Lo último de Galeano

[Café Madrid]
Eduardo Galeano
Eduardo Galeano

La lluvia que humedece estos días a toda España se había esfumado durante unas horas cuando, la otra tarde, decenas de personas llenaron el anfiteatro de la Casa de América en Madrid. Eran lectores y admiradores de Eduardo Galeano que acudieron a la presentación de El cazador de historias (Siglo XXI), el último libro del escritor uruguayo fallecido hace exactamente un año.

Desde 1993 hasta 2012, este fue el sitio en el que el también autor de El futbol a sol y sombra solía reunirse con sus lectores españoles y con los latinoamericanos que aquí vivimos. En cada una de sus visitas era común que el público abarrotara el lugar horas antes del comienzo del acto. Hace cuatro años, la fila para entrar daba la vuelta a la manzana. Se había convocado, como siempre, a la presentación de uno de sus libros (Los hijos de los días), pero en realidad fue una lectura pública. Galeano entró en medio de una ovación, se sentó, dijo buenas tardes, agarró su libro y comenzó a leer al azar un puñado de historias.

Sorprendía ver los rostros de quienes lo escuchaban. La mayoría eran jóvenes, estudiantes con el libro de uno de sus escritores preferidos bajo el brazo o guardado en la mochila, en espera de una dedicatoria. Hacía calor, estaban sentados en las sillas o en el suelo y ponían atención como las abuelas recomiendan hacerlo a sus nietos un domingo en misa. Leyó durante una hora, dijo gracias y se fue. Nadie protestó porque no se quedó para firmar ejemplares. Todos salieron en paz.

Ahora, en el mismo escenario, no estaba Galeano pero el anfiteatro volvió a llenarse. A diferencia de otros libros póstumos, El cazador de historias no es el resultado de una inspección de cajones. Dice Jesús Espino, editor de Siglo XXI, que se trata de una obra cuya edición quedó concluida en el verano de 2014.

“Pero él estaba enfermo y en la editorial decidimos aplazar su publicación para no someterlo al ajetreo de una gira de presentaciones. A pesar de las dificultades, Eduardo siguió escribiendo y tenía la intención de terminar un libro que iba a llamarse Garabatos. Pero la muerte se lo impidió. Respetamos el periodo de duelo de la familia y se decidió que El cazador de historias se publicara ahora”, explica con la satisfacción de ver ese título en las listas de los más vendidos.

Entre los relatos breves que componen este libro, Galeano ha incluido el que expone su principal motivación para escribir. Cuenta que en 1968 pasó unos meses haciendo carteles para anunciar las actividades públicas que celebraban los lugareños de un pueblo minero (“helado y miserable”) de Bolivia. Una noche antes de irse, luego de varias horas de música y bebida para despedirlo, lo rodeó un grupo de hombres con una pírrica esperanza de vida, a causa del polvo que se les incrustaba en el organismo por trabajar en las entrañas de la tierra. “Ahora dinos cómo es la mar”, le espetaron. “Así que yo tenía la responsabilidad de llevarles la mar, de encontrar palabras que fuesen capaces de mojarlos. Y ese fue mi primer desafío como escritor”, reflexionó después. Fue entonces cuando comprendió que “escribir, para algo, sirve.”