“El vínculo filial no puede borrarse”: Carlos Hagerman

Entrevista 
Carlos Hagerman habla sobre su nuevo filme
Carlos Hagerman habla sobre su nuevo filme

¿Cómo se prepara uno para la muerte de sus padres?, se pregunta el director Carlos Hagerman mientras elabora un retrato de Doris y Óscar, sus padres. En El patio de mi casa, aborda el trabajo al que la pareja dedicó su vida: impulsar oportunidades educativas en comunidades indígenas y rurales en México. El resultado es un filme sobre la vejez, el tiempo y el legado del conocimiento. 

¿En qué momento decidió hacer un tributo a sus padres?

Hay un momento en la vida en que nos damos cuenta que nuestros padres ya se hicieron grandes y no sabes cuánto tiempo más queda para disfrutarlos. Eso me generó la necesidad de hacer un retrato de ellos en plena actividad, como siempre los viví. 

¿Cómo hacer de una película tan personal algo universal? Utiliza a sus padres para hacer una metáfora del tiempo.

Me gusta hacer películas con diferentes capas. Quise un retrato lo más honesto posible, apelando a que si la gente puede emocionarse con la historia de mis padres tendrá en su mente la historia de los suyos. 

Desde su rol de director, ¿pudo traspasar el lazo filial y ver a sus padres como personajes?

El vínculo filial no puede borrarse. Durante el rodaje me ocupé de que siempre fueran mis padres, pero a la hora de editar procuré verlos como personajes. Lo más difícil era conseguir que ellos me vieran como director. Cuando esto sucedía, la plática se transformaba y dejaba de ser verdadera; por eso tuve que incluir a mi hijo.

¿Qué impacto supuso hablar con ellos del tiempo y la muerte?

Fueron conversaciones que, sin una buena excusa, son muy difíciles de tener con los padres. Mi excusa fue la película. Lo que hacía era poner a dos personas a hablar sobre un tema. 

En algún momento, usted dice que la película es un intento por guardar a sus padres. Esta reflexión enmarca su relación con el cine y el documental.

Una de las películas que más me han marcado es Camera Buff, de Kieslowski. Gracias a su trama, me di cuenta de lo importante que es guardar imágenes de nuestros padres. Yo vengo de una tradición en la que los padres filman a sus hijos. Es un gran tesoro coleccionar estos momentos para poder revivirlos a través del cine. 

Por eso también su predilección por el cine documental.

Eso es algo que me llegó por accidente. Después de tres largometrajes documentales, estoy fascinado. Como diría el director chileno Patricio Guzmán: “Los documentales son el álbum familiar de los países”, son una gran herramienta para contar ciertas historias. 

En el documental hay una necesidad por reivindicar la vejez.

Es habitual que un papá grabe a su hijo, pero también debería ser perfectamente normal grabar a nuestros padres porque ellos se van a ir más pronto y debemos preguntarnos si queremos preservar esos momentos que aún nos quedan con ellos. Esta película es el resultado de esa reflexión. 

Ofrece una visión amable de la vejez, muy alejada de Michael Haneke.

Estoy del otro lado del espectro y me cuesta trabajo su visión; es conmovedora pero fría. Hay mucha autocensura cuando creamos imágenes hermosas que provienen de un sentimiento honesto, de amor, porque lo cursi o meloso son adjetivos que nos golpean. Me costó trabajo tomar el valor necesario para contar una historia amorosa a partir del cariño de dos personas longevas. 

Cuando habla de autocensura, ¿a qué se refiere?

Tuve que enfrentar el miedo de que las cosas fueran demasiado bonitas o amables; miedo al qué dirá la gente. Quería una visión realista y honesta de lo que pienso sobre mis padres; que viniera no de un lugar de resentimiento, sino más bien de gratitud. Se quedaron muchas anécdotas en el tintero. Un amigo me dijo que era una  película sobre el legado del conocimiento. Quizás. Al final hay un retrato y un homenaje con mucho cariño.