ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ

El documental 'La omisión: caso Julio César Mondragón' es otra mirada a los hechos de Ayotzinapa, a través de la reconstrucción biográfica del joven desollado en Iguala

Nada es apolítico desde una perspectiva social: Andrés Landeros y Lilián Hernández

Cartel promocional de la película.
Cartel promocional de la película.

El 4 de noviembre de 2015, peritos mexicanos y expertos argentinos iniciaron la exhumación del cadáver de Julio César Mondragón, el joven asesinado y desollado la misma noche en que fueron detenidos y desaparecidos sus 43 compañeros de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos. Al margen de la denuncia y del sesgo político que envuelve a esta historia, Andrés Landeros y Lilián Hernández se propusieron investigar quién fue la víctima. El resultado está en el filme La omisión: caso Julio César Mondragón, que se proyectará en la Cineteca Nacional el próximo 20 de noviembre.

 

¿Cómo se acercó a la historia de Julio César Mondragón?

Andrés Landeros: El primer acercamiento fueron las imágenes que vimos en Internet sobre lo sucedido entre el 26 y el 27 de septiembre en Iguala. La imagen de Julio César era indignante, dolosa, y anunciaba una amenaza hacia todo aquel que criticara al gobierno. Una segunda lectura advertía que las represiones empezarían a ser más fuertes. Así como se viralizaron las fotografías del desollamiento de Julio César, también se apagaron, supongo que debido a que son la prueba física del delito que cometieron las autoridades en Iguala. Y conste que no es mi opinión; es lo que resultó del documental.

 

Su historia se ha manejado como un episodio alterno al de los 43 normalistas desaparecidos. ¿Esto dificultó su investigación?

Andrés Landeros: La dificultad del documental radicó en convertir una desgracia en algo atractivo para la gente. Se puede apelar a que el morbo es lo que vende pero aun así la mayoría va al cine para entretenerse y abstraerse de la realidad. Un documental de este tipo no es amable por ningún lado.

 

¿Cuál fue el límite que se impuso a la hora de cuestionar a los familiares de Julio César Mondragón?

Andrés Landeros: Fuimos duros con los familiares. Queríamos contrastar sus opiniones con la verdad de la PGR, así que no nos cuidamos demasiado. Al principio, la abogada quería guardarse la información. No me limité a investigar si los padres o los familiares estaban diciendo la verdad o si nos mentían. Fuimos incisivos al saber cómo era Julio César y averiguar sus verdades. Nuestra ética estuvo apegada al rigor periodístico. Nuestras mayores limitaciones fueron económicas.  

 

¿Se puede abordar una historia como ésta de una manera despolitizada?

Andrés Landeros: Nada puede ser apolítico cuando se aborda desde una perspectiva social. No podíamos censurar a los familiares y pedirles que no hablaran de los 43 desaparecidos o de lo que sucede en Iguala. Forma parte del discurso y de la tragedia; sin embargo, creo que al rascar en la parte humana conseguimos despojarnos de la ideología para buscar una conexión más íntima. Desgraciadamente, lo que le sucedió a Julio César Mondragón puede pasarle a cualquier joven en México.

 

Pero el cine trasciende a la denuncia pues busca una aportación estética.

Andrés Landeros: La posibilidad de transmitir sensaciones es lo que hace bonito al cine. Conseguir una sonrisa, despertar miedo, angustia o terror, son elementos propios de la cinematografía. En nuestro caso, el ritmo y la estética obedecieron a nuestro instinto y a nuestros sentimientos. Así construimos la narrativa.

Lilián Hernández: Entre el debate legal y jurídico es fácil olvidar que se habla de un ser humano, por eso nos centramos en esa parte. Si nos hubiéramos mantenido en el plano noticioso o de denuncia, Julio César se habría quedado como un asesinado más. Al ponerle rostro y vida, lo humanizamos como personaje.

 

Recién exhumaron los restos de Julio César. ¿Piensan añadir algo al filme?

Andrés Landeros: Si bien nuestra película ya está terminada, la historia sigue. Dependerá de lo que venga si hacemos o no una especie de epílogo. A nosotros nos interesaba hablar también de la deshumanización que vivimos. La violencia es parte del ser humano, pero no a estos grados. Nos estamos convirtiendo en algo que aún desconocemos y que no es bueno para vivir en sociedad.