Changos y bananas

Hombre de celuloide
Cine crítica 673

La primera experiencia sexual resulta complicada. Al menos así lo piensa Jeremy LaLonde, autor de Hagamos una orgía, película canadiense elogiada por la crítica que, sin embargo, no ha tenido ningún éxito de público. Desencantada con su “primera vez”, la protagonista de Hagamos una orgía crece, escapa del pueblo y termina volviéndose una exitosa columnista experta en sexo que guarda un secretillo. Como vemos, Cassie se parece a Carrie en Sex and the City aunque el espíritu que separa ambos universos es el mismo que divide a Estados Unidos de Canadá.

Hagamos una orgía no resulta mucho más interesante que su título aunque tiene dos o tres buenas ideas. Si uno se fija, lo que sus personajes buscan es la superación de un miedo a la vida que se expresa en angustia sexual. Las creaturas de LaLonde comienzan a revelar sus intenciones cuando la columnista vuelve al pueblo y sus antiguos compañeros de escuela le piden que organice para ellos una orgía.

El guión no se cae del todo por las actuaciones. Además, los personajes del pueblo tienen la simplicidad de una comedia chusca, pero el autor falla en dos áreas: cuando trata de ser profundo y cuando quiere hacer reír al público ofreciendo descripiciones fisiológicas. Estas son las razones por las que Hagamos una orgía no ha conseguido la notoriedad que su director espera. Si algo prueba esta película es que el sexo sin un toque de romance es poco más que un intercambio de secreciones y los chistes de secreciones se parecen mucho a los chistes de flatulencias. Se mueven siempre en el terreno de lo vulgar.

Por otra parte, la edición y la fotografía de Hagamos una orgía tienen el espíritu del cine de bajo presupuesto en Canadá, un sitio desde el cual han emergido grandes maestros del cine. La música tiene otra clase de encanto: ofrece al conjunto un toque de nostalgia que evidencia que la película está dirigida al público cuarentón.

LaLonde ha estado interesado en el sexo como deporte desde hace varios años. En 2013 ganó notoriedad con el documental Sex After Kids, obra menor que explora la vida sexual de las parejas después del nacimiento de sus hijos. Que el director alcance el ímpetu de artistas como Atom Egoyan o Denys Arcand (quienes ingresaron al cine hollywoodense desde la periferia de Canadá) solo el tiempo lo dirá porque Hagamos una orgía no es suficientemente alternativa o novedosa como para ensalzarlo, pero tampoco resulta tan torpe como para no merecer nuestra atención. Por lo pronto, se percibe en las búsquedas del realizador un interés que, si consigue pulir, pueden llevarlo más allá del documental o el serial televisivo. La clave de un futuro éxito para LaLonde tal vez estribe en no tomarse muy en serio. Durante una escena, la protagonista compara el deporte de la orgía con un montón de changos que en la selva están buscando su banana. No lo dice en son de chiste y esto es lo que sorprende. Si el autor se hubiera dado cuenta de que cuando quiso ser solemne era cuando resultaba más divertido, habría ganado la mitad de la batalla.


Hagamos una orgía(How to Plan an Orgy in a Small Town).Dirección: Jeremy LaLonde. Guión: Jeremy LaLonde. Con Jewel Staite, Lauren Holly, Katharine Isabelle, Lauren Lee Smith. Canadá, 2015.