¿Mas dónde están los escritores de antaño?

Toscanadas 
Hubo un tiempo en que los grandes escritores buscaban...la belleza antes que nada.
Hubo un tiempo en que los grandes escritores buscaban...la belleza antes que nada.

Hubo un tiempo en que los grandes escritores buscaban el arte antes que la realidad, la literatura antes que la fidelidad, el silencio antes que la obviedad, la pincelada antes que la verborrea, la profundidad antes que la superficie, la fineza antes que lo ramplón, lo oblicuo antes que lo directo, lo sobreentendido antes que los sermones, la palabra antes que la imagen, el humor antes que el chiste, el erotismo antes que el sexo, la sugerencia antes que lo exacto, la sobriedad antes que la abundancia, lo excepcional antes que lo cotidiano, la ironía antes que el sarcasmo, lo auténtico antes que las ventas, la seducción antes que la verosimilitud, la sutileza antes que la franqueza, los capotazos antes que la estocada, la controversia antes que el escándalo, la rivalidad antes que la venganza, el guiño antes que la redundancia, lo espiritual antes que lo mundano, lo verdadero antes que lo correcto, lo duro antes que lo blando, lo amargo antes que lo dulce, lo caliente antes que lo tibio, el riesgo antes que la seguridad, lo clásico antes que lo contemporáneo, los clásicos antes que las modas, la autocrítica antes que la autocomplacencia, la elocuencia antes que la condescendencia, lo íntimo antes que lo popular, la literatura antes que el cine, lo exquisito antes que lo bajo, la conciencia antes que el compromiso, la sabiduría antes que la erudición, el llanto antes que el melindre, la entereza antes que la queja, la sátira antes que la burla, el ojo antes que la cámara, el oído antes que la monotonía, el dolor antes que la sangre, la precisión antes que la oscuridad, la música antes que la monserga, la gramática antes que la desidia, lo esencial antes que lo trivial, la gentileza antes que el chisme, la maña antes que la receta, la poesía antes que la jerga, la metáfora antes que el galimatías, el latinismo antes que el anglicismo, la prosa antes que el mensaje, la experiencia antes que la novedad, la crítica antes que el escarnio, la inmortalidad antes que el mercado, el alma antes que al lector, la universalidad antes que la egolatría, la honra antes que el elogio, la belleza antes que el aplauso, la belleza antes que la trama, la belleza antes que lo cierto, la belleza antes que todo, la belleza antes que nada.

Hubo un tiempo en que los lectores buscaban también esos mismos atributos en los libros.

Hubo un tiempo en que los críticos solo encomiaban libros con dichas cualidades.

Hubo un tiempo en que los editores no hubiesen publicado libros sin estas virtudes.

Y si no existió ese tiempo, yo sueño con que sí.