La crítica es un ejercicio de la verdad: Evodio Escalante

[Entrevista]
Evodio Escalante
Evodio Escalante (Pascual Borcelli Iglesias)

En 1902, el entonces aprendiz de filósofo, José Ortega y Gasset, escribió un artículo, en las páginas del periódico español Vida Nueva, sobre lo que significaba la “crítica”. Ortega definió a la crítica en este artículo como la capacidad de “salirse fuera de uno mismo para sustraerse a la ley de gravedad sentimental y decir con valentía lo que se debe decir”.

En pocas palabras, la crítica es una opinión subjetiva y personalísima para decir lo que uno siente y piensa, concepto muy parecido al que el escritor mexicano Evodio Escalante tiene en relación con esto mismo, pues en su libro Las metáforas de la crítica (Gedisa, 2015) lo define como el poder del lector de dialogar con una obra literaria para comprenderla, ya que para él “gozar es comprender”.

Nos acercamos a Evodio Escalante para conocer un poco más de su vida y de los autores que lo marcaron.

 

Un joven revolucionario en el extravío

Evodio Escalante nació en la capital de Durango el 2 de enero de 1946. Su vida “ha sido una serie de extravíos, porque tardé mucho tiempo en encontrar mi vocación en la literatura. Estudié la carrera de Derecho en Durango, porque pensé que era lo más cercano a las Humanidades. Pero también tenía el germen de la politización izquierdista, unido al afán de buscar otros horizontes. Entonces tuve una primera excursión a la Ciudad de México y logré ingresar a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales”.

Debemos recordar que era la década de 1960, un momento álgido para la política mexicana y, sobre todo, para los movimientos sociales y estudiantiles. Evodio Escalante recuerda que “la Facultad de Ciencias Políticas era muy politizada, con periódicos murales del Partido Estudiantil Socialista. Era una época de mucha ideologización. Como desde muy joven fui lector de Carlos Marx, me radicalicé e intenté hacer la revolución. Terminé dejando la Facultad y anduve algún tiempo a la deriva cuando llegó el 68. Afortunadamente, al encontrarme ya sin brújula, dejé la Ciudad de México y regresé a Durango con la idea de terminar la carrera de Leyes y ese fue un golpe de fortuna porque de otro modo me hubiera tocado la represión en pleno movimiento estudiantil del 68 y a lo mejor no viviría para contarlo”. 

Tiempo de encuentros y el nacimiento de un crítico

En Las metáforas de la crítica, Escalante afirma que la crítica debe ser permanente en diarios, revistas, libros, como lo hicieran en su momento Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Fuertes y Carlos Monsiváis. Tal vez por seguir a estos maestros, una parte importante del trabajo de Escalante ha estado dedicada a la literatura mexicana. “Había leído de manera precoz a José Revueltas y otras obras como la de Octavio Paz. Pero Revueltas me marcó, porque desde joven tuve acceso al El luto humano, Los muros de agua, Dios en la Tierra, y como Revueltas era de Durango, como yo, había una empatía inicial y eso se complementó con que Revueltas fuera una figura de la izquierda, crítico del capitalismo”.

Evodio Escalante es un protagonista en los diarios y secciones culturales, espacios que cultivó desde su juventud: “Debo decir que también influyó en mí la lectura de los suplementos culturales de aquella época, sobre todo el suplemento La cultura en México que aparecía en la revista Siempre!, que ya no hacía Fernando Benítez sino José Emilio Pacheco y Monsiváis. Por ejemplo, la primera vez que leí a T.S. Eliot fue en una traducción que apareció en el suplemento de Siempre! Me inicié en la crítica literaria por una invitación que me hizo Carlos Monsiváis. Lo había conocido en Jalapa en un congreso de literatura en donde también conocí en persona a José Revueltas entre 1972 y 1973. Poco después vine a la Ciudad de México para una lectura que hizo José Joaquín Blanco en Bellas Artes y a la salida me alcanzó Monsiváis y me hizo una pregunta: ‘Oye, ¿no te gustaría escribir reseñas de libros para una revista que se lee en las peluquerías?’ Entonces le dije que no tenía problema. Y así inicié en la crítica literaria”. 

Fundador de la UAM

Por aquellos años a Evodio Escalante comenzó a interesarle la filosofía, en especial la proveniente de Alemania. Lecturas de pensadores como Hegel, Husserl, Nietzsche, Heidegger, llenaron sus inquietudes al momento en que tomó la decisión de trasladarse de nueva cuenta a la Ciudad de México, ya casado y con dos hijos. Esta segunda etapa en la capital del país la vivió bajo una complicada situación económica que resolvió tras el reencuentro con Monsiváis: “Recuerdo que Paloma Villegas me decía que Monsiváis era una agencia de empleos, y me pidió que le preguntara si tenía algo para mí. Carlos me contactó con la maestra Elsa Collera, quien había sido nombrada directora de extensión cultural de una universidad que aún no existía, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), y ese paso fue estratégico, porque entré a hacerla de mil usos en Difusión Cultural de la UAM Iztapalapa.

“Ahí conocí a Luis Villoro, personaje de extraordinaria inteligencia y generosidad, y hablé con él y le dije que estaba dando un taller de redacción en Casa del Lago. Sabía que tenía talleres de redacción en la división de Ciencias Sociales de la UAM y me dijo que me iba a invitar a dar clases y lo cumplió”.

Escalante recuerda que este proceso fue fortuito, porque justamente se estaba formando la UAM en respuesta académica al movimiento estudiantil de 1968, con un decreto del presidente Luis Echeverría. Evodio Escalante cree que para “sacarse la espina” durante su sexenio (1970–1976), Echeverría coqueteó con la izquierda y respondió a la demanda estudiantil tras el diagnóstico de que la UNAM había crecido en demasía en los años anteriores. Fue así como llegó a la UAM y, sobre todo, a Iztapalapa: “Juan Villoro, quien estudió ahí sociología, decía que era como llegar a la superficie de la Luna, pues era una zona económicamente deprimida y con esa piedra caliza sin árboles ni pasto”. 

Lecturas filosóficas y marxismo

“En ese periodo Eugenia Revueltas era mi amiga y me preguntó por qué no hacía una maestría en Letras. Le hice caso, ingresé a la maestría y se me impuso que mi tesis debería ser sobre José Revueltas. Ahí conocí a Jorge Aguilar Mora, que era profesor en la UAM Iztapalapa (después se fue a Puerto Rico). La cercanía con Aguilar Mora fue realmente enriquecedora: venía de estudiar en Francia, alumno de Roland Barthes, y también estaba influido por las lecturas nietzscheanas. Ahora que lo veo, parte de mi lectura intelectual en torno a Revueltas se la debo a Aguilar Mora. Siempre tuve la inquietud por la filosofía, lo entiendo como derivado natural de mi interés por Carlos Marx, porque Marx estaba aplicando la dialéctica de Hegel. Me fui acercando a la filosofía alemana sin querer, después leí a Nietzsche, a los románticos alemanes, ahí está Hörderlin, está Niezstche, Paul Celan. Me fui acercando a la filosofía alemana como algo que me atraía muchísimo”.

Justo en su libro sobre la poética de Jorge Cuesta, Escalante habla con su poesía, se comunica y entiende que él, al igual que Heidegger, pensaba que la poesía era la protectora del lenguaje. Escalante afirma en este libro que comprender estas ideas es un gozo, por ello su pasión por entender la realidad, sea literaria, social o cultural. Y para esto, la lectura de Marx fue fundamental. “En mi época de estudiante recuerdo la lectura de La revolución teórica de Marx de Althusser, que me impactó mucho; era un marxismo leído por los franceses y un libro que ya no se reeditó pero fue un polvorín, así como ¿Revolución en la revolución? de Régis Debray. Sin duda eran tiempos de péndulo, que pasaban de una politización izquierdista extrema a una despolitización y luego a un predominio de la derecha. Creo que el marxismo ha desaparecido y se ha desprestigiado”.

Sin embargo, le pregunto si no cree que actualmente algunos autores están recuperando el marxismo. “No sé si el marxismo se esté recuperando, lo que pienso es que Marx dejó algo muy sólido, porque el capital controla la historia del mundo. Ahora nos sentimos desorientados, muy posmodernos, suspendidos en el aire, ya no hay fines, ya no tenemos relato ni finalidad. Estamos desorientados y presas del nihilismo, eso lo podemos comprender porque lo hemos compartido, pero la economía del mundo es capitalista y es salvaje. Esa economía sabe lo que quiere: más ganancia”. 

El crítico que critica su realidad

Al autor de José Revueltas, la literatura del lado moridor le interesa pensar el mundo actual, el avance de lo que denomina “el sistema de la derecha” en detrimento de aquellos movimientos de izquierda pujantes en el pasado.

—¿Cómo ves a la izquierda?

—Está atomizada. Hay que esperar que vuelva a reconstruirse la opinión pública y el sistema de partidos, pues el régimen de partidos está corrompido. El gobierno ha sido astuto, le ha dado dinero a los partidos, incluso a los partidos de la oposición. Eso provoca que la famosa democracia mexicana sea un mal chiste.

—¿No hay voces críticas en la sociedad?

Hay voces críticas, pero el sistema las neutraliza, no permite que las críticas contribuyan. Por ejemplo, en otro momento, en Francia, lo que decía Sartre podía hacer temblar a un gobierno; aquí no tenemos una figura de ese tipo y a veces las críticas debes leerlas en periódicos extranjeros, como en El País. El periodismo mexicano está sometido.

—¿Cómo debería ser esa crítica?

—La crítica es un ejercicio de la verdad. Un poco a la sombra de Nietzsche, diría que lo que anima la crítica es una voluntad por la verdad. No hablo de esa verdad con mayúscula, porque eso es de la filosofía, pero el crítico debe decir su verdad, debe reaccionar ante los acontecimientos, entre ellos a los literarios, y decir su verdad sabiendo que puede estar equivocado.


La polémica ya no existe en México

“Soy partidario de la polémica. En una atmósfera sana tendría que haber polémica pero la realidad es triste; es difícil que en México haya polémicas, es decir, a menudo hay posiciones polémicas, pero en la verdadera polémica debe haber un intercambio”.

—No siempre fue así. ¿Quién ha sido un buen polemista en México?

—Octavio Paz, figura notable con la que tengo una relación de admiración y de crítica al mismo tiempo. En 1954 publicó un artículo crítico violentísimo en contra de la antología La poesía mexicana moderna que acababa de publicar el Fondo de Cultura Económica. Esa crítica aparece en las páginas de México en la Culturade Novedades, y fue devastadora. Qué inteligente y cirujano fue Octavio Paz cuando se puso en su papel de crítico. Bastaría leer ese texto demoledor para reconocer que Octavio Paz era un gran crítico literario en funciones y lograba su objetivo, porque esa antología hecha por Antonio Castro Leal no se volvió a publicar. En la antología había ya dos grandes poetas, Carlos Pellicer y Octavio Paz, pero Castro Leal cometió el error de criticar a Paz diciéndole que ya se había olvidado de sus ideas revolucionarias por volverse surrealista y eso provocó el enojo de Paz que replicó a Castro Leal y no se quedó ahí, sino que hizo un balance de la antología y señaló errores imperdonables de Castro Leal, como pensar que la poesía mexicana es fina, es delicada, es tenue u otro error imperdonable: Castro Leal le quitó estrofas a los poemas. La crítica de Octavio Paz fue tan efectiva que desplazó a Castro Leal del panorama. Y cuando el Fondo de Cultura Económica decide hacer una nueva antología se la piden a Octavio Paz. Ese es el origen de Poesía en movimiento, que no aparece en el Fondo porque se entromete el sexenio de Díaz Ordaz y Arnaldo Orfila es obligado a renunciar.

 El misterio de las “tradiciones”

En 2013, Escalante publicó un largo ensayo sobre el Premio Nobel de Literatura, bajo el título de Las sendas perdidas de Octavio Paz, un texto polémico pues el profesor de la UAM Iztapalapa evidencia los momentos y cambios de pensamiento del autor de El laberinto de la soledad. Ahí Evodio Escalante anuncia la importancia de las “tradiciones”, ya que afirma que “no hay Guernica sin un Pablo Picasso cubista”, de la misma forma en que “no hay Paz sin Contemporáneos”. ¿Por qué le interesó este grupo a Escalante?

“En la segunda mitad del siglo XX la hegemonía de Contemporáneos era evidente. En la década de 1970, José Joaquín Blanco, brillante crítico literario, publicó su libro Crónica de la poesía mexicana, y en la portada hay un dibujo de Villaurrutia. El poeta que más le llega a José Joaquín Blanco es Villaurrutia y unos pocos años después, posiblemente como respuesta a este libro, Octavio Paz escribe su Xavier Villaurrutia en persona y en obra donde reivindica su vínculo con Contemporáneos y en especial con Villaurrutia. En el terreno de la poesía, que es el arte más difícil, Contemporáneos es un paradigma. Me fui inclinando como crítico literario y como crítico escribes un poco de todo. En esa variedad me fui inclinando a la poesía y decidí hacer un estudio extenso sobre José Gorostiza. Me quedé enganchado y trabajé Muerte sin fin, y después me pregunté: ¿por qué no ocuparse entonces de ese poema poco estudiado que es Canto a un dios mineral de Jorge Cuesta? Hay cercanía y vínculos entre ambos poemas, además de que Gorostiza y Cuesta eran amigos”.

El libro sobre Gorostiza se titula Entre la redención y la catástrofe y el ensayo sobre Cuesta es Metafísica y delirio. Sobre el nacimiento de este último, Evodio Escalante no puede dejar de citar a Rubén Salazar Mallén: “Tuve la fortuna de tratarlo. Una vez me integré a una tertulia en su casa y una de las primeras cosas que recuerdo es que de pronto me lanzó la pregunta: ‘Oiga, ¿y usted qué opina del Canto a un dios mineral?’ Mi respuesta, honesta, fue: ‘No puedo opinar porque no entiendo el poema, lo he leído pero no alcanzo a entenderlo’. Parece que a don Rubén le gustó esa contestación, pero ahí me quedó la espinita y surgió esa tarea pendiente de escribir el texto sobre Jorge Cuesta, que es una leyenda: sus problemas con la homosexualidad, el suicidio, su internamiento en La Castañeda”.

El prejuicio de la academia sobre el periodismo

Evodio Escalante es académico pero también escribe en revistas y periódicos. Le pregunto: “¿Te has sentido relegado de un lado u otro?”

“No me he sentido relegado por haber hecho una crítica, pero sí es un fenómeno estructural preocupante. Por un lado está el mundo de la academia y por otro el mundo del periodismo. La academia está cerrada, hay ahí un gueto de excelencia; sin embargo, también en el periodismo cultural se dicen cosas importantes, pero la universidad es impermeable, se protege de lo que se diga afuera. Incluso hay un menosprecio hacia el periodismo. Me tocó vivirlo de manera gráfica hace años cuando se creó el Sistema Nacional de Investigadores (SNI): presenté mi solicitud, fui admitido y cada tres años se hace una renovación. En una de esas renovaciones me llegó la noticia de que me habían bajado de nivel. Estaba en nivel 2 y me bajaron al 1, y dije: ‘qué hice mal, es al revés, estoy trabajando y publicando más’. Y fui a hablar con los dictaminadores del SNI y su respuesta fue sintomática: ‘Oiga, no me haga mucho caso, pero creo que su problema es que usted publica mucho en los periódicos’. Es un prejuicio horrible que debe terminar”.