Escribir pensando en escopetas

Los paisajes invisibles
Los Burroughs
Los Burroughs

Ciudad de México

Cinco años antes de su muerte, el tal Billy cenaba en compañía de su padre y de Allen Ginsberg cuando comenzaron las arcadas. Vertió un reguero de sangre sobre la mesa, lo llevaron al Hospital General de Colorado. El trasplante de hígado era inevitable; la cirrosis le había devorado de modo prematuro: tenía 28 mientras que su padre 62 y Ginsberg 50 exactos, pero los órganos de aquellos viejos parecían hechos de otro material, de ciertos elementos resistentes al alcohol, las drogas y el delirio o quizá sería que se habían curtido de otro modo.

El tal Billy pasó meses de internamiento, la operación fue tan exitosa que lo primero que hizo al cruzar la puerta del nosocomio fue beber varias cervezas, como ya había sucedido en otras ocasiones, por ejemplo cuando salía de la cárcel, del psiquiátrico, de los centros de rehabilitación.

Vivió a la sombra de su padre, al que seguramente sigue maldiciendo desde el círculo del averno al que llegó (si no es que andan por el mismo rumbo), pues al final de su andrajosa existencia repudió airadamente a aquel tipo que mató a su madre Joan en la colonia Roma y que lo abandonó en casa de sus abuelos, el tipo que le dio asilo a regañadientes en Tánger, el que enviaba giros postales para pagar las múltiples fianzas para liberarlo de múltiples prisiones, y quizá es por ello que intentó vengarse de la mejor forma que podía: escribiendo novelas que se parecían más a las de Jack Kerouac, y con un inusual pero legítimo sentido del humor que no cualquier adicto puede presumir, sobre todo el otro Bill, su padre.

De hecho, la primera novela de WB Jr., Speed (1970), fue moderadamente celebrada por la crítica, que la relacionó con On the Road, ya que una buena parte de ese libro autobiográfico se centra en el viaje a Nueva York que hace con uno de sus colegas, luego de huir de la casa en que creció y de maltratar salvajemente a su pobre abuela. Sin embargo, el que quizá pudo ser su mejor libro, y aquí el pudo es inevitable porque nunca lo acabó, fue Pakriti Junction, que se publicó póstumamente bajo el título de Cursed from Birth: The Short, Unhappy Life of William Burroughs Jr., compilación de los textos de Pakriti… editados por David Ohle a petición expresa de William padre.

Cárceles, sanatorios, borracheras, trips narcóticos, divanes de terapia, cárceles y vuelta a empezar, Cursed from Birth tiene algunas virtudes que redimen a ese relato de algo peor que los bajos fondos, entre los que destacan el temple para evocar los lodazales ontológicos con una nitidez casi fotográfica, los diálogos como copiados de un magnetófono, los escenarios que de tan cochambrosos pueden olerse, sentirse en su patética miseria, la naturalidad para encontrar un poco de sosiego en el hundimiento inexorable: Billy sale de la cárcel luego de que su chica hace hasta lo imposible para que Bill padre les envíe la fianza desde Londres. En la calle hace esfuerzos sobrehumanos para no beber en el bar que hay frente a la penitenciaría. Después de despacharse dos litros de cerveza, toman la autopista para volver a Colorado y estrella la furgoneta en una curva. No hay nada que hacer. Sin pena, sin reconcomio, hacen el amor en la parte trasera de la furgoneta mientras el mundo adquiere un tono blanco y negro.

Los padres culposos siempre intentan redimirse haciendo alguna buena acción post mortem por sus hijos que nunca atendieron ni les importaron. La de Burroughs fue contratar a Ohle para que compilara y editara ese último libro aunque la pregunta es inevitable: ¿hasta qué punto, para bien o para mal, respetó el original?

William padre mató a Joan con una de sus pistolas. El tal Bill Jr. hirió a un amigo con uno de los rifles de la familia Burroughs. Ambos escribían pensando en escopetas.