Nada es más creador que decir no a la crueldad: Todorov

Esta entrevista al pensador francobúlgaro se publicó en el suplemento Laberinto el 23 de julio de 2016. En ella, Todorov —fallecido este 7 de febrero— habla sobre 'Insumisos', su último libro.
El búlgaro tiene un nuevo libro
El búlgaro tiene un nuevo libro (Cristina Calderer)

París

En su más reciente libro, Insumisos (Galaxia Gutemberg, España, 2016), el ensayista e historiador Tzvetan Todorov (Sofía, 1939) aborda, a partir de una serie de retratos, varios de los temas que han marcado su pensamiento: la relación con el otro, la vida moral de quienes se enfrentan a situaciones extremas, la construcción de un vivir juntos.

Retrata así la vida —marcada por decisiones morales— de personalidades tan diversas como la resistente francesa Germaine Tillion, los escritores rusos Boris Pasternak y Aleksandr Solzhenitsyn, las figuras políticas Nelson Mandela y Malcom X, o a un personaje contemporáneo como Edward Snowden. Las historias de vida que relata muestran que la empatía y el amor —que nos acercan a los otros— pueden tener una eficacia política.

TE RECOMENDAMOS: Octavio Paz no complacía al poder en turno: Todorov

A lo largo de esta entrevista realizada en su casa en París, Tzvetan Todorov reflexiona acerca de la necesidad de vincular nuevamente la acción política a la acción moral, mediante una apertura hacia los demás que nos lleve a superar los maniqueísmos que nos oponen y separan.

—Insumisos parece ocupar un lugar particular en su obra, como si de cierta manera trazara su trayectoria personal. ¿Podría decirnos qué lo llevó a escribir este libro?

Uno nunca conoce las razones que lo llevan a escribir un libro. Algo que ciertamente influyó en este último es que he dejado de escribir acerca de cuestiones que solo interesan a mis colegas, es decir, cuestiones que se han vuelto específicas de una disciplina. Me parecía que si uno ha adquirido realmente ciertos conocimientos, dominado ciertos elementos de análisis, tiene que ponerlos a prueba al interesarse en problemas existenciales, políticos o morales que le parecen básicos y aquí tal es el caso. De hecho, Insumisos surgió de una interrogación que me habita desde hace largo tiempo sobre la relación entre política y moral. Hoy en día observamos que ya no coinciden: se le puede pedir al hombre político cualidades que no son de orden moral; nadie le exige cualidades de orden moral, su vida privada no nos interesa, sino únicamente lo que hace, las consecuencias de sus actos, mas no sus intenciones, y terminamos separando los dos ámbitos pero, al mismo tiempo, no podemos hacerlo de manera radical y nos damos cuenta de que hay un momento en el que es necesario que coincidan. 

Uno nunca conoce las razones que lo llevan a escribir un libro: Todorov


Otra evolución en mi modo de trabajar consiste en que me parece más interesante proceder mediante el ejemplo que mediante la abstracción. En lugar de escribir una teoría abstracta de la insumisión, de la resistencia o de los recursos para sobrevivir en condiciones extremas, he preferido tomar los ejemplos de personas que me son más o menos familiares, de personas reales. No quería hablar, por ejemplo, del trabajo de los escritores, sino más bien de cómo la vida influyó en ellos, los acontecimientos que atravesaron. Las personas del libro son como personajes de una novela, solo que el autor es la vida misma. La mayoría de las personas que abordo son ampliamente conocidas e intenté examinarlas a la luz de esta pregunta: ¿en qué medida su acción política se fundó en características morales, es decir, en una especie de contrato moral que establecieron con el mundo?

—En la definición que propone de la insumisión al inicio del libro, concebida como ese rechazo a someterse dócilmente a las imposiciones, destaca también otro de sus rasgos: su carácter positivo e incluso creativo. ¿Podría hablarnos más al respecto?

La insumisión, en su sentido más general, está por todas partes. Los niños, por ejemplo, pueden ser unos verdaderos insumisos, o los criminales. Pero no empleo la palabra en un sentido tan amplio. Aunque no dé una definición muy estricta, es el contexto de utilización del término lo que ante todo permite circunscribirlo mejor. La insumisión podría parecer una actividad destructora pues la palabra misma aparece como una negación de la sumisión, que es lo que nos recuerda el prefijo “in”. Sin embargo, habría que entenderla en su sentido positivo, como lo indica el epígrafe del libro que retoma las palabras de Germaine Tillion, que participó en la resistencia francesa. Para ella, no solamente se trataba de negar algo, de combatirlo, sino de afirmar positivamente lo contrario contra lo que se luchaba: “Para mí, la resistencia consiste en decir no. Pero decir no es en sí una afirmación. Encontramos algo muy positivo cuando decimos no al asesinato, al crimen. No existe nada que sea más creador que decir no a la crueldad, a la pena de muerte”.

Por otra parte, quería distinguir a los insumisos de los que hacen las revoluciones, de los que construyen utopías, imperios o grandes proyectos y que no tienen en su vida más que una sola obsesión, a la que consagran toda su existencia hasta realizarla. Porque en el caso de mis insumisos —si puedo llamarlos así— siempre hay una acción anterior que agravó la situación común, ya fuera la ocupación nazi, la imposición de las leyes del Apartheid o la vigilancia de toda la población que se ha disparado o bien la negación del derecho a la igualdad a una parte de la población.


—A lo largo de su ensayo, podemos observar la importancia que tiene Etty Hillesum en su pensamiento, en particular su manera de recurrir a la empatía aun en las situaciones más extremas. De hecho, la empatía parece ocupar un lugar determinante en su reflexión acerca de los insumisos.

Es verdad que siento una gran empatía por mis personajes pero, a mi parecer, sin esta empatía el trabajo de estudio crítico, de interpretación, sería fastidioso y existiría el riesgo de que no produzca resultados interesantes. Es indispensable que exista una empatía, de lo contrario uno no hará más que repetir lo que otros ya han dicho o lo que el autor ha expresado. Para que se produzca una plusvalía en la interpretación, debemos buscar los recursos en nosotros mismos.

Etty Hillesum es un caso límite en varios aspectos. El libro comienza con ella porque es la experiencia más antigua de todas las que relato. Ya había escrito acerca de ella en Frente al límite (1994), pero su ejemplo sigue fascinándome porque toca un punto extremo, ya que optó por situarse del lado moral y no político. No le interesaba saber de qué manera influir en los acontecimientos en curso, no buscaba entrar tampoco en la resistencia, incluso toda idea de guerra le era ajena. Su vida estuvo marcada por esa aceptación radical del mundo en que vivía. Para ella, el mundo es bello por su existencia misma, lo cual hizo que ni los campos de concentración o la deportación destruyeran esta percepción tan suya del mundo. Se trata entonces de un ejemplo muy extremo pero que me parece conmovedor y ante todo interesante, ya que ilustra uno de los límites de ese tipo de actitudes. Ningún otro de mis personajes estuvo tan cerca, como ella, de una forma de santidad, de una visión extra–mundana. Y todo esto desemboca en su condena del odio, que le permite no odiar al oficial de la Gestapo que la interrogó o al que la deportó, pues juzgaba que dejarse contaminar por el odio que el enemigo siente hacia uno representa una victoria para él. Y es algo a lo que resiste de manera absoluta. No podría recomendar esto a todo el mundo pero creo que su ejemplo permite reflexionar sobre una situación excesiva que ningún otro ejemplo ofrece.

—Otra característica de la insumisión que encontramos en Etty Hillesum es su relación con la alegría, incluso con un estado de felicidad que logra alcanzar, a pesar de las terribles condiciones de vida que padeció. Cita usted esta sorprendente frase, que aparece en su diario: “Dejamos el campo cantando”. Y en el ejemplo de Germaine Tillion, apunta la necesidad de conservar esta alegría, cultivando el humor al mismo tiempo. Parece una combinación imposible en el clima político y social actual.

Por eso mismo prefiero contar historias ejemplares en lugar de hacer una teoría que no sea más que un inventario de características. Las historias muestran precisamente cómo cada personaje enriquece el esquema general. En efecto, no es fácil combinar el compromiso, la implicación en la resistencia y el humor; sin embargo, el caso de Tillion lo prueba porque es algo que siempre practicó en sus escritos. Le parecía indispensable oponer al énfasis lloroso de la lucha la alegría y el humor, que consideraba intelectualmente más estimulantes. 

TE RECOMENDAMOS: Murió el pensador Tzvetan Todorov

—En el caso de Boris Pasternak, resulta difícil entender su insumisión, sobre todo porque, así como usted lo expone, cedió a las presiones de las autoridades soviéticas para renunciar al Premio Nobel que le fue otorgado en 1958. ¿En qué consistiría entonces su resistencia al régimen totalitario?

Su momento de insumisión abarca esencialmente los años de 1945 a 1956, cuando escribía Doctor Zhivago, que realizó sin tomar en cuenta las exigencias de la sociedad en la que vivía. Así que la escribió en toda libertad, sabiendo que existía la posibilidad de que nunca fuera publicada. Aunque cuando la oportunidad se presentó, hizo todo lo posible para que la publicaran en el extranjero. Después vino el Premio Nobel, que fue una auténtica sorpresa para él. Cuando lo amenazaron con expulsarlo del país si no renegaba de lo que había hecho, prefirió someterse, volver a una posición que podríamos ver como más convencional y que, por cierto, le reprochará Solzhenitsyn, así como otros disidentes soviéticos que consideraban que no se había comportado a la altura, como un héroe.

Pero no creo que su intención haya sido en ningún momento actuar de manera heroica, pues estaba muy apegado a las personas que lo rodeaban, más que a un ideal abstracto. Podríamos incluso decir que se puso al servicio de aquellos con quienes tenía relaciones muy estrechas, sus mujeres, sus hijos, sus amigos más allegados, a los que ayudaba económicamente.

Además, le parecía que los lectores del mundo entero, mediante el acto de publicación de su novela, habían entendido su mensaje y entenderían también que lo habían obligado a hacer ciertas declaraciones para que pudiera evitar la prisión. Por ello, Pasternak representa un ejemplo valioso para mí, porque es quien se acerca más a nuestras dudas, a nuestras vacilaciones e incertidumbres. A Pasternak, como a la mayoría de nosotros, le costaba sacrificarlo todo por esa tarea que sentía era la suya. Como él, todos quisiéramos conciliar ambos aspectos de nuestras vidas. Es un gran ejemplo ya que encarna esa insumisión que da un buen golpe al régimen totalitario, pero al mismo tiempo no es un superhéroe, es un hombre ordinario que intenta conservar el amor de las personas que quiere y eso lo acerca aún más a nosotros.

—La cuestión del individuo aparece ligada estrechamente a su reflexión acerca de la libertad. Para ser libre, ¿le parecería que el individuo debería oponerse a toda forma de colectivismo o de asociación?

Esta insumisión de la que hablo y que es una forma de insumisión interna contra las convenciones, los hábitos, las tradiciones, las soluciones fáciles, implica estar listo a hacerlo, listo a poner algo más por encima de la pertenencia al grupo, y no tanto a disociarse de la comunidad a la que se pertenece. Rousseau apunta en uno de sus escritos biográficos que “todo hombre de partido es un enemigo de la realidad”. Adherirse a un partido implica una lealtad y una defensa absolutas aunque se sepa que no es justo lo que el partido expone. Así, el hombre o la mujer de los ejemplos que doy en el libro no son personas solitarias, opositores heréticos que rechacen toda semejanza con su prójimo.

Un gran ejemplo de esto es Nelson Mandela, que permaneció siempre al lado de sus compañeros de lucha en el seno del CNA (Consejo Nacional Africano) para combatir el Apartheid y avanzar, aunque estaba dispuesto a renunciar a sus hábitos de pensamiento. Por ejemplo, era capaz de no despreciar la cultura afrikáner, a pesar de que sus compañeros lo hicieran pues consideraba que reconocer la humanidad del enemigo era un medio para hacer que éste reconociera su propia humanidad. Su apego a lo que creía que era la verdad fue más poderoso, así que lo vimos adoptar actitudes que los demás jamás habrían aceptado. Se trata de individuos que son conscientes de que el individuo no existe fuera de un medio interhumano, fuera de su relación con los otros. No hay autarquía, ni autonomía en sentido fuerte.


—En Insumisos habla con frecuencia de lo que tenemos todos en común y lo que nos permitiría distinguir lo que es verdadero y justo. ¿Cree que esto en común entre los seres humanos es algo que nos precede o es más bien algo que debemos construir?

Se trata de una afirmación tan general que no puede probarse, forma parte de los postulados en los que me baso. Siempre he pensado que tenemos algo más en común que el simple hecho de poder reproducirnos entre nosotros y que afirmaría nuestra pertenencia a la misma especie. Pero esto que es casi una fe en la existencia de valores, de reacciones comunes, hemos podido observarlo a lo largo de todas las épocas y culturas (cada una, desde luego, con su especificidad temporal y cultural) y que han dado cabida siempre a esta capacidad de empatía que tenemos, la posibilidad de comprender las reacciones de los otros, aun cuando exista una gran diferencia entre nosotros. Tal y como lo muestra Montaigne en su ensayo sobre los caníbales, que escribió precisamente para mostrar lo que tenía en común con ellos.

Podríamos decir que se trata, al mismo tiempo, de algo que ya existe y de algo por construir. Pero es algo que se construye a partir de elementos observables, no es una pura construcción. Esta manera de ir hacia el otro me parece una característica humana. 

—Dedica un capítulo al activista israelí David Shulman, quien participa en un grupo de voluntarios palestinos e israelíes, Ta’ayush, que lucha por la paz, con el fin de terminar con la ocupación y busca la igualdad de derechos cívicos en el seno mismo de Israel. Cita de él una frase: “Nada amenaza tanto la ocupación como un hombre bueno y no violento”. ¿Por qué decidió hablar de alguien tan poco mediático?

En efecto, no es alguien muy conocido. Aunque debo decir que nunca me he encontrado con él, solo conozco sus escritos y los relatos de su activismo. Es cierto que se trata de una frase sorprendenteque encuentra un eco en la posición de Etty Hillesum. Ese rechazo de entrar en la lógica de las represalias, de la venganza y el resentimiento, y que puede resultar más eficaz que lo contrario. En su caso, se trata solo de testimoniar, de estar presente para que de cierta manera, mediante el ejemplo, se intente prevenir la discriminación de una parte de la población a la que se le controla en exceso.Es un combate desesperado ya que hay un contexto geopolítico tal que, en general, la población del país aprueba una actitud aún más represiva. No obstante, me parece que al comportarse así, Shulman permite que la población llegue a tomar conciencia en un momento dado. Las semillas que siembra producirán sus frutos, no sé cuándo, pero con certeza lo será algún día.

Existe siempre un conflicto, un peligro, cuando los valores no se encarnan en decisiones políticas.


Debemos pensar que el hecho de haber identificado que una causa es justa, aunque parezca perdida, es una afirmación, un acto creativo que añade algo al mundo, algo que no desparecerá y que, eventualmente, más tarde producirá resultados. Tenemos que resistir porque habrá ocasiones en las que durante largo tiempo no ocurrirá nada.

—Su libro ofrece una perspectiva que podría resultar muy benéfica para ver de manera diferente a los terroristas que cometieron los recientes atentados en Francia y Bélgica.

En casos como esos no tendríamos que dejarnos invadir automáticamente por la ira, aunque es necesario que exista, pero también debemos intentar entender cómo se llegó a tal situación y no excluir de entrada a los terroristas del círculo de la humanidad, ni pensar que pertenecen a otra especie de hombre, tratarlos como si fueran subhombres. Son como nosotros pero otras circunstancias y situaciones han hecho que adopten ese tipo de comportamiento radical. Debemos tener en cuenta la humanidad del enemigo y no ceder a esta inquietud actual con respecto a los extranjeros en general y a los extranjeros musulmanes en particular, a los que se les relaciona con el peligro terrorista. De cierta manera, Insumisos aborda ya estas cuestiones.

En el conflicto que nos opone a los terroristas islámicos, la pregunta sería cómo encontrar una actitud equivalente a la que, por ejemplo, tuvo Mandela con respecto a sus enemigos políticos —los dirigentes afrikáners— y que logró su cometido al reconocerles su lado humano. Este temor ante el otro está muy presente en Europa y es una de las explicaciones del reciente voto inglés por la salida de la Unión Europea. Aunque el hecho de que la Gran Bretaña se retire de Europa no me parece preocupante, pues el continente europeo podrá salir adelante sin ella, lo grave es que un gran país democrático se haya dejado llevar por un populismo nacionalista que puede manifestarse en otras partes. 

—¿Cuál sería su opinión de la Europa actual?

Existe siempre un conflicto, un peligro, cuando los valores no se encarnan en decisiones políticas, en el derecho, en la forma de las instituciones y, en este sentido, es importante no quedarse en el discurso moral, en su acepción común de una formulación de reglas de buena conducta. Sabemos que eso no convence a los individuos cuando están confrontados al peligro, al miedo, ya que reaccionan en función de otros criterios. Tenemos que analizar los logros que consideramos valiosos, por ejemplo, el hecho de que la tradición europea trate de establecer un equilibrio entre la búsqueda de la libertad y la búsqueda de la igualdad, entre el problema del bien común, del interés general y la libertad del individuo que representa también un logro, pero que puede transformarse en lo contrario y volverse una libertad ilimitada que se acompañe de enormes disparidades en el poder.

Las dificultades de la construcción de la Unión Europea son, de cualquier forma, una lección, porque provienen del hecho de que nada se impone por la fuerza, sino que se busca el consenso y el acuerdo tanto de unos como de otros: el compromiso. Y por tanto, todo avanza muy lentamente. 

—¿Consideraría a escritores laicos musulmanes como los argelinos Boualem Sansal y Kamel Daoud o el poeta sirio Adonis como insumisos? Al igual que las personas que describe, se han rebelado contra la opinión de su propia comunidad y han denunciado —poniéndose incluso en riesgo— la violencia islamista.

Mi reacción al respecto es un tanto complicada pues, por una parte, tiene usted razón al decir que se trata de gente que se rebela, que rehúsa someterse al consenso tácito o expreso de su comunidad, y que se atreven a criticar desde el interior. Así que desde ese punto de vista podemos decir que tienen su lugar entre los insumisos tal como los describo en el libro. No obstante, no podemos ignorar el contexto más amplio en el que se expresan y los ejemplos que usted retoma son de escritores que se dirigen a la opinión pública occidental, que es muy diferente a la de sus países.

Aquí hay una tendencia a acusar al Islam de todos los males y así cuando uno de esos escritores publica sus críticas, por ejemplo en Francia o en Alemania, refuerza los lugares comunes que se tiene sobre esos países. Lo que hace las cosas difíciles es que según el contexto en el que se aborden estas cuestiones, la actitud cambia. Mientras actúen en el marco de su cultura, podemos decir que se conducen como insumisos pues desempeñan un papel esencial en la promoción de un ideal, si no laico a la francesa, por lo menos de tolerancia, de separación entre lo teológico y lo político. Sin embargo, cuando se dirigen a la comunidad occidental ocupan el lugar que los enemigos de esas poblaciones adoptan con facilidad, para encontrar la justificación de su política de exclusión.