Elena Garro periodista

Cuando hablamos de la escritora nacida el 11 de diciembre de 1916 solemos invocar su vocación de novelista, dramaturga, cuentista. Dejamos a un lado, sin embargo, su trabajo periodístico
Con su hija Helena Laura Paz Garro
Con su hija Helena Laura Paz Garro (Especial)

Poeta, periodista, coreógrafa, dramaturga, cuentista, novelista, guionista, activista, memorialista, Elena Delfina Garro Navarro Nació el 11 de diciembre de 1916 en la ciudad de Puebla, a seis años del inicio de la Revolución mexicana.

Vivió los primeros años de su infancia en la ciudad de México y después en Iguala, Guerrero. A los 13 años, sus padres la enviaron a la capital para que continuara sus estudios. Al terminar la preparatoria, en 1936, se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde estudió danza clásica, actuación y coreografía en el Teatro Universitario —dirigido por Julio Bracho— así como literatura.

El 25 de mayo de 1937 se casó con Octavio Paz, con quien tres semanas después, en plena Guerra Civil, viajó a España, pues había sido invitado por la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Regresaron a México hacia finales de año. En 1939 nació Helena Laura Paz Garro, única heredera del matrimonio. Convertida en madre y esposa, Elena se dedicó al periodismo.

El trabajo de Elena Garro como corresponsal, a pesar de sus innovaciones en el campo reporteril, es poco conocido, por lo que, en el marco de los festejos por el centenario de su nacimiento, es indispensable difundir y subrayar sus aportaciones en los rotativos.

En los primeros meses de 1941 publicó tres entrevistas en la revista Así: “De estrella a mujer de hogar. Lolita González de Reachi habla del matrimonio y de la felicidad”; “Frida Kahlo pintada por sí misma. De dinamitera a pintora, de la Preparatoria a la celebridad” e “Isabella Corona, actriz”.

Al vivir en carne propia la desigualdad de género, desentrañó el papel de la mujer en la sociedad patriarcal y se vio reflejada en el espejo de sus correligionarias. Entrevistó, investigó y convivió con algunas de ellas para informar con veracidad. Su búsqueda no se circunscribió a un grupo social o a una raza privilegiada; indagó la condición femenina desde diferentes estratos sociales y raciales para construir un cuadro más completo sobre la crueldad de género.

En su diálogo con Frida Kahlo, no puede pasar por alto su identificación con la artista plástica. También ella se burla del esnobismo y la arrogancia de los surrealistas. Elena los había conocido de cerca durante su estancia en España. Reivindica el surrealismo natural e “involuntario” de sus compatriotas, cuyas raíces se encuentran en el mundo indígena y cuya representante más grande es Frida Kahlo, hija de padre alemán y madre mestiza, pero sobre todo hija de sus nanas indias. Ambas saben que “No hay más que leer la página roja de los diarios” para descubrir ese surrealismo innato del pueblo mexicano.

Con pinceladas verbales, Garro desvela el arte de Frida y, en su retrato escrito, por su profundo conocimiento de la palabra y del espíritu femenino, el lector siente el dolor físico de la pintora, toca cada uno de los objetos que la acompañan en los espacios íntimos de su estudio y de su dormitorio, y visualiza los cuadros en los que la artista ha retratado su existencia.

“Isabella Corona, actriz” es una combinación de artículo de opinión con entrevista. La figura sobresaliente y progresista de Corona le sirve a la reportera para destacar el talento renovador de la gran actriz jalisciense; le permite examinar los males que impiden el desarrollo de la vida cultural mexicana y, más que nada, la anima a criticar con furia la envidia de las camarillas que se dedican a destruir las posibilidades de crear un auténtico Teatro Mexicano.

Garro, en contraste a la percepción cosificada y humillante de la sociedad falocéntrica, revela su posición feminista y humana. Si bien la reportera reconoce el talento de Julio Bracho y su influencia en el desarrollo artístico de la actriz, señala, ante todo, que Isabella no le debe a nadie más que a sí misma su genialidad natural, su vocación y su entrega al teatro. Es tradición de la sociedad machista destruir la lucidez o la inteligencia femenina al atribuirlas siempre a la presencia de un hombre, sea el marido, el director, el maestro, etcétera. Garro combate, desde muy joven, el sexismo, porque sabe que Isabella Corona, como ella, son seres brillantes por naturaleza propia.

Ese mismo año de 1941, entre agosto y septiembre, ingresó como periodista encubierta a la Casa de Orientación para Mujeres ubicada en Coyoacán. Tenía 24 años. Su reportaje, en cinco partes, sobre el presidio femenil la convirtió en una reportera vanguardista. “Mujeres perdidas” es una terrorífica y sobrecogedora crónica en donde la reportera ratifica su ingenio y sensibilidad ante la opresión e injusticia padecidas por las niñas y adolescentes pobres de México. Sin duda alguna, este material se reactualiza en nuestros días ante la acrecentada violencia en contra de la mujer en todos los estratos sociales.

Su testimonio sobre el submundo del reformatorio no solo le dio reconocimiento y fama, sino que tuvo repercusiones: cesaron a Isabel Farfán Cano, la directora del penal, por los abusos que se cometían en contra de las jóvenes prisioneras. Este reportaje fue su rito de iniciación; probó las delicias del éxito y la recompensa de haber logrado la justicia. Y como “lo increíble es verdadero” (frase célebre de “La culpa es de los tlaxcaltecas”), algo muy similar ya había sucedido con su precursora medio siglo atrás. Elena Garro con su exploración sobre la cárcel de mujeres es, sin lugar a dudas, nuestra Nellie Bly,1 dos mujeres aguerridas que abrieron la brecha en el campo del periodismo.

Durante los años cincuenta y sesenta, Garro se dedicó a defender a los campesinos despojados de sus tierras. Hacia 1964, se unió al movimiento reformador de Carlos A. Madrazo. Su posición contestataria en contra del autoritarismo del sistema político nacido en 1929 y su crítica en contra de los intelectuales a quienes les exigía un mayor compromiso a favor de la justicia social, crearon una distancia entre ella y sus correligionarios.

Elena había deslumbrado a la clase pensante en 1957 como dramaturga, con sus piezas en un acto: Un hogar sólido, Andarse por las ramas y La señora en su balcón, y posteriormente como narradora con Los recuerdos del porvenir (Premio de Novela Xavier Villaurrutia, 1963) y su colección de cuentos, La semana de colores (1964), pero la matanza en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968 detuvo su trayectoria. En julio había surgido el movimiento estudiantil y el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz eligió la represión en lugar del diálogo. Cuatro días después de la masacre, acusó a Elena y a Carlos A. Madrazo de ser instigadores de la movilización y de organizar un complot comunista para derrocar al régimen. Garro se había unido al madracismo en su lid por democratizar el sistema bajo la dictadura del Partido Revolucionario Institucional (PRI) e instaurar la libertad y la equidad social.

En un montaje orquestado desde el poder en el seno del movimiento estudiantil y a partir de la masacre perpetrada en Tlatelolco por las fuerzas gobiernistas, se construyó una leyenda negra en contra de la reportera, activista y defensora de los derechos humanos. En su papel de escritora y periodista había cuestionado la corrupción del Estado, los crímenes y despojos hechos a los campesinos, la violencia genérica y la impunidad.

Después de Tlatelolco comenzaron la persecución, las mudanzas, el destierro y el hambre. Elena Garro vivió acorralada los últimos 30 años de su existencia (1968–1998). En 1972, acompañada por su hija, las dos Elenas abandonaron México rumbo a Nueva York. Ahí radicaron dos años. Se les negó el asilo político. Se trasladaron a España, en donde residieron de 1974 a 1981. Años de hambre, soledad y terror.

Durante su ostracismo en la capital española, la revista Nueva Estafeta difundió un segmento de sus Memorias en enero de 1979. Gracias a esta edición se conserva el texto dedicado a Luis Cernuda, ya que no se incluyó en Memorias de España 1937 (1992).En este extracto realiza un emotivo panegírico sobre el artista errante que se refugió en México hacia 1952. En “No me gusta hablar de Luis Cernuda” nos revela con inteligencia y sinceridad a uno de los creadores más importantes de la Generación del 27.

En México, Joaquín Mortiz rompió el silencio alrededor de la producción literaria de Elena Garro y dio a conocer la colección de relatos Andamos huyendo Lola en 1980, mientras que Testimonios sobre Mariana obtuvo el Premio de Novela Grijalbo ese mismo año y dicha casa editorial la publicó en 1981. Los 8 mil dólares del galardón le permitieron trasladarse a París con su hija y sus gatos. En la capital francesa sobrevivieron de 1981 a 1993.

Un día, a diez años de haberse instalado en la Ciudad Luz, comenzaron los preparativos para que la autora de Felipe Ángeles visitara México en 1991. Madre e hija permanecieron en suelo mexicano de noviembre de 1991 a enero de 1992. Después de una serie de homenajes por diferentes ciudades, regresaron a París.

Meses más tarde se les invitó a vivir definitivamente en México. El 10 de junio de 1993 llegaron a su patria.

El 22 de agosto de 1998, Elena Garro murió, se fue a vivir a otras dimensiones en donde por fin pudo exclamar con Friedrich Hölderlin: “Y en la Perfección ya no hay lugar para ninguna queja”.



1Elizabeth Jane Cochran (1864–1922), mejor conocida por su seudónimo Nellie Bly. Predecesora del periodismo de investigación y pionera del periodismo encubierto. En 1887, a los 23 años de edad, ingresó a un asilo psiquiátrico para mujeres en la Isla Blackwell exponiéndose a las horribles condiciones a las que se sometía a las pacientes.