Hablemos de erotismo

A fuego lento.
'Mar fantasma' Pedro Ángel Palou, Seix Barral,  México, 2016.
'Mar fantasma' Pedro Ángel Palou, Seix Barral, México, 2016.

¿Es posible aún afirmar que el erotismo tiene un sitio asegurado en la ficción novelística? ¿Es posible ahora, cuando podemos verlo todo, incluso gratuitamente? Las preguntas se imponen tras concluir las cuatro novelas breves que reúne Mar fantasma (Seix Barral, México, 2016), un volumen con el que Pedro Ángel Palou intenta demostrar que no solo está hecho para recrear las vidas de los héroes que tanta verborrea provocan durante las fiestas nacionales, sino para celebrar, según leemos en un inusitado prólogo, cincuenta años de vida y "treinta y tres de haber asumido la literatura como compromiso vital, mi forma de respiración". Así que mandemos a descansar a las estatuas del panteón patrio y, sin dar muestras de cansancio, pongámonos a escribir de sudores orgásmicos, aullidos sin la asistencia del doctor Viagra y humedades crónicas que ni siquiera alcanza la más dispuesta de las estrellas porno.

Poco hay que registrar sobre los argumentos de esas cuatro novelas. En la primera, un hombre —quizá ya un fantasma— aspira en vano a poseer el cuerpo fantasmal de una mujer siempre a distancia. La segunda ofrece a un psiquiatra que revive un amor loco mediante la escritura. La tercera entrega a una púber que seduce y luego es seducida por una mujer comida por los años y el recuerdo de una guerra, y la cuarta a una aprendiz de pintora que en Kyoto se entrega a las enseñanzas de un maestro. Hay, por supuesto, pequeñas modulaciones, algunos desvíos que sin embargo llevan siempre al mismo lugar: los amantes verdaderos están condenados a dejarse o a malograrse o a pegarse un tiro, una fórmula, esa sí, con horribles muestras de cansancio.

¿Y el erotismo? Consigue ser un almanaque de poderío y resistencia. ¿O debería ser de otra manera? Que si ella dobló la espalda frente a una embestida, que si él salió en hombros después de satisfacer a dos mujeres en la cama, que si sus dedos frenaban y aceleraban a tiempo, que si la regadera y el vapor y la mermelada sobre el cuerpo y las clases de gimnasia y "Así, así, no pares, sigue, sigue". Xaviera Hollander pudo haberlo hecho mejor, exhibir más señales, pero Palou quiso, por encima de todo, y a pesar de su colección de flores abiertas y enhiestas, sacar a relucir su habilidad para concebir filosofemas pues necesitaba que el erotismo se consagrara doctamente: "Si tan solo te hubieras quedado, yo hubiera podido explicarte"; "El deseo pocas veces es algo, siempre es más bien nada"; "Eros es deseo de lo que no se tiene"; "No de otra sustancia está hecho el deseo que de vacío"; "El deseo permanece siempre en el territorio de la muerte, que es el territorio del amor". Después de estas perlas de erotomanía, unas cuantas de entre la legión que llegan a sumar, uno se siente llamado a tomar una buena sesión de pornografía, renunciando a cualquier intención didáctica. En ese mundo, al menos, nadie se siente con derecho a presumir su sabiduría libresca y, por si fuera mucho, asentar en un prólogo la manera en que debemos ser aburridamente eróticos.

Mar fantasma

Pedro Ángel Palou

Seix Barral

México, 2016