textos de Eurípides, Séneca y Apolonio de Rodas) y, a grandes rasgos, cuenta la historia de una sacerdotisa que aprendió hechicería junto con su tía Circe y que, en contraposición a su época, es una mujer muy independiente y liberal dispuesta a “amputar” su maternidad.  

Ahora, sobre el escenario del Español, la también actriz cinematográfica se esfuerza por realizar “un análisis profundo del comportamiento humano en el que lo fundamental es el desequilibrio en el que un orden establecido se rompe por la acción individual de una persona. Medea es políticamente incorrecta, va contra toda la normativa occidental acerca del papel de la mujer”, me explicó José Carlos Plaza, director de la puesta en escena.   

Era una tarde de viento frío y en la entrada del vetusto Teatro Español, frente a la Plaza de Santa Ana, varios turistas se acercaban a mirar los carteles de la programación. José Carlos Plaza esperaba a Ana Belén para charlar sobre “sus cosas” antes de la función. La actriz (delgadísima) no tardó en llegar y, ya en la cafetería, se sinceró de manera abundante: “un personaje como Medea produce vértigo, angustia. Necesito saber que la persona que me está dirigiendo lo sabe todo, porque yo no sé nada. Y aun ahora, después de todas las representaciones que hemos hecho, no sé ni la mitad de las cosas de Medea. Y sé que las voy a ir aprendiendo conforme vaya interpretándola cada día. Con todos los problemas que implica, porque soy insegura. Eso sí, llego al ensayo y no se me nota nada. Pero a mí me gustan los actores que dudan. Como yo”.

Parece que los críticos han notado esa inseguridad (“normal”) de Ana Belén. Y parece, también, que su pasado de “artista popular” pesa demasiado y, para ellos, implica que no puede hacer una “obra seria”. Ella está al tanto de esos comentarios en su contra, pero afirma que le importa más haber regresado al Español. “Lo último que hice en este teatro fueron conciertos. Pero con una obra no estaba desde La casa de Bernarda Alba, que se estrenó en 1984. Así que volver supone una gran emoción. Cuando hice los conciertos y me dirigía al público, después de la primera canción, pensaba que no podría seguir porque me embargaba la emoción, y no hay nada peor para que no te salga la voz. Yo piso ese escenario y me acuerdo de todos los actores con los que he trabajado allí y que la mayoría ya no está... Pero luego me meto en la piel de Medea y disfruto como una loca. ¡Como una bruja!”, dice. Y ríe, como si al reír se vengara de todo.