Panfleto y fidelidad

Hombre de celuloide
Freeheld.
Freeheld. (Especial )

Lo mejor de Freeheld es que parece que Ellen Page encontró un papel a su medida. No es que Juno, película en que interpretaba a una adolescente embarazada, le haya quedado grande. Al contrario. Page no había podido interpretar a una mujer más allá de la pubertad. En Hard Candy, por ejemplo, interpreta a una chica perversa que hace padecer al pedófilo asesino. Su aspecto infantil resulta capital en aquello del suspenso. Algo similar sucede en Desde Roma con amor. Page hace a la chica aniñada. No debe haber muchos papeles para una buena actriz que sin embargo mide metro y veinte de estatura. En Freeheld, Ellen Page es una chica gay. El papel le va bien porque resulta inquietante ver a Julianne Moore llena de arrugas bailando con Page quien parece un niño de trece años. Freeheld no es la primera película en que Moore interpreta a una mujer homosexual. En The Kids Are All Right era la chica que hacía pasar apuros a la mujer mayor. Aquí Moore, quien hace a la madura, nos espeta una historia que se edifica en torno a las bondades del matrimonio homosexual. En cuanto a la trama, resulta interesante que las amantes no tengan casi nada en común. Laurel es policía (otro papel en que ya vimos a Moore) y Stacie es una mecánica que puede cambiar las cuatro llantas de un coche antes que cualquier macho calado. El punto de la historia es la igualdad ante la ley porque nuestras chicas amorosas tendrán que enfrentarse a un condado que se niega a reconocer la unión civil como matrimonio homosexual.

Aunque la película resulta más o menos entretenida, hay que advertir que el abierto activismo de sus discursos termina por convertirla en un melodrama casero que sin embargo tiene dos o tres momentos emotivos.

Basada en una historia real, Freeheld vale la pena sobre todo por las actrices que hacen a Laurel y Stacie. Los secundarios están muy mal trabajados. Hay un rabino homosexual forzadamente afeminado, un policía en el clóset (con unas corbatas rosas que resultan el colmo del cliché) y un político corrupto que por supuesto es gordo y se sabe de memoria los pasajes más intolerantes del Antiguo Testamento.

Este es el principal defecto de Freeheld: no permite que la moraleja se desprenda de la historia y más bien la expone de modo que, llegado el final, uno tiene la impresión de que le han explicado el chiste. Como cuando un mal comediante remata su cuento diciéndonos por qué tenemos que reír.

Quizá el personaje más interesante sea el de Moore quien con mucha garra explica que su lucha no gira en torno al activismo sino en torno a la igualdad. Uno pudiera responder que toda lucha por la igualdad es activismo, pero no es éste el lugar para discutir de política. En fin, que el desatino de Freeheld estriba en su vocación de panfleto social porque esta película no dice nada que pueda ofender a nadie, no dice nada que no sepamos ya, y sus personajes son estereotipos por más que las actrices principales sean tan buenas. Lástima que Sollett haya seguido el camino del panfleto y no el de una discreta historia de amor y fidelidad.

Freeheld (No sin ella). Dirección: Peter Sollett. Guión: Ron Nyswaner. Con Ellen Page, Julianne Moore, Steve Carell, Michael Shannon. Estados Unidos, 2015.