Flor venenosa, la palabra

Merde!
Escena de 'El público'.
Escena de 'El público'.

En la fortuna de asistir al estreno mundial de El público, de Federico García Lorca, dirigido por Lluis Pasqual, en la emoción de contemplar en escena un texto complejo, de teatro puertas adentro, donde el director es el alter ego del dramaturgo para escupir soeces y venenosas flores, del ocultamiento de la realidad por la ficción, en esa máscara donde la homosexualidad se resguarda, en el cambio de roles sexuales donde las apariencias engañan, en el homenaje explícito y no a Shakespeare, Calderón, Beckett y Artaud, olvidaste por completo que el escritor es el español de Doña Rosita la soltera o Bodas de sangre. Nada qué ver. Presenciaste la pieza con ojos iluminados sobre aquel montaje escénico en el año de 1986.

Era en Madrid, en el teatro María Guerrero. Lorca, por fin, con El público en su casa. Lo que él pensó que se vería hasta 10 o 20 años después de escrita —en 1930—, pasarían más de 50. A la entrada del teatro tuviste oportunidad de ver a Javier Marías y acercarte para comentarle de Djuna Barnes, la escritora de El bosque de la noche, novela tan cerca de El público, por la oscuridad para penetrar a su luminiscencia cerebral. Él ni lo recordará pero para ti era un testamento de fe en la verdad oculta, esa que García Lorca hace surreal pero que existe al fin, la posibilidad de despertar a un público más atento a lo diferente, no tanto por la sexualidad como por un lenguaje cifrado que exige conocimiento y astucia para sacar escasas conclusiones, pero una certeza: el arte es indescifrable. Si es hermético qué necesidad de pretender abrirlo.

Tu recuerdo de aquello es que el teatro termina en el suelo, hecho pedazos. Que el ano —esa parte que se ubica ahí donde los castellanos llaman bien por su nombre, culo—, toma dimensiones poéticas, conceptistas y elípticas, insospechadas. Nadie se había atrevido a tanto en un lenguaje críptico y descarnado a la vez. Nadie lo dice en sus críticas teatrales porque hablar de “eso” es romper la posibilidad de decir nada y sin embargo hablar bien de la obra.

Como cuando escribe Lluis Pasqual apenas el año pasado, recordando su montaje: “de altísimo voltaje ideológico, lo que Federico dejó escrito es un vómito en forma de palabras que proceden de una oscura raíz para legarnos el mejor texto teatral que se ha escrito sobre la máscara, ese muro de protección que en el hombre cubre sus pulsiones y deseos más ocultos, obligándole a enterrarlos y a vivir una vida ajena y falsa, y que en el teatro oculta y maquilla la verdad para contar una realidad inexistente y mezquina, humillando así a la imaginación, convirtiéndola en engaño.”

Eso recordaste al ver la lectura dramatizada de El público, que por primera vez se escenifica en México por la Compañía Nacional de Teatro. Ya era hora. Un acierto del tamaño de García Lorca. Más que una buena lectura y dicción. Excelente comprensión de las palabras. Parece una CNT distinta al montaje del Proyecto Leñero. Bien por el director Octavio Michel.